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Mundial de fúlbol Brasil 2014

Alemania se eleva entre el ‘catenaccio’

Italia se entregó con pasión y sin premio en la organización del segundo Mundial de su historia tras el que había conquistado como anfitrión en 1934 ante la mirada de Mussolini. Fue el campeonato del ‘catenaccio’, el de peor promedio de goles por partido (2,2). Triunfó Alemania con la pizarra de Beckenbauer y el liderazgo de Matthaus tras derrotar a Argentina en Roma en una final que se resolvió con un gol de penalti de Brehme en el minuto 84 de un partido que parecía abocado a la prórroga. Por el camino quedaron la inopinada aparición del goleador italiano Salvatore Schillaci ('pichichi' del torneo con 6 goles); la música y el baile de la Camerún de Roger Milla; el toque de la Colombia de Maturana; la triquiñuela Bilardista del bidón que anestesió al brasileño Branco; el récord de imbatibilidad del guardameta Zenga y la enésima desventura de España. Esta vez, el yugoslavo Stojkovic ejerció de verdugo en el cruce de octavos tras una primera fase marcada por el triplete de Michel a Corea y su “¡me lo merezco!”, que recogieron con nitidez los micrófonos de ambiente del silencioso estadio Friuli de Udine y resonó en toda España. Así se escribió la historia del 14º Mundial de la historia.

ITALIA 1990. ARGENTINA, 0-ALEMANIA, 1. Brehme celebra el gol de penalti que valió el título junto a Klinsmann, Völler, Reuter y Littbarski. Ampliar foto
ITALIA 1990. ARGENTINA, 0-ALEMANIA, 1. Brehme celebra el gol de penalti que valió el título junto a Klinsmann, Völler, Reuter y Littbarski. CORDON PRESS

ENTREVISTA A MÍCHEL |
Internacional con España entre 1985 y 1992.
Disputó los Mundiales de México 1986 e Italia 1990.

“Nos faltó carácter para cambiar la historia”

Míchel celebra el tercero de sus tres goles a Corea del Sur en Udine con su histórico grito de ampliar foto
Míchel celebra el tercero de sus tres goles a Corea del Sur en Udine con su histórico grito de "me lo merezco" en la primera fase del Mundial de Italia 1990

 

Su gol fantasma a Brasil en 1986 en el estadio de Jalisco y su “¡me lo merezco!” ante Corea en 1990 en Udine son dos de las imágenes más legendarias de la enciclopedia española en los Mundiales. José Miguel González ‘Míchel’ (Madrid, 1963) vivió con frustración la época en la que en la selección se hablaba de la furia y no del tiki-taka, en la que España aún no era La Roja y en la que su Quinta no encontró el ecosistema propicio ni el respaldo unánime como para haber cambiado antes el curso de la historia. Fue internacional en 66 partidos entre 1985 y 1992 en los que marcó 21 goles, su número mundialista, y acudió a las citas de México e Italia. Sobre esta segunda, la de 1990, el actual entrenador del Olympiacos reflexiona entre la nostalgia del exjugador y la emoción de un apasionado del fútbol.

Pregunta. ¿Cuál es su primer recuerdo de aquel Mundial de Italia?

Respuesta. Podría decir que los tres goles a Corea, pero tengo un sabor agridulce de aquel campeonato. Personalmente las cosas me fueron bien, pero no conseguimos dar vuelo a la selección.

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Míchel

P. ¿En su época, ir a la selección era una ilusión o un compromiso?

R. Una ilusión, sin duda, pero había una barrera psicológica que nunca superábamos. No era tanto esa ‘frontera de cuartos’ de la que se hablaba como el hecho de trasladar a la selección el nivel, la mentalidad y el respeto que teníamos en nuestros clubes. Afortunadamente el penalti de Cesc ante Italia cambió la historia. En mi época no éramos un grupo sólido. No había una cohesión interna. Esa cohesión parte de la idea y la ideología y así como Luis Aragonés marcó un camino y dijo ‘vamos por aquí y vamos todos juntos’, nosotros no lo logramos. No nos llevábamos mal, pero caíamos siempre en el eterno debate de cuál era el estilo del fútbol español.

