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De Penev a Yeray, futbolistas que saben de qué va el cáncer

El que afecta a los testículos ha afectado a varios jugadores en los últimos años

Yeray, junto a sus compañeros durante el entrenamiento previo al partido ante el Hertha Berlín. Ampliar foto
Yeray, junto a sus compañeros durante el entrenamiento previo al partido ante el Hertha Berlín. EFE

Desde que saltara la noticia de que un poderoso delantero como Lubo Penev, 1,88 metros de altura, sufría cáncer de testículos, han sido muchos los futbolistas (y técnicos) que han sufrido la enfermedad. Y también muchos los que la han superado. El caso del goleador búlgaro, del Valencia, fue sonado, por ser de los primeros. Pasó un año sin jugar. Y volvió para hacer goles. Primero en el Valencia, luego en el Atlético.

Si el cáncer de próstata es, según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), el tumor más frecuente entre la población masculina —más de 33.000 hombres en España lo sufren—, el de testículos ha sido muy habitual entre los futbolistas, sencillamente porque se da en pacientes jóvenes. El último caso conocido es el de Yeray Álvarez, que regresó recientemente a entrenarse con sus compañeros del Athletic tras una recaída.

La misma enfermedad la sufrieron el portero José Francisco Molina, cuando jugaba en el Deportivo (en 2002): a los pocos meses estaba recuperado y, de nuevo, bajo los palos; poco después, Arjen Robben, con solo 20 años, cuando estaba en el Chelsea, no solo lo superó sino que llegó a jugar la Supercopa del 2004 sin estar curado del todo; aquel mismo año se le detectó un cáncer testicular a Carlos Roa, el Lechuga, vegetariano por convicción: su contrato con el Albacete expiraba a los pocos días, fue operado de urgencia, estuvo unos meses de baja, se entrenó por su cuenta y acabó volviendo a Argentina, su tierra. También padeció el mismo cáncer Sergio Aragoneses, en 2005 y 2007, cuando volvió definitivamente para jugar con el Tenerife. Y Jonás Gutiérrez (en 2014), que tardó medio año en recuperarse y volver a jugar con el Newcastle. Ahora lo hace en Argentina.

Ha habido otros casos y otros tipos de cáncer. Con resultados dispares. En 2001, por ejemplo, se le detectó un tumor cerebral al delantero del Borussia Dortmund Heiko Herrlich, actualmente entrenador del Bayer Leverkusen. O al Mono Burgos, cuando todavía era jugador del Atlético (en 2003), un tumor en el riñón.

En 2011 era el lateral del Barcelona Eric Abidal el que comunicaba que sufría cáncer de hígado. Necesitó un transplante. Recayó al cabo de un año. Y volvió a recuperarse y a jugar con el Barcelona. Su caso golpeó duramente al equipo y al club, especialmente porque coincidió en el tiempo con la enfermedad de Tito Vilanova, técnico del equipo, que falleció a los 45 años dos años y medio después de conocerse que tenía un tumor maligno en la glándula parótida. En 2012 también falleció Miki Roqué, a los 23 años, víctima de un cáncer localizado en la pelvis. Además, el año pasado el fútbol despidió a uno de sus grandes mitos, Johan Cruyff, primero fumador declarado, luego embajador de Chupa-chups y hasta protagonista de una campaña contra el tabaco. Falleció como consecuencia de un cáncer de pulmón.

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