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La inmensidad de Serena

La número uno abruma en Miami (6-2 y 6-0) a Carla Suárez en su primera gran final

Serena y Carla, tras la final. Ampliar foto
Serena y Carla, tras la final. EFE

Medirse a Serena Williams debe de ser algo así como apoyarse en la balaustrada y otear la línea horizontal que dibuja el océano, infinita e inabarcable. Inmensa. La estadounidense, número uno del circuito femenino, es tan inabordable como la extensión de esa panorámica hermosa y kilométrica que compone su carrera, nutrida de 19 grandes y 66 títulos en total, de un dominio categórico, de un triunfo tras otro.

La última en contemplar esa perspectiva fue Carla Suárez, a la que le ocurrió lo mismo que al resto de las mortales: observó y quedó embelesada. Normal, ante semejante espectáculo. Serena, soberbia, se adjudicó el duelo entre ambas en la final de Florida (6-2 y 6-0 en 56 minutos) y elevó su octava corona en el Masters de Miami.

Carla concluyó el pulso extenuada, con la sensación de que un expreso a todo gas se la había llevado por delante. Serena le doblegó en un pispás, lo que le duran las adversarias si está inspirada y toma la vía directa, como lo hizo ayer. La derrota, sin embargo, no empaña el éxito de la canaria, que después de ofrecer un nivel muy elevado en el torneo de Cayo Vizcaíno ingresará a partir del próximo lunes en el top-10, un enclave en el que no se instalaba ninguna española desde 2001, desde los tiempos de Arantxa Sánchez Vicario y Conchita Martínez. De ahí la sonrisa final de Carla, a sus 26 años una de las grandes esperanzas del tenis español, cuyo futuro se escribe en femenino.

La estadounidense fue rotunda: 95% en los puntos ganados con el primer servicio

Camino de los 34, Serena dosifica sus esfuerzos. Calibra cada uno de esos pasos que conforman ese caminar tan parsimonioso como falaz, puesto que en el momento que la necesidad aprieta y el guion lo exige estrangula como una anaconda. Aprieta y ahoga, sin que la presa tenga capacidad alguna de escapatoria. Jugar frente a ella, contra la reina, es un verdadero suplicio; más si quien le observa es su público, la grada norteamericana de Cayo Vizcaíno. Allí, Serena, su alteza, no quiere sobresaltos; no ante su gente. Por eso arranca como una fiera, con cuatro zarpazos y un juego en blanco.

Mal escenario para Carla, que comenzó algo nerviosa, con dos dobles faltas que no le impidieron sacar adelante su servicio. Resistió la canaria hasta el 2-2, pero a partir de ahí cayó en el remolino formado por la estadounidense, abrumador e implacable, un torbellino con un timing endemoniado y frenético. Impuso en todo momento ese movimiento pendular que lleva a su rival a perseguir la pelota a un lado y otro de la pista, como quien maneja a un títere. Un winner tras otro, un paralelo tras otro. Rotunda en el saque y definitiva cada vez que subía a la red. Demasiado para Carla, demasiado para cualquiera.

Desde ese break, un parcial inapelable de 10 juegos a cero. Un recital de tenis ante el que la española solo pudo protegerse y aguantar el tipo. Lo intentó, pero su derecha se encogió y sus restos se convirtieron en una perita en dulce demasiado golosa para una deportista tan voraz como Serena, que demostró mucha frescura y mucho brío pese a que antes de llegar a la final hubiese tenido que extender a tres mangas sus careos con Sabine Lisicki y Simona Halep. Fue tajante de principio a fin, como lo demuestran los 27 winners —por los tres de Suárez— que firmó bajo el sol de justicia que caía sobre la pista central del complejo de Crandon Park, sus 10 aces —frente a ninguno de la canaria—, o el 95% de efectividad en los puntos ganados (21/22) con los primeros servicios —por un 48% de su adversaria, que además dejó un bagaje del 26% con los segundos—.

“Te falta un punto de convicción. Ve parando el partido, si tú sigues llegará un momento en el que ella fallará”, intentaba estimularle su técnico, el catalán Xavi Budó; “juégale duro por el medio para cerrar la pista. No puedes jugar lejos ni jugarle en largo. Cree, me da igual quién esté al otro lado de la red, pero cree”. Pero no creyó en ningún momento Carla, que antes de este duelo nunca había logrado arrebatarle un set a Serena y solo se había llevado 10 de 58 juegos contra la diva del tenis, exultante después de celebrar su octavo título en Miami. Una marca con la que se une a Martina Navratilova, Chris Evert y Steffi Graf como las únicas jugadoras con ocho o más títulos en un mismo torneo.

Florida supone un punto de inflexión en la carrera de Carla, ya entre las mejores del circuito

“Estoy orgullosa de ti”, felicitó después Serena a Carla, que se marchó de Miami feliz pese a no haber tenido opción alguna en la final. Y es que no es para menos. Florida supone un punto de inflexión en su trayectoria, en la que figura un solo título (Oeiras, 2014), pero en la que se adivinan pasajes muy bellos por ese magnífico nivel de juego que le ha permitido firmar en este año 21 victorias en 28 partidos. Se marcha Carla con una sobredosis de crédito y confianza, cuarta en la carrera a Singapur (detrás de Serena, Halep y Maria Sharapova), donde estarán del 25 de octubre al 1 de noviembre las ocho mejores del año. ¿Acaso hay mejor consuelo?

VÍDEO: Los mejores momentos de la final entre Serena Williams y Carla Suárez.

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