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El Racing desafía a su historia

El cuadro albiceleste se corona campeón del torneo argentino tras 13 años aupado por la figura de Diego Milito, que regresó al club hace seis meses

Diego Milito levanta la copa tras el triunfo del Racing
Diego Milito levanta la copa tras el triunfo del Racing AP

El Racing Club de Avellaneda se doctoró en el fútbol argentino a principios del siglo XX, siete títulos consecutivos le bastaron para inmortalizarse con el mote de La academia. A mediados de la década de los sesenta conquistó el mundo, el Equipo de José se coronó en la vieja Copa Intercontinental frente al Celtic. Un hecho inédito, hasta ese momento, en el fútbol argentino. Sin embargo, después de la gloria mundial, silencio. Un largo silencio de títulos. El Racing sólo le quitó el polvo a las vitrinas con la Supercopa en 1988, hasta volver a coronarse con el campeonato argentino en 2001. En medio de esa larga espera el Racing sufrió un sinfín de frustraciones en el césped, el amargo descenso en 1983; pero también en los despachos, la destrucción económica de la entidad y un amague de desaparición en 2009 que terminó con el club en sociedad anónima para volver a ser de los socios una década después.

El Racing parecía condenado al fracaso. Acostumbrado a escribir su historia a base de episodios más coloridos en las gradas que en el césped. Más épicos de ambiente que de fútbol. Siempre con su afición como bandera que seguía fiel al equipo ajena a cualquier desencanto futbolero. Sin embargo, la victoria, soberbia, que siempre tiene ojos para los mismos, a veces hace una excepción. En 2001, 35 años después de su última estrella, el Racing volvió a levantar la copa del torneo argentino. Un grito largo y contenido para su hinchada, tan largo y contenido que ese 27 de diciembre la gente de La academia colmó dos estadios: el del Vélez, donde se jugaba el partido final del campeonato; y su casa, el Cilindro de Avellaneda. En ese equipo campeón, había una joven promesa de la cantera llamada Diego Milito. El domingo pasado, 13 años después de ese último título, el Racing volvió a cima del torneo argentino. Y la historia tenía un hilo conductor, Milito. Arropado, claro, por su fiel hinchada.

'La Academia' llegó a estar esta temporada  ocho puntos por detrás del River Plate

“El Racing es ante todo un sentimiento muy grande. Es un club que no está acostumbrado a festejar. Entonces cuando se logra un título pasa lo que pasó el domingo: cuatro horas antes de que comenzara el partido había 60.000 personas en el estadio”, explica José Toti Iglesias, exjugador del Valencia y campeón con el cuadro albiceleste de la Supercopa en 1988. “El Racing es en Argentina lo que el Atlético de Madrid es en España”, tercia Quique Wolff, que debutó con el Racing en 1967. “Es un club que pocas veces es campeón pero que su gente no para de soñar”, añade Wolff. “Es una institución donde todo es pasional”, suma José Chatruc, campeón con el Racing en el 2001.

“La camiseta del Racing es especial, es pesada. Muy pesada. Es como la de la selección. Aquí en Argentina como la del Boca o en España la del Real Madrid. No son equipos para cualquier jugador”, subraya Quique Wolff, que jugó dos temporadas en Chamartín. Si hay un jugador que sabe que la zamarra albiceleste es especial es Milito. Llegó al club con nueve años y tras su exitoso paso por el fútbol europeo (conquistó el triplete con el Inter de Milán en 2010) regresó al Racing en junio. “Diego es un profesional impresionante. Trabaja así desde chico, cuando nosotros salíamos por la tarde al centro comercial él se quedaba haciendo doble turno. Y hoy hace todas las jugadas bien. Es un tipo que ama el fútbol y ama al Racing”, cuenta Chatruc, compañero del exatacante del Génova. “La vuelta de Diego fue genial. El Racing descansa en Milito”, explica Wolff. “El punto de inflexión en la construcción de este equipo fue la llegada de Milito”, puntualiza Toti Iglesias.

El equipo que comanda Diego Cocca en el banquillo y Milito en el tapete se formó este agosto a partir de la contratación de 14 jugadores nuevos. “Es un equipo que fue de menor a mayor. Consolidó sus triunfos a partir de una gran solidez defensiva”, explica Néstor Fabri, subcampeón del mundo con Argentina en el mundial de Italia 90 y campeón con el Racing en 1988. “Fue un torneo que el River lo tenía servido y lo descuidó. El Racing sin que nadie se diera cuenta aprovechó su oportunidad”, explica Chatruc. “Fue como en el turf [hípica]: caballo que alcanza, pasa”, tercia Toti Iglesias. La Academia llegó a estar a ocho puntos por detrás del River. Sin embargo, ganó las últimas seis jornadas sin encajar un gol y levantó una copa que parecía imposible. No para su afición. “Regresé al club para esto pero nunca pensé que se iba a dar tan rápido. Para mí, es tocar el cielo con las manos”, concluye Milito. Santo y seña del Racing campeón.

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