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Un cruce en el infierno

España busca evitar el descenso en Brasil, sin sus dos mejores tenistas y con jugadores inexpertos: ninguno tiene victorias individuales.

Roberto Bautista y Pablo Andújar acompañados de los brasileños Rogerio Dutra Silva y Thomaz Belluci.  Ampliar foto
Roberto Bautista y Pablo Andújar acompañados de los brasileños Rogerio Dutra Silva y Thomaz Belluci. EFE

El aviso está en la hemeroteca y llega por boca de Guga Kuerten, exnúmero uno mundial brasileño: “Es cierto que la torcida insultó constantemente a los jugadores españoles. Pero eso lo encuentras en cualquier campo de fútbol”. Las palabras fueron pronunciadas en 1998 y retratan lo que le espera a España en su visita a São Paulo, donde la selección se juega la permanencia en el Grupo Mundial, del que no desciende desde 1995: un infierno, y la vuelta de un clásico del tenis de los 90 al que La Roja acude sin sus dos mejores tenistas por ránking (Rafael Nadal y David Ferrer), con Roberto Bautista como líder, y con la baja por lesión de Marcel Granollers, que ha sido sustituido por Pablo Andújar. En dobles jugarán la pareja formada por Marc López y David Marrero. Los técnicos de la Federación se preparan para embridar a un grupo inexperto, en el que ningún jugador puede presumir de una victoria individual durante una eliminatoria en juego en la competición, y que se enfrenta a una grada con sabor a fútbol.

“El público será hostil, sin ninguna duda”, resume Carlos Moyà, el seleccionador, que también fue protagonista en aquella eliminatoria ganada a domicilio por España y en la que tuvo que disculparse Kuerten. “Tendré que mentalizarlos para que se esperen cualquier cosa. Será bullicioso, ruidoso, diferente al público que se hayan encontrado nunca, porque la gente va a estar muy encima, agobiando, intentando despistarnos como puedan. Hay que estar muy centrados, muy mentalizados”, avisa el técnico, que vuelve a confiar en Bautista, como en la derrota de primera ronda (Alemania, 5-España, 0). “Tiene madurez para ser el líder”, describe Moyà del castellonense, que ha pasado del número 73 al número 15 en lo que va de temporada y acaba de comenzar a trabajar con Javier Piles, el extécnico de David Ferrer, toda una garantía. “Cada uno tiene una esencia que no se puede cambiar, y creo que él asumirá perfectamente tener al público en contra”, añade el exnúmero uno mundial. “Yo intentaré potenciarle la tranquilidad. La temporada de Rober es espectacular”, sigue. “En Australia, donde ganó a Del Potro, intuí que era un jugador muy por encima del ránking que tenía entonces. Se intuía su recorrido, su proyección, independientemente de la edad que tenga: 25 años, porque ha madurado más tarde”, subraya. “Ahora le llevará tiempo asentarse, porque por su nuevo estatus en muchos partidos es el rival a batir. De cara a intentar llegar al top-10, es uno de los que está ahí, le queda un trecho, pero tiene un juego distinto a lo que se ve por el circuito. Le veo capaz de dar el salto”, cierra.

El pulso España-Brasil no es cualquier cosa. Cuando la Davis era todavía una quimera para La Armada, los dos países se cruzaron en dos eliminatorias que les marcaron al rojo vivo. En 1998, el equipo de Moyà y Alex Corretja fue capaz de voltear el marcador para imponerse 2-3 en el parque de Moionhos de Vento. Un año después, y también en primera ronda, el grupo de Kuerten y Fernando Meligeni se cobró la venganza en Lleida, una victoria para la historia: se impuso la canarinha, que es la última selección capaz de derrotar a la española en la Península (24 cruces seguidos ganados, 15 años invicta) o sobre tierra batida (26). Pasados los gloriosos tiempos de Kuerten, el hombre que dibujaba corazones sobre la tierra de Roland Garros, Brasil alinea a Bellucci, el número 83; y a Souza, el número 201; además de a un doble más que distinguido: Melo y Soares.

Por segundo año consecutivo, España se juega perder la categoría: síntoma de que tras cinco títulos de la Davis, todos desde 2.000, aquel sueño que defendió el Moyà jugador en Brasil ya no tiene el mismo eco entre los tenistas.

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