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¿Quién será a estas horas?

A Cristiano se le vio confuso. Ya ni él sabe ante quién se reivindica

Cristiano Ronaldo, en el entrenamiento del lunes.
Cristiano Ronaldo, en el entrenamiento del lunes. EFE

¿Cómo sales a un campo de fútbol sabiendo que vas a decepcionar a cuarenta y cuatro millones de compatriotas? ¿Cómo tiras un penalti sabiendo que ésa y ninguna otra es la única manera de ganar ese partido? ¿Cómo lanzarlo sabiendo que lo vas a fallar? Messi arrastra en este Mundial aura de héroe trágico y cada partido será día de ejecución. Inmerso en el bucle de la profecía autocumplida, son las cinco de la mañana, están dándole al timbre y es Diego Armando Maradona. Al fantasma del padre de Hamlet sólo lo veían los guardias pero a Maradona lo ve toda Argentina. Impagables las imágenes de Diego en el palco. En esta ocasión estuvo generoso. Animó a Leo y luego, con respecto del penalti dijo que él falló cinco seguidos y siguió siendo Diego Armando Maradona.

De acuerdo en que él fue un genio pero quien le vendió las gafas de sol es alguien a quien seguir de cerca: puede conseguir lo que quiera. Para que nos hagamos una idea del drama de Messi: lo más cercano que nosotros tenemos de una figura tutelar así es José María Aznar. Como para no fallar un penalti.

Con Argentina o cambian mucho las cosas o la cuestión será sólo cuándo y con quién. Por fortuna para ellos, los otros favoritos no lo hicieron mucho mejor aunque con otras sensaciones. Alemania perdió contra un México cuya primera parte fue imperial. Brasil fue una repetición de una película de domingo por la tarde en la que el guionista es despedido al cuarto de hora —y el peluquero de Neymar la segunda persona a seguir en este Mundial— y España empató.

La selección española no era más favorita que Portugal, que es campeona de Europa, pero al igual que Argentina o Brasil, España siempre gana los partidos antes de jugarlos, en las portadas de los periódicos más concretamente. En Portugal se reivindicó Cristiano Ronaldo aunque se le vio confuso en la reivindicación porque ni él sabe ya ante quién lo hace. Le pasa igual a algunos comentaristas en pleno síndrome post divorcio CR7: borraron el teléfono en el móvil pero le guardan las cartas para cuando se vean. A Ronaldo la fiscalidad española lo ha desquiciado. Defrauda, lo reconoce, acepta dos años de prisión y pago de 18,8 millones de euros y, a cambio, le regalan un penalti, un gol y una falta en el minuto 88.

Después de los últimos cambios en la vida política española la selección nacional decepcionó: todo eran hombres. La Roja pinta antigua. Parece una selección de algún capítulo viejo de Cuéntame. Podía haber salido a jugar Raúl o Luis Enrique y no hubiera pasado nada que era lo que pasaba antes, que no pasaba nada. Hemos perdido el interés en si algún avieso poco patriota se subía las medias en medio del himno o si se defendían en una tangana. Esos detalles demostraban una tensión sexual moderna que el grupo ha perdido. Hierro es entrenador sin experiencia, Sergio Ramos habla fuera de horas de clase con el dire, Piqué hace vídeos de primera y los comentaristas —sí, otra vez ellos— hablan de pelotas, uy, ay, uf y tira. Nadie parece muy profesional con lo que la sensación es que cualquiera puede hacer de cualquier cosa, incluso de portero.

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