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El Athletic B sube a Segunda

El Cádiz, todo corazón, fue incapaz de remontar en el Carranza el 2-0 que los cachorros habían logrado en el partido de ida en un duelo que acabó en empate (1-1)

Imagen del Athletic B-Cádiz de la ida
Imagen del Athletic B-Cádiz de la ida efe

Lo intentó todo el Cádiz. Jamás pudo con un magnífico Athletic B, que tuvo la virtud de no arrugarse después de un primer tiempo donde el equipo andaluz recurrió demasiado a la intimidación y se olvidó del fútbol. Los jóvenes futbolistas vascos siempre estuvieron dentro de la eliminatoria a pesar del tempranero gol de Jona. El Cádiz solo olió la posibilidad de igualar el 2-0 de la ida, sobre todo con dos remates de Juan Villar que fueron a los palos, pero nunca tuvo calidad ni talento para remontar un marcador que pesaba como una losa. Salinas, en el descuento, hizo incluso el empate con el Cádiz volcado en busca del 2-0. Gran éxito del filial del Athletic, que jugará en Segunda División A 19 años después mientras que el Cádiz permanece, otra vez, a las puertas del ascenso.

De nada le sirvió quedar campeón de su grupo. El Oviedo lo eliminó en la primera ronda de campeones y luego superó con demasiados problemas al Hércules. Ante el Athletic, en ningún minuto de la eliminatoria estuvo por delante de los vascos, que aguantaron el calor, la agresividad del Cádiz y el ambiente de Carranza en un segundo tiempo magnífico, sustentado por el trabajo de sus centrales y el portero Remiro.

CÁDIZ, 1-ATHLETIC B, 1

Cádiz: Aulestia; Mantecón (Airam, m. 85), Servando, Josete, Tomás; Juan Villar, Garrido, Navarrete (Kike Márquez, m. 69), Fran Machado; Hugo (Migue García, m. 61) y Jona. No utilizados: Alonso; y Arregui.

Athletic B: Remiro; Lekue, Yeray, Unai Bilbao, Iriondo; Undabarrena (Etxeberria, m. 91), Vesga; Sabin, Gil, Seguín (Salinas, m. 76); y Santamaría (Villalibre, m. 83). No utilizados: Jon Ander; y Iturraspe.

Goles: 1-0. M. 9. Jona. 1-1. M. 93. Salinas.

Árbitro: Ortiz Arias. Amonestó a Mantecón, Seguín, Juan Villar, Hugo Rodríguez y Lekue,

Ramón de Carranza. Unos 20.000 espectadores.

No fue un partido de fútbol. Más bien una guerra. Una batalla entre dos formas de entender el juego. El Cádiz, que debía remontar un 2-0, apeló a la épica, la presión y la agresividad. Los jóvenes del Athletic B, más técnicos, más dinámicos, bastante tuvieron con escapar de las patadas de los andaluces y poder cambiar de ritmo cuando se juega al fútbol con 40 grados. El calor y el ambiente épico que se vivió en Carranza se combinaron en favor de un Cádiz arrebatador, impulsivo y todo nervio, que contó con un importante elemento a favor cuando se dirimen este tipo de eliminatorias. Esperanzado en la remontada, su delantero Jona tuvo la virtud de sacarse un gol de la nada a los nueve minutos. Un remate casi con la espuela que asentó el plan de los andaluces. Los jugadores del Athletic, asfixiados, apenas se enteraban de nada.

Ziganda, en la banda, saltaba ante cada provocación de los jugadores del Cádiz, con unas entradas al límite del reglamento. Una táctica prácticamente desterrada en este fútbol tan televisado y global. El Athletic aguantaba como podía el 1-0 mientras que al Cádiz tanta agresividad le iba quitando oxígeno para alcanzar el ansiado segundo gol. Juan Villar lo tuvo en un remate al larguero, pero la eliminatoria pudo quedar sentenciada en el último minuto de la primera mitad. Sabin se cruzó todo el campo con una potencia descomunal. Su disparo al entrar en el área no entró de milagro en la portería de Aulestia. El Cádiz seguía vivo.

Tuvo más aplomo el Athletic en la segunda mitad. Los andaluces fueron presa de la ansiedad y equivocaron los caminos en busca del 2-0. Solo Juan Villar, en un disparo desde fuera del área, tuvo la opción de igualar la eliminatoria. Su buen golpe de balón acabó en el poste. El resto del tiempo, el Cádiz malgastó su fortuna con balones imposibles al área, combinaciones sin precisión y demasiados nervios. El Athletic pudo empatar en el minuto 88, pero lo hizo al final Salinas en el minuto 93. Llovieron una multitud de botellas desde la grada mientras los vascos festejaban y los andaluces lloraban, rumiando su triste destino.

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