Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Thomas Heurtel, el base que empezó a jugar descalzo

Los primeros entrenadores del MVP de la Copa con el Barcelona destacan su carácter explosivo y él reivindica su talante ganador

Heurtel, en la final Barça-Madrid. Ampliar foto
Heurtel, en la final Barça-Madrid. EFE

De Thomas Heurtel cuentan que ya desde niño se distinguía por su carácter explosivo, hasta el punto de que se le recriminaba por su arrogancia. “Pero, precisamente ese carácter es el que le permitió triunfar”, aducía Nicolas Perez, entrenador en categorías inferiores de la región occitana de Hérault, en la que se encuentra Béziers, la ciudad donde Heurtel nació hace 28 años. “Ya en aquella época, no tenía miedo de nada”, remachaba Perez en el periódico Midi Libre.

El domingo, en la final de la Copa del Rey ante el Real Madrid, Heurtel se consagró como MVP, el mejor jugador del torneo. Fue un giro inesperado para el Barcelona y en especial para él, que necesitaba franquear un peldaño más en la élite europea. En junio, fue la primera incorporación del Barcelona desde que Sito Alonso fichó por el club. Pero la idea, como ahora ha ratificado el entrenador relevado por Svetislav Pesic el 9 de febrero, era fichar también a Shane Larkin, el base estadounidense que Sito había tenido a sus órdenes en el Baskonia y que finalmente ha recalado en la NBA con los Celtics. “Lo quería no solo por su juego, también por su carácter y desparpajo. Pensaba que faltaba una estrella y Larkin lo era”, ha explicado Sito.

Cuando Heurtel aterrizó en el Palau Blaugrana, después de tres años en el Anadolu Efes de Estambul, se hizo valer: “No soy el niño, entre comillas, que jugaba en Alicante o en el Baskonia. He madurado bastante en mi juego. Estoy siempre listo para tomar responsabilidades, en cualquier equipo. La gente que sabe de baloncesto y que ha visto la Euroliga y la Liga turca lo sabe bien”. También los que siguen los torneos de selecciones. Heurtel fue clave en dos de los mayores éxitos en la historia de la selección francesa, el oro en el Eurobasket de 2013 en Eslovenia y el bronce en el Mundial de 2014 en España, donde cumplió con creces dada la ausencia de Tony Parker.

En 2015, rechazó la llamada de última hora de Vincent Collet, después de que se lesionara Antoine Diot, que era a quien había elegido el seleccionador francés como acompañante de Tony Parker. Ese verano, Heurtel se casó con Mel, su compañera de origen brasileño, en Ibiza. La boda tuvo repercusión mediática. Acudieron varios jugadores famosos, algunos de la NBA, y formó parte de una entrega del programa Conexión Samanta de Cuatro, centrado en las bodas de lujo.

En el Barcelona, a las órdenes de Sito, experimentó todas las situaciones posibles. Partió como base titular, se vio relegado al banquillo por Phil Pressey en algunos encuentros y, dada la inestabilidad del juego y los malos resultados, Sito también dio protagonismo a Pau Ribas en esa posición. Heurtel se remitió a su teoría: “No creo que exista un base titular. En el CSKA, por ejemplo, vimos el año pasado que Aaron Jackson empezaba los partidos y Teodosic los terminaba. Es una tontería etiquetar a uno como base titular o base reserva”.

Desde que llegó Pesic, su papel ha sido capital, titular en los cuatro partidos que ha disputado y MVP de la Copa. “Todos los jugadores tienen que ser felices para jugar bien. Y este entrenador nos ha aportado felicidad”, alabó al técnico serbio. A pesar de su estilo de juego rápido, a veces tan arriesgado que se le reprocha por sus pérdidas de balón, dirigió con acierto al equipo y promedió 13,6 puntos, 10 asistencias y 3,6 rebotes. Tras la Copa y la Supercopa en Turquía, la Copa del Rey es su tercer gran título. “El Barça”, dice, “es un club con el que se puede ganar, y yo quiero ganar títulos en lo que me queda de carrera”.

Su éxito fue un paso más en los sueños de un niño que adoraba el fútbol. Cuando tenía siete años, un buen día, paseando junto a su padre Fred por delante del gimnasio Charrin de Adge, la ciudad donde residían, le llamó la atención el partido de baloncesto que estaban jugando los chavales del colegio. Era un día caluroso, llevaba chancletas. No importó. Jugó descalzo. Allí empezó todo.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Más información