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Mario Mola, campeón del mundo de triatlón

El triatleta balear revalida el título mundial y Gómez Noya se adjudica la plata

Mola, durante la final (EFE). En vídeo: Desmontando a Mario Mola, así se forja un bicampeón del mundo.

El año pasado logró el título, pero no la foto. Quedó quinto en la última carrera, en Cozumel, México, y la imagen fue la de un desfallecido Jonathan Brownlee arrastrado por su hermano, como si fuera un títere. Y a Mario Mola, 27 años, le quedó un sabor agridulce porque aunque sabía que había ganado el oro, su tranquila ambición le pedía algo más. Ese algo más fue lo que tuvo este sábado en la gran final de Rotterdam, donde revalidó el título tras quedar tercero en una carrera que controló de principio a fin, sabiendo que si cruzaba la meta entre los cinco primeros, mantendría la corona. Javier Gómez Noya, que también aspiraba al título, selló el segundo puesto en la general después de llegar cuarto en un sprint endiablado que se llevó el francés Vincent Luis, que sorprendió a todos ganando la etapa. Fernando Alarza, que pudo haber copado el podio de españoles, solo pudo ser undécimo y acabó quinto en la general.

“Este año ha sido diferente, con mucho mejor sabor de boca, habiendo peleado por la carrera, que era lo que quería”, asegura Mola por teléfono. “En los últimos kilómetros era consciente de que algo muy grave tenía que pasar para perder el título”, añade. “Ha logrado la doble guinda del pastel: ser campeón y hacer podio en la final”, puntualiza Iván Muñoz, el primer entrenador de Mola, el que vio en sus cualidades las de un triatleta cuando se entrenaba a los 15 años en un club de natación de Palma. Paradójicamente, es en el agua donde peor se desenvuelve. Sin embargo, Mola dejó para la última carrera, la más importante, su mejor nado de la temporada, a solo 10s de Gómez Noya: “Eso me ha permitido enlazar antes con la cabeza”.
El balear ha encontrado la recompensa a su regularidad después de ganar cuatro pruebas en la temporada: Goald Coast (sprint, 750m de natación, 20km de ciclismo y 5km a pie), Yokohama (distancia olímpica, 1500m, 40km y 10km), Hamburgo (sprint) y Edmonton (sprint), demostrando su fortaleza en las distancias cortas. Gómez Noya, sin embargo, se siente mejor en pruebas de distancia olímpica, como en Rotterdam. Sin ir más lejos, hace solo una semana, ganó el Mundial 70.3 de media distancia Ironman (1,9 km, 90km y 21 km). “Lo de Javi es espectacular. Sobran calificativos”, elogia Mola.
El gallego, de 34 años, solo podía aspirar a su sexto título ganando la prueba y esperando que Mola bajara de la quinta posición. Le beneficiaba en Rotterdam el tramo en bici, sobre una superficie mojada por la lluvia y con muchos giros. Un trazado muy criticado por los triatletas: “Los primeros 3 km, donde se centraron nuestras quejas, eran peligrosos. Además, llovía. Todos lo hemos tomado con más calma y por eso no hubo caídas”, resume Mola.

Recuperación progresiva

Tras ese tramo, el campeón afrontó su punto fuerte, los últimos 10km a pie. “La primera vuelta me costó por el frío. No me encontraba especialmente bien”, detalla. “Así que preferí encontrar mi ritmo hasta que pude enlazar”. Ya en el grupo de cabeza, junto a otros cuatro rivales, sabía que el título no se le escapaba.

La segunda victoria de Mola en las series mundiales dibuja un nuevo horizonte en un deporte que en los últimos años han estado dominado por Gómez Noya y los hermanos Brownlee. Ahora, Alistair, oro olímpico en Londres 2012 y Río 2016, está centrado en pruebas Ironman. “Y Mario está corriendo mucho más que Jonathan”, puntualiza Iván Muñoz. “Si antes era Gómez Noya contra los Brownlee, ahora es Gómez Noya contra Mario Mola”, abunda.
“Es evidente que ha habido un cambio generacional”, reconoce Mola. “Jonathan ha sido quinto. Antes esto era impensable. Los Brownlee han sido y siguen siendo referentes, pero se ven más nombres. No veo directamente la rivalidad entre Javi y yo”. A corto plazo, Mola ya mira su próximo reto: la prueba de la Superliga de la semana que viene. Y prefiere no pensar demasiado en los Juegos de Tokio: “Es una carrera de un día y obsesionarse con eso solo lleva a disgustos. Desaprovechar oportunidades para preparar una carrera que se disputa cada cuatro años y que puedes controlar hasta cierto punto no merece la pena”, advierte el bicampeón, que en Río solo pudo ser octavo.

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