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Marc Soler, tras los pasos de Indurain y Contador

El ciclista catalán gana a los 24 años la París-Niza, la carrera que tradicionalmente revela a los grandes campeones

Marc Soler, en el podio final de la París-Niza. Ampliar foto
Marc Soler, en el podio final de la París-Niza. AFP

En enero, cuando el Movistar elaboraba el calendario de sus corredores, el jefe, Eusebio Unzue, se sentó un rato a hablar con Marc Soler y le dijo: “A la París-Niza irás de líder”.

Soler ni se inmutó ni se puso nervioso. “Lo vio como algo normal. Parte del proceso natural en el equipo. Y tampoco daba la impresión de estar mucho más emocionado después de haber ganado...”, dice Unzue. “Así es Marc, frío y muy tranquilo. Y un ciclista muy bueno que va creciendo”.

Soler ganó la París-Niza con una acción de calidad, otra de resistencia y otra de genio, un ataque lejano que desmiente a los que dicen que los ciclistas grandes como él (1,86m; 68 kilos) en la montaña solo saben defenderse.

El día de calidad, el día que en su equipo supieron que la cosa iba en serio, fue la contrarreloj del miércoles: Soler quedó segundo, detrás solo de Wout Poels, el líder del Sky que todo lo puede. La resistencia fue cosa del sábado, en La Colmiane, un largo final de montaña, interminable de sufrimiento a rueda de su compañero Richard Carapaz, en el que fue capaz de no perder más que unas decenas de segundos.

El genio lo desplegó ayer, lluvia y frío en la Costa Azul, el sol oculto.

El sábado por la tarde, mientras pensaban en la táctica del domingo, José Luis Arrieta y Pablo Lastras echaban de menos a Contador, quien había empezado a echar los dientes ciclistas subiendo, bajando y cayendo en el col d’Éze la montañita que da relieve a la París-Niza, la carrera que descubre a los campeones del futuro. “Contador siempre rompía la carrera el último domingo, y justo eso es lo que necesitamos si queremos que Marc gane”, decían los directores del Movistar. Su corredor estaba sexto en la general, a 37s del líder, el británico Simon Yates, y con algunos de los más sólidos ciclistas del momento entre medias o cerca: los hermanos Izagirre, Teuns, Wellens, Konrad y Henao, el ganador de 2017.

Mediado el col de Peille, a 50 kilómetros de la llegada a Niza, entre la bruma, ambos directores y el mundo que miraba descubrieron qué haría Contador, quién se rebelaría de entre el pelotón: fue su propio Marc Soler quien, tranquilo, sereno, como siempre, atacó y rompió lo que quedaba de pelotón. El ciclista de Vilanova i la Geltrú conocía el terreno. Por experiencia propia sabía lo que había que hacer: en 2017, allí mismo atacó Contador, y él le acompañaba y también David de la Cruz, de Sabadell y del Sky. Era como si hubiera recibido allí mismo el testigo del peso del ciclismo español de manos del chico de Pinto. También se les unió Ion Izagirre, quien no aguantó.

En 2017, ganó la etapa De la Cruz y Contador se quedó a 2s de la victoria. Ayer también ganó el de Sabadell y también terminó Soler tercero en la etapa, pero, a diferencia de Contador, él sí que ganó la general, y por 4s.

Es la primera gran victoria de Soler, ganador del Tour del Porvenir en 2015 y magnífico tercero en la Volta a Catalunya 2017.

Cada centímetro de todas las pequeñas montañas que trazan un semicírculo alrededor de Niza y su bahía lleva la marca del ciclismo español. El primero que descubrió esas carreteras a los aficionados fue Miguel Indurain, que ganó la París-Niza un par de veces hace casi 30 años, cuando el maillot del ganador era un simbólico blanco, el color de la primera comunión. Casi 20 años más tarde, cuando el líder ya iba de amarillo, el color del Tour, fue Contador quien ganó un par de veces. Ni el navarro ni el chico de Pinto tenían entonces más de 25 años. Ambos ganaron varias veces el Tour. Soler tiene 24 años. En la Volta, dentro de una semana, será gregario de Valverde y Nairo; al Tour, que no conoce, no sabe aún si irá en julio. Seguirá creciendo paso a paso. Tranquilo, como los grandes.

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