P. ¿En qué consistía ese debate de estilos?

R. Era un momento de esplendor de la Quinta del Buitre, el Barcelona había tenido un estilo más diferenciado porque había tenido a Terry Venables como entrenador, emergía Johan Cruyff…había una transición, pero los jugadores más característicos del Barcelona en la selección eran Bakero, Salinas… que, siendo grandes futbolistas, no tenían que nada que ver con el estilo de juego del Real Madrid y eso no era fácil conjuntarlo. Siempre había un debate interno. Si no eres un grupo sólido te vuelves permeable a esos debates y al final afectan. Ahora los españoles nos hemos cansado de ser comparsas en estos campeonatos y decidimos ir todos a una.

Alineación de España en el partido de octavos de final ante Yugoslavia en el Mundial de Italia 1990. Arriba (de izquierda a derecha): Chendo, Zubizarreta, Míchel, Roberto, Gorriz, Andrinúa. Abajo: Villarroya, Butragueño, Julio Salinas, Sanchís y Martín Vázquez. ampliar foto
Alineación de España en el partido de octavos de final ante Yugoslavia en el Mundial de Italia 1990. Arriba (de izquierda a derecha): Chendo, Zubizarreta, Míchel, Roberto, Gorriz, Andrinúa. Abajo: Villarroya, Butragueño, Julio Salinas, Sanchís y Martín Vázquez.

P. ¿Por qué el estilo de la Quinta del Buitre no caló en la selección como ocurrió después con el modelo del Barça?

R. La gran selección española de estos tiempos son siete u ocho futbolistas del Barça complementados por piezas clave del Madrid como Iker Casillas, Sergio Ramos y Xabi Alonso, que han sido fundamentales. Hablamos de tres líderes absolutos. Y sumar tres líderes así a Xavi, Iniesta, Cesc, Piqué…es mucho liderazgo junto y muchos grandes jugadores. Es el estilo del Barça convertido en un estilo común por la personalidad de todos los jugadores. Esa es la diferencia. Aquí la idea futbolística no se debate y carácter y competitividad tienen todos. En el 90, Luis Suárez intentó imponer un estilo de juego similar al de ahora, pero nos faltó consistencia.

Míchel ampliar foto
Míchel

P. ¿A que jugaba aquella selección?

R. Al principio jugábamos con la ilusión de poder marcar un estilo y al final nos dejamos arrastrar porque aparecieron las inseguridades. La idea, el esquema, los jugadores…era similar al del Madrid de la Quinta, pero no sé porque en la selección no teníamos el mismo peso que en nuestro equipo. No cuajó porque futbolísticamente éramos débiles no solo con los pies, también con la cabeza. Nos faltó carácter para cambiar la historia. Carácter interno para mantener el grupo por encima de todo.

P. Aquel Mundial de Italia se torció desde el comienzo tras un pobre 0-0 ante Uruguay.

R. Habíamos sido brillantes en la clasificación pero aun así parecía que la crítica nos estaba esperando. No nos sobrepusimos a eso e hicimos un partido espantoso. Fue un día muy duro para Luis Suárez. Había trabajado muy bien con el equipo en todos los aspectos y en el primer partido no supimos estar a la altura de la competición. A partir de ahí, si ya había debate se multiplicó y se convirtió en una fractura muy grande.

P. Después llegaron las victorias ante Corea (3-1) y Bélgica (2-1).

R. Con Corea empezamos ganando, pero el equipo era un manojo de nervios. Había mucha inseguridad. Aquella noche me salió todo y metí tres goles, pero no éramos un equipo. Daba la sensación de que al primer contratiempo caeríamos. Al partido siguiente contra Bélgica volvimos a ser un equipo reconocible. Confiamos en nosotros, ganamos y nos hicimos con el primer puesto del grupo. Fue el partido más reconocible de aquella selección, el más fiel a la idea que nos había llevado a ese Mundial, pero ni antes ni después fuimos nosotros. Todo ese tiempo hubo una gran tensión, las ruedas de prensa eran explosivas y la situación del seleccionador insostenible.

P. ¿Esa tensión es lo que había detrás del “¡me lo merezco!”?

R. Sí. Porque yo era futbolista y tenía la oportunidad de desquitarme en el campo. Mi familia, mis amigos y mis seguidores no podían rematar. Yo rematé y fue una mala conjugación del verbo, tenía que haber dicho un ‘nos lo merecemos’ porque había sido muy duro saber que en España había críticas injustas a nivel personal y deportivo.

