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Lucas Vázquez, una irrupción insospechada

Protagonista en la final de 2016, descarte en Cardiff hace un año, el extremo gallego, un canterano que creció a la sombra en Valdebebas, afronta el reto histórico de Kiev con opciones de ser titular

Lucas Vázquez, en el entrenamiento del Real Madrid.
Lucas Vázquez, en el entrenamiento del Real Madrid.

Día 3 de junio de 2013. Tarde calurosa en la Ciudad Real Madrid de Valdebebas. El equipo filial, dirigido entonces por Alberto Toril, disputa su último partido como local en una temporada sobresaliente en Segunda. En el campo, la camada de Jesé Rodríguez, considerada la más prolífica del club desde la Quinta del Buitre. En el palco, el presidente Florentino Pérez. El marcador reflejaba aquel día un 3-0 y el minuto 65 cuando el atacante canario recibió el balón en la banda izquierda. Jesé, 10 a la espalda, inició una carrera vertiginosa en la que dribló primero a dos defensores, luego a otros dos y puso el broche a su jugada quebrando al portero y a un último zaguero para firmar su tanto 22 y superar el récord histórico de Emilio Butragueño con el filial en la división de plata. El dirigente no se contuvo en la grada y se puso en pie para aplaudir la genialidad del mayor talento que se veía en 'La Fábrica' desde Raúl.

Lo mismo hizo el banquillo, donde se ubicaba el extremo suplente de la plantilla. Nacido en Galicia, más bajito, menos talentoso y con menos condiciones y caché que Jesé, Lucas Vázquez observaba de cerca como un grupo de compañeros de generación copaba las portadas de los medios y opositaba con fuerza a irrumpir de manera definitiva en el primer equipo. Su nombre no aparecía en los informes. Las sospechas se confirmaron y un mes después Ancelotti alistó en su plantilla a Jesé, Casemiro, Nacho, Carvajal y Morata. Ni rastro de Lucas, que finalizó el curso en el Castilla con 795 minutos. "Hubo años duros. Eran momentos difíciles, en los que piensas que no vales para esto. Tuve un entrenador personal que hizo un trabajo mental y físico espectacular conmigo", reconoció hace meses Lucas en un reportaje para el canal oficial del club.

Pero los caminos del fútbol son tan imprevisibles que solo seis días antes de que se cumpliesen 3 años del gol de bandera de Jesé, Lucas fue el que agarró la pelota en el centro del campo de San Siro y, como su compañero en el Di Stéfano, enfiló la portería rival. La diferencia es que él lo hizo solo, con millones de personas pendientes de su figura mientras se acercaba a la meta girando la pelota con su dedo índice. Lucas había reclamado ser el primer jugador del Madrid en asumir la responsabilidad de retar a Oblak en una tanda de penaltis con la Undécima Copa de Europa para el club blanco de por medio. "Es el hecho que le define a la perfección. Primer penalti para ganar una Copa de Europa: lo tiro yo. Hay que tener mucha personalidad y mucha seguridad en sí mismo para hacer eso", cuenta uno de los máximos dirigentes de Valdebebas.

Lucas, un chico forjado a la sombra de otros, había conseguido ponerse a la altura de los prodigios de su generación. Mientras él transformaba la pena máxima, Carvajal y Casemiro, titulares aquella noche, observaban desde el centro del campo; también lo hacían Jesé, reserva en el que fue su último partido oficial en el club, y Nacho, que no disputó ni un minuto en Milán. No estaba Morata, fogueándose aquel curso en la Juventus. "Coincidió con una generación muy buena en el Castilla, pero sí destacó. Con las ganas que tenía de llegar, todos teníamos la absoluta seguridad de que podía jugar en Primera División", desvelan desde el club. Pero no había la misma certeza de que tuviese las cualidades para hacerlo en el Santiago Bernabéu. "Es verdad que nos ha sorprendido a todos la forma en la que se ha ganado el puesto entre los 25 jugadores de la primera plantilla. Nadie le ha regalado nada", apostillan.

La prueba del Bernabéu

Rafael Benítez fue el encargado de reclutarle el verano de 2015 tras un primer año de experiencia en la élite con el Espanyol. "Fue una decisión muy sabia de todos", reconocen en Chamartín. Disputó 33 partidos, anotó seis goles y repartió seis. "Nunca se puede adivinar al 100 % qué jugador va a llegar. Para eso siempre decimos que hay que esperar a que se ponga la camiseta en el Bernabéu. Ahí algunos se diluyen como un azucarillo y otros parece que están jugando con sus amigos. Y Lucas es de estos últimos. Desde el primer día fue todo desparpajo, personalidad y ahí se ha quedado", afirma el mismo dirigente de 'La Fábrica'. A su regreso, Lucas tuvo clara una cosa: nunca se bajaría del tren del Madrid. El camino tampoco fue sencillo y las dudas de buscar una salida aparecieron este verano. Con la etiqueta de suplente hasta este curso, el gallego valoró la opción después de ser uno de los descartes en la final Cardiff. Finalmente, lo descartó. 

Ha disputado 2.801 minutos en los que ha firmado 8 goles y 12 asistencias

"Es muy importante el querer llegar. Pero el querer no es decirlo, porque las palabras se las lleva el viento, sino demostrarlo todos los días. Y él lo ha hecho", esgrimen desde Valdebebas para explicar su caso. Ahora, después de altibajos con Zidane, oposita al rol de titular. Nunca había jugado más: 2.213 entre Liga y Champions, 2.801 en total, y participación en todos los partidos de eliminatorias europeas. Su producción también alcanza sus máximas cotas: ocho goles y 12 asistencias entre todas las competiciones. En su primer año firmó cuatro goles y ocho pases en 1650 minutos y en el segundo se quedó en cuatro goles y 11 asistencias en 2.282.

El sábado, en Kiev, tendrá la oportunidad de cincelar una temporada que le ha llevado a formar parte de la lista de Lopetegui para el Mundial. Mientras, aguarda las últimas horas de espera con el sueño de hacerlo por primera vez como titular tras un descarte y un penalti igual de decisivo que insospechado. Como su irrupción.

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