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Payet, el placer de jugar

El mayor talento del Olympique de Marsella forzó su regreso desde el West Ham porque se aburría con el fútbol defensivo

Payet, durante el entrenamiento del Olympique de Marsella en el Stade de Lyon.
Payet, durante el entrenamiento del Olympique de Marsella en el Stade de Lyon. REUTERS

Dimitri Payet (Islas Reunión, 31 años), la gran amenaza del Atlético de Madrid, nació extremo, pero en su evolución ha mimetizado el altruismo de los diecesclásicos. Le gusta jugar a su aire por la gracia de su depurada técnica. Ancho de caderas, con más potencia que velocidad en carrera, Payet es de esa clase de peloteros que abre su fino muestrario de fintas, pases y taconazos cuando percibe que todo a su alrededor funciona como él demanda. En plenitud, también es capaz de sacar a pasear una pierna derecha que puede ser un cañón de precisión tanto con el empeine como con el exterior. “Pone el ritmo que le dicte su cabeza a sus pies para hacer correr a los otros mediapuntas y a los laterales que son muy rápidos verticales”, advierte Simeone.

 La carrera de Payet tiene el trazo angustiado de la bohemia. Sólo ha mostrado todo su fútbol cuando ha sentido que se encontraba en un hábitat favorable a su juego y a su díscolo carácter. En el vestuario hay quien le llama El Serpiente por sus continuos cuchicheos. “Cuando uno está bien puede expresar todo su fútbol”, explica Payet, cuyos lóbulos están adornados con dos pequeñas piedras brillantes.

De juvenil abandonó la escuela de formación de Le Havre para regresar a las Islas Reunión porque no se adaptaba. Demasiada exigencia y obligaciones para el espíritu libre de un chico de 14 años. Más histriónicas fueron sus salidas del Saint Ettiene, del Lille y sobre todo del West Ham. Revalorizado tras la Eurocopa de 2016, en la que se erigió como la gran figura francesa hasta la explosión de Griezmann en los cruces de la segunda fase, forzó su regreso al Marsella llevando al límite a los dirigentes ingleses con abruptas declaraciones. “Juro sobre la cabeza de mi pene que si no me dejan salir me autolesionaré rompiéndome los ligamentos”, amenazó. “Jugamos un 5-4-1 y me aburro, no siento placer al jugar”, sentenció para criticar los planteamientos del técnico croata Slaven Bilic.

 

Más maduro

En enero de 2017 la dirigencia del West Ham ya no aguantó más. Andoni Zubizarreta, ya director deportivo del Olympique, pudo repescarlo como la pieza angular sobre la que diseñar el nuevo Marsella de Rudi García, el técnico que junto con Marcelo Bielsa más ha exprimido su talento. “Bielsa me hizo más maduro y me ayudó a ser más practico en el campo, a saber cómo y cuándo intervenir”, asegura. García fue fundamental para su retorno a Marsella. “A Rudi ya le conocía del Lille. Nos da su carácter, el equipo está hecho a su imagen, y hace gala del rigor que nos ha imprimido. Ha sido importante para la metamorfosis que estamos llevando a cabo. Con él al frente sabemos que todo el mundo está implicado. Estamos organizados en torno a nuestro entrenador”, abunda Payet, que intuye un partido complejo ante el Atlético: “No hay muchas grietas en su sistema defensivo, habrá que jugar rápido y con calidad en espacios reducidos, pero lo mas importante es ser eficaces porque no conceden muchas ocasiones. En el fútbol gana el que mete más goles, no el que juega más bonito”.

Parte de la prensa francesa clama porque Didier Deschamps le incluya mañana en la lista de jugadores que acudirá al Mundial de Rusia. Recientemente, el diario L'Equipe le dedicaba una portada en la que argumentaba las razones por las que Deschamps debe convocarle. Los razonamientos apuntaban a ese jugador distinto, de puro talento y más sólido y experto que Nabil Fekir (Lyon) y con más repertorio que Kingsley Coman (Bayern de Múnich) y Antonhy Martial (Manchester United), que escasea en las convocatorias de Deschamps.

“Tendremos que vigilarle de cerca porque en cualquier momento puede desequilibrar con un disparo o un regate inesperado. Además, sus centros son difíciles de defender en los saques de esquina y en las faltas laterales”, advierte Thomas.

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