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El Atlético y el orgullo de Stamford Bridge

Tres años y medio después de alcanzar la final de la Champions en el estadio del Chelsea, el Atlético necesita ganar hoy y esperar que el Qarabag puntúe en Roma

Simeone, durante el último entrenamiento del Atlético previo a su duelo con el Chelsea en Londres. En vídeo, declaraciones de Diego Pablo Simeone y Filipe Luis. FOTO: EFE / VÍDEO: ATLAS

“Quiero agradecer a las mamás de estos chicos, porque nacieron con unos huevos así de grandes”. El 30 de abril de 2014, el histriónico agradecimiento de Diego Pablo Simeone, reforzado con el diagrama que dibujaron sus manos al expresarlo, retumbó en la sala de prensa del añejo Stamford Bridge. Los periodistas ingleses, cuando escucharon la traducción, se quedaron perplejos ante la incorrección emocional del entrenador que acababa de llevar al Atlético de Madrid a su segunda final de la Copa de Europa, cuarenta años después de la de Bruselas. La frase se la recordaron al técnico ayer, cuestionándole sobre si este equipo también es merecedor de ella: “Para competir en una Liga en la que entre Real Madrid y Barcelona suman siete de las diez últimas Champions claro que hay que tener esos atributos”, respondió. “Todos los partidos son partidos de huevos, pero eso solo no vale, tenemos que tener cabeza, jugar bien, y defender concentrados”, apostilla Filipe.

Aquel Atlético de 2014 era un equipo en plena ebullición, camino de la consagración del cholismo, capaz de darle un repaso al Chelsea en su propia casa tras un partido de ida para manuales de táctica en el que ni a Simeone ni a José Mourinho les disgustó el 0-0. La rueda de prensa previa al duelo de vuelta fue una apología de ambos entrenadores en defensa de otra manera de jugar, de otra vía de entender el juego alejada de la corriente del fútbol de toque que predominaba en España y se expandía hacia Alemania e Inglaterra.

Hoy, casi tres años y medio después, el Atlético saldrá por el angosto túnel de Stamford Bridge, con las arrugas del inevitable paso del tiempo y la cruda realidad a la que se enfrenta. A los supervivientes de aquella gesta, los Godín, Gabi, Filipe, Tiago, ahora ayudante del técnico, y Koke no les vale solo con ganar, ni con firmar una exhibición como la de entonces. Si el Qarabag no es capaz de arrancar un punto en Roma, la victoria no será más que una inyección anímica que confirme el repunte del equipo en las tres últimas semanas. Y realzará la sensación que carcome al vestuario por esos dos desastrosos empates ante un rival del tercer vagón del fútbol europeo, las ocasiones perdidas en Roma y ese gol de Batshuayi encajado en el último minuto del encuentro disputado en el Wanda Metropolitano ante su rival de esta noche.

 

Pérdida de ingresos

Desde el empate con el Qarabag en Madrid, en el club, en el cuerpo técnico y en el plantel empezaron a digerir de manera preventiva que esta vez el viaje de la Champions podía ser más corto y menos glorioso que los cuatro anteriores. Las cuentas de la tesorería dicen que, como mínimo, se dejarán de ingresar 25 millones de euros por no alcanzar los octavos de final. Entre Simeone y sus jugadores ha calado el mensaje de que, más allá de la eliminación, el encuentro debe ser una defensa de la fiereza competitiva del equipo, del escudo y del nombre de la entidad, elevado hasta la élite del fútbol europeo con dos finales, una semifinal y unos cuartos en las cuatro participaciones consecutivas de esta exitosa etapa. “Mas allá de lo que pueda pasar, debemos mantener el nivel y defender lo que venimos haciendo en estos años”, explica Simeone.

Para la ocasión, el Cholo ha diseñado un equipo en el que medita si es más conveniente la estabilidad de Giménez que la velocidad del inadaptado Vrsaljko para frenar la tortura que fue Hazard en el Metropolitano. Por lo que ha entrenado, parece ver más a Thomas como cuarto pivote, junto a Koke, Saúl y Gabi, que como una garantía para tapar el lateral derecho. Para el eje de la defensa ha probado con Savic y Lucas, los dos centrales que mejor rendimiento le han ofrecido en lo que va de curso. Arriba, Griezmann, con la duda de si le acompañará Gameiro o Torres. Este último regresa al estadio del club con el que conquistó la Champions en 2012. Quién sabe si también será el recinto en el que dispute su último partido de la competición.

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