P. La leyenda le acusaba de todo tipo de injerencias.

R. Después de 24 años, confieso abiertamente que era yo el que hacía las alineaciones (risas). Yo he sido el tío que en menos guateques ha estado y al que más ligues se le han atribuido. Esos debates se alimentaban desde dentro y es una pena. Jamás se me ha ocurrido decirle a un entrenador a quién tenía que poner porque para mí todos los compañeros eran iguales.

P. ¿Los futbolistas leen periódicos en las concentraciones?

R. Claro que sí. Hay muchos futbolistas que están pendientes de eso y que viven de eso. Creen que la prensa les va a ayudar y ese es un error que rompe la cohesión interna. Alguien se te acerca y te dice ‘como es que juega él y no juegas tú’ y eso se traduce en recelos y extrañeza alrededor del equipo.

ESPAÑA, 0 - URUGUAY, 0 ampliar foto
ESPAÑA, 0 - URUGUAY, 0

P. El panorama que describe no parece el más idóneo.

R. Cuando yo llegué a la selección en el 86 había una gran cohesión. Los Camacho, Gallego, Víctor Muñoz, Maceda, Goicoetxea… eran la guardia pretoriana y defendían a todos. Eran un equipo y un grupo. En el 90 no pasó.

ESPAÑA, 3 - COREA DEL SUR, 1 ampliar foto
ESPAÑA, 3 - COREA DEL SUR, 1

P. La historia se acabó en octavos ante Yugoslavia (1-2).

R. Ese día jugamos muy bien, con un Martín Vázquez estelar. Hizo un partidazo. Rematamos dos veces a los palos y estábamos haciéndolo perfecto, pero pasó la de siempre. Nos metieron un gol en un rechace defensivo y fuimos remando todo el partido hasta que conseguimos empatar casi al final. Me recordó al partido ante Bélgica en México 86. Habíamos sido mucho mejores y cuando más confianza teníamos para seguir en el torneo nos eliminaron. Pero tampoco había empezado bien aquello.

ESPAÑA, 2 - BÉLGICA, 1 ampliar foto
ESPAÑA, 2 - BÉLGICA, 1

P. Le responsabilizaron del gol de Stojkovic en la prórroga [por apartarse en la barrera].

R. Siempre pasaba algo y el culpable era siempre el mismo. Que si me había quitado de la barrera, que si no sé qué…mis amigos siempre aparecían en los grandes acontecimientos. Habían tragado mucha quina. Era una época en la que la prensa era muy distinta a la de ahora, mucho más voraz, de blanco o negro…con mucha gente joven que trataba de abrirse camino desde el sensacionalismo. La crítica se centró en nosotros por el icono que representaba la Quinta del Buitre.

P. ¿Por qué aquella generación no concitó un respaldo unánime?

ESPAÑA, 1 - YUGOSLAVIA, 2 ampliar foto
ESPAÑA, 1 - YUGOSLAVIA, 2

R. Ahora 30 años después estamos recogiendo ese reconocimiento y estamos en el corazón de la gente sin haber ganado nada especial. Entonces desafortunadamente, éramos sospechosos por defender una idea de juego. En nuestra época, todos los buenos de ahora no hubieran conseguido jugar juntos y hubieran resultado sospechosos también. Estaba la eterna discusión entre el músculo y el cerebro y la tentación para el entrenador siempre era apostar por el músculo.

P. La famosa ‘Furia’.

R. Sí. No sé de donde salió aquello. No conozco a ningún equipo que haya sido campeón de nada a base de furia. Que le hablen a Brasil de furia, o a la Francia de Zidane… o a la Holanda y la Alemania del 74… ¿Beckembauer o Cruyff representaban a la furia? No sé por qué nos dio por levantar esa bandera. Es como la moda que hubo durante un tiempo de traer jugadores y entrenadores extranjeros…luego se ha demostrado que el fútbol español es reconocido a nivel mundial.

