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Una losa llamada Graf

Serena (6-2 y 6-0 a Vesnina), citada en la final con la alemana Kerber (doble 6-4 a Venus), aborda su cuarto intento por igualar la marca histórica de Steffi (22 títulos) en los torneos del Grand Slam

Serena, durante el partido frente a Vesnina.
Serena, durante el partido frente a Vesnina. AFP

Se quedó Wimbledon con la miel en los labios, puesto que Serena Williams (6-2 y 6-0 a Elena Vesnina) hizo lo que tenía que hacer, si cabe con mayor ensañamiento del que se preveía, pero Venus no pudo con la rocosa Angelique Kerber (doble 6-4 a favor de la alemana) y la final del major británico perdió ese toque de romanticismo que hubiera deparado el choque familiar entre las hermanísimas del tenis. La número uno despachó a la rusa en solo 48 minutos, la semifinal más fugaz en la historia del torneo, mientras que el depósito de la veterana Venus (36 años) no dio más de sí y La Catedral acogerá el sábado (15.00, Canal+ Deportes 2) el mismo duelo que se dio esta temporada en la final del Abierto de Australia.

Entonces, el pasado 30 de enero, Kerber derribó contra todo pronóstico a Serena, pero después la trayectoria de la alemana fue describiendo demasiadas curvas. No así la número uno, que, mejor o peor, con más o menos destellos, al final siempre termina ahí, trofeo en mano o como mínimo en el posado del día definitivo, junto a aquellas osadas que han conseguido arrebatarle el metal en estos últimos tiempos, desde que se coronase hace un año en el All England Tennis Club de Wimbledon. Una de ellas es Kerber (28 años), zurda y atléticamente superdotada; las otras han sido la italiana Roberta Vinci (semifinales del US Open) y hace un mes Garbiñe Muguruza (Roland Garros).

Serena disputará su novena final en Londres, donde hasta ahora ha cosechado seis títulos; solo Martina Navratilova (12) y Chris Evert (10) la han jugado más veces. Será, además, la 28ª final de la estadounidense en un Grand Slam, con un registro (21 veces campeona) superior a los de Navratilova (32 finales, 18 cetros) y Evert (34/18), pero no así a los de la australiana Margaret Court (29/24) y Steffi Graf (31/22), las dos mujeres más laureadas del tenis. Y será, por encima de todo, la tercera gran oportunidad de Serena para dar caza a la última y acabar, por tanto, con una especie de maldición que le reprime desde el pasado septiembre.

Juega contra Kerber, pero ante todo Serena juega contra ella misma y contra la historia

Después de laminar a Vesnina, todo iba bien, hasta que en la sala de prensa afloró una palabra: Graf. Cuando le preguntaron a la norteamericana por la posibilidad de zanjar el maleficio, esta torció el gesto y cortó de cuajo: “No lo sé. Mi meta nunca han sido los 22. No hablo más sobre esto”. Juega Serena contra Kerber, todo el respeto, faltaría más, pero ante todo Serena juega este sábado contra la propia Serena y contra la historia. Desde que tiene la marca de Graf a tiro y ha ido errando en la consecución, a Williams se le advierte un desencanto progresivo, fruto de la tensión y de la propia autoexigencia.

Divisa ahora la opción de volver a coronarse en Wimbledon y su tercera final consecutiva en un grande; algo extraordinario para las jugadoras terrenales, que no para ella. “Yo creo que es genial. Para cualquier otra persona de este mundo sería maravilloso, pero para mí no es suficiente; creo que esto es lo que me hace diferente; es lo que me hace ser Serena”.

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