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Moreno, campeón olímpico en 1992, quiere competir en Tokio con 51 años

El ciclista afirma que se ve preparado y que lo intentará si le respetan las lesiones y es capaz de aguantar la presión de los entrenamientos

Moreno, en el velódromo de Chiclana de la Frontera. Ampliar foto
Moreno, en el velódromo de Chiclana de la Frontera.

El gracejo de José Manuel Moreno, nacido en Ámsterdam, hijo de un emigrante y establecido en Chiclana de la Frontera desde que tenía nueve años, se gana por completo la empatía de un auditorio plagado de excampeones, altos cargos del deporte, de las finanzas y periodistas. El primer español que ganó una medalla de oro en Barcelona 92 es tronchante cuando relata su experiencia. “Me escondían para que la gente no me agobiara. La expectación era exagerada. Me hacían entrenar escondido con el equipo eritreo. Instalaron un helipuerto junto al velódromo. Y el día de competición, me tocó salir a correr justo después de que aterrizara un helicóptero. Y claro, la gente se pensó que había llegado en ese helicóptero”. Fermín Cacho desvela que a Moreno le llamaban el abrelatas. “Fue el que nos abrió el camino”, argumenta el que nos días después iba a ganar el oro en los 1.500 metros.

“Yo había sido campeón del mundo un año antes”, cuenta Moreno, “pero siempre planeaba esa duda sobre los españoles: que si nos retraíamos en las grandes ocasiones, que si dudábamos...”. No las hubo en esa ocasión. Ganó la medalla de oro en un kilómetro contrarreloj y abrió una cosecha que pudo ser mayor. Él mismo se lo reprocha entre risas a la periodista Olga Viza, durante la presentación en la sede de CaixaBank en Barcelona de la Libreta Campeones que otorga una pensión a los deportistas que destacaron entonces. “¡Pues yo pude haber ganado dos libretas! Pero entre celebraciones y entrevistas... llegué a la Villa a las tres de la madrugada”. Y no pudo repetir triunfo en la siguiente prueba, la de velocidad.

Moreno cuenta que, tras el éxito, llegó a pesar 108 kilos. Viza le pincha. Y el ciclista le confiesa que sí, que tuvo que explicar a su hijo que en aquel maillot que guarda en casa se metió él para ganar el oro. Y es en estas, cuando Moreno suelta: “Lo he apostado con mi niño. Voy a competir en Tokio”. La perplejidad se apodera del auditorio. Pero prosigue. Va en serio. Es un reto mayúsculo. Moreno se retiró hace 15 años y cuando se disputen los próximos Juegos habrá cumplido 51. “Por los datos que ofrecen mis piernas, me veo preparado”, certifica.

“Ahora mismo estoy entrenándome y haciendo tests con los pedales y, de vatios, estoy moviendo 2.000-2.025 en arrancada. Hablando con el seleccionador y con José Antonio Escuredo (medallista olímpico en Atenas 2004) y me han dicho que ellos se están moviendo en 1.950-2.000. No sé si lo aguantaré y luego está la presión del entrenamiento por mi edad, pero el intento va a estar ahí”.

Moreno ha competido en alguna Titan Desert y en carreras de Master, pero no de manera profesional. “Tengo claro que si las lesiones me respetan y soy capaz de aguantar la presión de los entrenamientos, tal como estoy ahora, intentaré estar. Sería la bomba”.

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