Matthäus y Maradona saltan al Olímpico de Roma antes de la final del Mundial del 90 ampliar foto
Matthäus y Maradona saltan al Olímpico de Roma antes de la final del Mundial del 90 CORDON

P. Y, tras caer eliminados, uno tiene ganas de seguir el Mundial desde casa.

R. Sí, por supuesto. Sigues los goles de Schillaci, ves cómo Brehme es capaz de lanzar el penalti que hizo campeona a Alemania con la derecha en lugar de con la izquierda, o la aparición de Klinsmann, o como seguía jugando de bien Holanda tras ser campeona de Europa dos años antes…No era ningún esfuerzo ver un partido del Mundial, es mi hobbie. Soy aficionado. Convivo con la victoria y con la derrota desde siempre, pero no vivo en ellas. Si ganas hay que levantarse al día siguiente y si pierdes hay que levantarse igualmente para seguir ganando. La vida solo con éxitos es muy aburrida y no te enseña nada.

FINAL: ARGENTINA, 0 - ALEMANIA, 1 ampliar foto
FINAL: ARGENTINA, 0 - ALEMANIA, 1

P. ¿Le dieron la bota de bronce por sus cuatro goles?

R. No me dieron nada. Schillaci ganó la bota de oro con seis goles, luego Skuhravy marcó cinco y con cuatro goles estábamos cuatro jugadores empatados (Roger Milla, Lineker, Matthaüs y yo). Si faltaba bronce para las botas siempre se lo quitaban a los españoles. Años después a esta generación también le han quitado algún balón de oro. Entonces, el bronce no pasaba de Los Pirineos.

P. Parece que se lo pasó mejor en México que en Italia.

R. Sí. El de Italia fue un triunfo personal, pero nunca he entendido el futbol como algo personal sino como un deporte colectivo. De nada me sirvió meter cuatro goles porque en México metí medio y sin embargo estoy muy satisfecho con el trabajo que hicimos como grupo. Con el tiempo vas descubriendo lo importante que es la cabeza, la parte emocional. Cuando más libre tienes la cabeza mejor rindes. En Italia 90 ninguno teníamos libre la cabeza y así es imposible que las piernas funcionaran. Queríamos ser mejores pero no lo conseguimos. Nos apasionaba el futbol, pero con eso no es suficiente. En el Mundial de México te acuerdas de muchas alegrías y de la tristeza de la eliminación, pero no de rabia ni de dolor. En los recuerdos de Italia hay muchas controversias. Nos humillaron.

P. ¿En qué momento se torció todo?

R. En la rueda de prensa del día posterior al empate ante Uruguay. Cada medio podía citar a tres jugadores y si un jugador recibía más de tres citaciones tenía que acudir a rueda de prensa. Toda la prensa organizó sus peticiones para sentarnos a todos en el banquillo…16 jugadores subimos al estrado de la sala de prensa. Fue bochornoso porque solo preguntaron a tres…a Butragueño, a Zubizarreta y a mí. Nuestro partido ante Uruguay fue lamentable, pero la escena que protagonizó aquel día el futbol español fue bochornosa. No se justifica. Fuimos nuestro peor enemigo. Me sentí abochornado, humillado…Al seleccionador lo mataron. Había dos facciones en la prensa y al final eso crea un revuelo y una controversia a la que no son ajenos los jugadores.

P. ¿Había calidad, pero falló el entorno pues?

R. Entonces no era un entorno de todos a una y luego ya hablaremos. Era otra cosa. Los medios de comunicación han cambiado, los jugadores están mucho más preparados y entre todos protegemos al futbol español. Es una evolución. Seguramente, cuando Cesc tira ese penalti, está acostumbrado a vivir en el exilio y no sufre tanto esa presión. El azar hay que ir a buscarlo y Cesc fue a abrir esa puerta y le salió bien porque sabía tirarlo.

P. ¿Por qué no salió antes?

R. El del 86 fue un equipo mereció cambiar la historia que afortunadamente se cambió en 2008. Pero daba la sensación de que siempre llamábamos a la mala suerte…en el 84 a Arconada se le escapa el balón, el 86 mi gol a Brasil y los penaltis de Bélgica, en el 90 nos ganan en la prórroga con dos tiros a puerta, en el 94 la jugada de Salinas…siempre pasaba algo. A veces incluso jugando bien. Afortunadamente, aquella tanda de penaltis contra Italia cambió la historia. He disfrutado como aficionado lo que no he podido disfrutar como jugador. Les agradezco mucho a estos internacionales que hablaran de las generaciones que se habían quedado sin títulos.

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