El vacío de Suárez

La ausencia del delantero sume a Uruguay en la melancolía

El defensa de Uruguay, José María Giménez, tirado en el campo.
El defensa de Uruguay, José María Giménez, tirado en el campo.AFP

Menos publicidad en las calles, menos fervor y menos expectativas: la afición uruguaya ha llegado a esta Copa América consciente del vacío que deja Luis Suárez (todavía suspendido por el famoso mordisco del Mundial de Brasil) y del retiro de Diego Forlán, pieza clave de una selección que se hizo con la victoria en la pasada edición del torneo y ahora busca reinventarse.

"Hay que olvidarse de Suárez", dijo el capitán Diego Godín antes del inicio de la Copa América: los uruguayos han llegado a Chile con esa precaución y por eso la derrota 1-0 contra los eternos rivales argentinos el martes no tuvo un sabor demasiado amargo. Sosegados después del trágico final del pasado Mundial, cuando la dura sanción de la FIFA a Suárez fue vivida como una injusticia, la afición confía en el proceso de transición iniciado por el entrenador Washington Tabárez.

Y el martes, en la Serena, muchos quedaron conformes con la evolución de una Celeste todavía en pruebas y así lo expresaron tanto los comentaristas deportivos como los aficionados en Twitter: "Es un equipo en transición pero no se desdibuja y mantiene identidad. Es importante a futuro"; "La suerte no acompañó pero hubo mucha garra. ¡Cavani necesita una transfusión de sangre de Suárez!", podía leerse en la red social nada más producirse la derrota.

El veterano Washington Tabárez ha iniciado un profundo proceso de transición de La Celeste con dos objetivos: por un lado, mantenerse en la élite sin Luis Suárez y por otro, incorporar nuevos jugadores para volver a recrear el espíritu de equipo que hizo posible la llegada a semifinales en el Mundial de Sudáfrica.

Las estadísticas volvieron a mostrar que Uruguay hace sudar a los más poderosos sin casi tocar la pelota

Los aficionados se reconocieron en esta nueva Celeste que compite en Chile pensando en las eliminatorias del próximo Mundial, cuando la nueva receta de Tabárez haya fermentado y Luis Suárez vuelva a la selección. La "identidad" que tanto buscan consiste en seguir jugando al fútbol duro de siempre, en mantener la famosa "garra" que los lleva a pelear hasta el último minuto, defendiendo a muerte y confiando en las oportunidades, siempre al contragolpe.

La identidad consiste también en reírse de las estadísticas de posesión de la pelota, como hizo Tabárez en las conclusiones del encuentro: "Si fuera por la posesión del balón, Argentina habría ganado cinco veces", afirmó en Chile. Las estadísticas volvieron a mostrar que Uruguay hace sudar a los más poderosos sin casi tocar la pelota: 69% de posesión del balón para Argentina, 31% para Uruguay.

Los uruguayos encajaron bien la derrota porque el partido del martes en La Serena tuvo los ingredientes que debe de tener un clásico rioplatense, La Celeste mantuvo su jerarquía latinoamericana y todo un país —rodeado de dos gigantes como Argentina y Brasil— pudo refugiarse en un arte aprendido a golpes durante décadas: el orgullo de saber perder.

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