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Lydia Valentín recibe la plata de Pekín 2008 casi una década después

La haltera española, de 32 años, se cuelga la plata olímpica que en su día le negaron las rivales dopadas

Lydia Valentín, tras recibir la medalla de plata de Pekín 2008, este martes en Madrid.
Lydia Valentín, tras recibir la medalla de plata de Pekín 2008, este martes en Madrid.

Lydia Valentín (Ponferrada, 32 años) se cuelga por primera vez la medalla de plata de Pekín 2008. La enseña y la besa. Junta sus manos en posición de rezo para dar las gracias al público y suena el himno olímpico mientras ondea la bandera española. Esta imagen se debería haber dado el 15 de agosto de hace una década en el gimnasio de la Universidad de Beihang, Pekín, pero la naturaleza adulterada por el dopaje de la halterofilia mundial lo impidió. La ceremonia, por tanto, no se celebró hasta este martes, 16 de enero de 2018, en la sede del Comité Olímpico Español (COE), donde la bandera no se movía por el viento y era una recreación digital que evocaba lo que tuvo que ser y no fue porque tres de sus rivales que compitieron dopadas, como se supo después, en el verano de 2016, la dejaron en quinta posición.

Dentro de unos meses, la deportista berciana espera aumentar su botín olímpico cuando reciba, posiblemente en una ceremonia similar, la medalla de oro de los Juegos de Londres 2012, conseguida tras la descalificación de otras tres rivales.

Todo se destapó y aclaró en tres meses cruciales. Poco antes de lograr el bronce en Río 2016, cuando por fin pudo disfrutar de un podio olímpico en directo, el Comité Olímpico Internacional (COI) confirmaba que las tres medallistas de Londres habían dado positivo. Y justo después de volver de Brasil, otra oleada de positivos le daba el subcampeonato olímpico de 2008.

“Realmente, mi vida habría sido muy diferente”, explica Valentín, feliz, con una de esas dos medallas ya en su mano. “Es un deporte minoritario, sin mucho seguimiento ni recursos económicos, y una federación no trabaja igual cuando hay medallistas olímpicos. Creo que hubiera sido muy importante para todo lo que conlleva la preparación hasta Londres. Y para mí, personalmente, como deportista, la calidad habría cambiado”, lamenta.

Durante acto, varios son los que destacan el camino “limpio” por el que ha transitado Valentín entre tantas rivales tramposas. Lo hace Alejandro Blanco, presidente del COE y aliado imprescindible de la española para lograr tocar con las manos la plata olímpica, y también el ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo: “Lo que hoy se ha producido significa que los buenos ganáis y los malos pierden”.

Y sobre esos malos, 49 casos que florecieron con un nuevo análisis de las muestras congeladas de Pekín y Londres, habla sin eufemismos Lydia Valentín: “No es deporte olímpico, que vayan a hacer su show a otro lado”, dice la atleta, que hace unos meses ganó el Mundial (ausentes ya las representantes de los países sucios) y en cuyo palmarés lucen también tres europeos. “Al final tengo la medalla y puedo dormir tranquila sabiendo que nadie me las va a reclamar”.

Tiene una medalla, pero le queda otra, el oro de Londres, resultado ya aprobado por la Federación Internacional de Halterofilia, pendiente de que el COI cierre el caso y reasigne las medallas. “Espero que entonces, en la ceremonia, tenga podio y suene el himno nacional”, expresó.

Y queda también saber qué pasará con el premio económico de las medallas —solo por la plata serían 48.000 euros— y la cantidad de la beca ADO que nunca pudo disfrutar. Sobre lo primero, Blanco asegura que la decisión de entregarle el dinero ya está tomada; sobre la cuantía de la beca decidirá la próxima junta de ADO (COE, CSD y RTVE), pero el responsable del organismo olímpico confía en que no habrá ningún problema. El caso servirá, además, para crear una normativa para futuras revisiones de resultados.

“Voy a obtener lo que tuvo una campeona y subcampeona olímpica en Londres y en Pekín. Confío en Alejandro Blanco y en mi país, ya he sido bastante dañada”, indica Valentín. “Es lo único que puedo reclamar, ya que no puedo reclamar lo más importante para mí, la emoción y el sentimiento del momento”.

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