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Un Valladolid desastroso se va a Segunda

La indolencia condena al conjunto pucelano ante el Granada, y pierde la categoría dos años después de haber ascendido

Javi Guerra remata a portería ante Roberto
Javi Guerra remata a portería ante Roberto AS

Solo uno se podía salvar, en el peor de los casos los dos podían incluso compartir destino, pero el Valladolid de JIM remató su desintegración en un partido desastroso. Más allá de su brillantez ante los grandes, en los enfrentamientos con los de su Liga ha sido una nulidad y el último partido no fue una excepción. Las escasas ocasiones se fueron al limbo, los pequeños traspiés se convirtieron en obstáculos insalvables, pero además el Valladolid ha terminado el campeonato con una pobreza táctica insoportable. De un solo delantero al inicio pasó a tres cuando iba por detrás en el marcador, despobló el centro del campo y después de un error de concentración tremendo en un libre directo encajó el gol que le despachó a Segunda División, mientras la barrera miraba como Piti corría detrás del balón de la permanencia.

VALLADOLID, 0 - GRANADA, 1

Valladolid: Jaime; Rukavina, Jesús Rueda, Mitrovic, Peña; Álvaro Rubio (Baraja 85’), Víctor Pérez; Larsson (Osorio 52´), Óscar, Jeffren (Manucho 52’) ; y Javi Guerra. No utilizados: Mariño, Rossi, Omar, Bergdich.

Granada: Roberto; Nyom, Ilori, Mainz, Angulo; Iturra; Piti (Foulquier 67’), Fran Rico, Recio, Brahimi (Coeff 86’); y El Arabi (Ighalo 80’). No utilizados: Karzenis, Buonanotte, Fatau, Bravo.

Gol: 0-1. Min. 44. Piti dispara cruzado después de una jugada ensayada en un libre directo y el despeje de Mitrovic se va a la red.

Árbitro: Clos Gómez. Mostró tarjeta amarilla a Óscar.

25.000 espectadores en Zorrilla.

Nada cambió en el Valladolid, el equipo de JIM tuvo desde el inicio la misma mala pinta que le he acompañado toda la temporada. Sin tensión, sin ganas de pelear, sin presión extra de ninguna clase, el Valladolid pareció cargarse de paciencia y no de energía para buscar una victoria indispensable mientras comenzaban a aparecer los goles de Osasuna y del Getafe. Solo un pase profundo de Jeffren que Javi Guerra, lentísimo, se ocupó de desperdiciar iluminó algo un camino que cada vez aparecía más oscuro. JIM no modificó una coma del mismo guión cansino de siempre, el de los dos medios centros emparejados, el de un solo delantero, el de Óscar, fuera de ritmo y forma, de enganche intrascendente. El Granada solo tenía que esperar a un error de la defensa del Valladolid, algo habitual también en casi todas las jornadas. Un cabezazo de Mainz que rescató Jaime sobre la línea debería haber avisado a los centrales blanquivioletas de las intenciones del equipo de Alcaraz. Y al borde del descanso, en el momento que más duele, en un libre directo Piti se escapó pegado a la barrera que simplemente le vio pasar y disparó cruzado a lo que fuese. Del revuelo salió un despeje de Mitrovic que se sobrepasó la línea de gol antes de que Rueda pudiera despejarlo. El descanso iba a ser eterno por el accidente de Pamplona, pero al vestuario el Valladolid se fue muy descendido y el Granada muy salvado.

El de ayer no fue el primero, el Valladolid se ha pegado una y otra vez tiros en el pie. El gol desde 45 metros que se tragó Jaime en Sevilla siete días atrás fue un resumen de una campaña desastrosa en solo cinco segundos. No se ha dado un respiro, ha vivido todo el año cerca del peligro con una plantilla que se anunciaba idéntica a la del año pasado, la que sobrevivió con solvencia con Djukic después del ascenso. Idéntica, pero con un año más, con más achaques, con más lesiones, más intensas, más frecuentes y en los jugadores fundamentales, en Óscar, en Jeffren media hora después de incorporarse en el mercado de invierno, el mercado en el que se marchó Ebert, el extremo alemán que a pleno rendimiento ocultaba las enormes carencias de su plantilla y que se fugó al Spartak de Moscú dejando un vacío enorme en su banda y en la plantilla.

Los jugadores del Granada celebran la permanencia
Los jugadores del Granada celebran la permanencia DIARIO AS

Pero además el Valladolid ha mostrado una incapacidad casi proverbial para ganar, solo ha conseguido siete victorias en todo el año, y con un montón de empates a cuestas, quince, se ha enterrado en su torpeza a la hora de cerrar partidos, de convertir en tres puntos partidos muy controlados. Y eso que en la plantilla había gol con Javi Guerra, que se marcha a la Liga inglesa, Manucho y Osorio, que el equipo se ha dado unos cuantos buenos ratos del fútbol, que le ganó al Barcelona con un ejercicio de intensidad y velocidad que no volvió a repetirse, y que en el banquillo, el Presidente Carlos Suárez, contrató un técnico de garantías dispuesto a sacarle a la plantilla al menos el mismo rendimiento que le había sacado Djukic y con la garantía de que tenía un año por delante sin sobresaltos. Pero JIM no ha conseguido transmitir casi nada, ni bueno ni malo, ha sido casi siempre un equipo demasiado plano, demasiado irregular, demasiado previsible en un ambiente en que los puntos se consiguen a fuerza de originalidad y estrategia. Del banquillo no ha llegado ni un solo cambio de ritmo, ni una voz mas alta que otra, solo el extraño cambio de portero, Jaime por Mariño, en una de los pocos puestos que funcionaban. Más allá el caos táctico se ha ido agrandando por momentos hasta el último partido en el que el Valladolid comenzó con un solo delantero, insuficiente para ganar, y terminó con tres en un intento ofuscado por remontar.

El Valladolid ha sido un ejemplo de indolencia constante rematado en el partido decisivo. Ha tenido la permanencia en la mano muchas veces, incluso en las últimas jornadas, después de sacar un punto ante el Real Madrid, en Sevilla, con el Betis descendido, encajó dos goles absurdos que le condenaron una semana antes de que el Granada le devolviese a Segunda División solo dos temporadas después de su último ascenso.