El doble filo de Ferrer

El español, que gana a Kukushkin y llega a octavos de final, es el mejor tenista del mundo en juegos ganados al resto, pero solo el 62 en puntos de ‘break’ salvados

Ferrer golpea durante el duelo contra Kukushkin.
Ferrer golpea durante el duelo contra Kukushkin.Kathy Kmonicek (AP)

uando se baja del tiovivo de su partido, David Ferrer se señala con un dedo la cabeza. Vencedor 6-4, 6-3, 4-6 y 6-4 del kazajo Kukushkin y clasificado para octavos, donde le espera el ganador del Sock-Tipsarevic, el alicantino sufre más de lo que indica el marcador. El número cuatro del mundo entrega seis breaks en total. Lidera 4-1 y saque en la cuarta manga, que casi pierde, porque su contrario iguala 4-4 y tiene bola de rotura a favor cuando él sirve por el duelo. Pocos partidos reflejan mejor el doble filo del estilo de Ferrer, que vive al asalto los juegos de los contrarios y a la defensiva los propios. El finalista de Roland Garros 2013 es el tenista que más parciales suma con el saque de su contrario (35%). No hay nadie mejor que él en el mundo en ese apartado. Sin embargo, pena en los propios, suda cuando le aprietan, se deduce de los datos que ante la presión algo se remueve en su interior: él, que es el número cuatro del mundo y compite con un convencimiento a prueba de bombas, es solo el número 62 en puntos de break salvados (57%).

No tengo un saque que me dé muchos puntos gratis. Tengo que jugar con eso”

Esa estadística, como las sensaciones del partido, también se resume con palabras. “¡Tira! ¡Tira!”, le gritan desde el banquillo, pidiéndole agresividad, tomar el mando, decidir los puntos calientes según sus términos. “¡No tengo confianza!”, responde el alicantino, que llega a Nueva York tras ganar solo un partido en los dos torneos de la gira veraniega previa y que busca el punto justo de forma tras sufrir una lesión de tobillo en Wimbledon, donde llegó hasta los cuartos de final.

“Al no tener un saque que me dé muchos puntos gratis, cuando el partido está igualado tengo que jugar con eso. A lo largo de mi carrera esas situaciones se me han dado mejor que peor”, explicó Ferrer, al que no acompaña en el último grande del curso por motivos personales su técnico de siempre, Javier Piles. “Fue una lástima que no haya sabido aprovechar mis momentos, cuando él estaba cansado por un partido largo. Estuve bien mentalmente para pasar algún momento crítico, con muchos fallos de derecha”, continuó en referencia al cuarto set el número cuatro, a quien observó atentamente desde la grada Àlex Corretja, el seleccionador, que mañana dará la convocatoria de los tenistas que intentarán salvar a España del descenso del grupo mundial de la Copa Davis contra Ucrania. “Debo jugar mejor si quiero pasar a cuartos de final”, añadió el alicantino, un sufridor a la caza de mejores sensaciones. “He sufrido, ha sido un poco drama. No se me estaba dando nada, aunque estoy contento porque más que tenísticamente, mentalmente he aguantado”, se felicitó tras tener una vez más la oportunidad de mirarse en el espejo del australiano Lleyton Hewitt, uno de sus ídolos infantiles, que la noche del viernes, con 32 años, fue capaz de tumbar en la central de Nueva York al argentino Juan Martín del Potro, el campeón de 2009. “Hewitt es uno de mis ídolos por su forma de luchar de jugar, por su pasión, es un jugadorazo al que admiro. Ha sido un referente para mí”.

Ante el kazajo, solo defendió dos de ocho pelotas de rotura

Ante Kukushkin, Ferrer fue un poco Hewitt. Como tantos otros antes que él, el kazajo acabó enmarañándose en una lluvia de errores no forzados (66) a la que le llevó la presunción de que a Ferrer solo le podía desbordar desde el riesgo extremo (31). Entrenado por su mujer, que le animaba desde el banquillo, soñó con la hombrada cuando remontó en la tercera manga y a punto estuvo de hacerlo en la cuarta. Suyas fueron unas derechas llameantes y algunas decisiones arriesgadas que a punto estuvieron de llevarle a dar la vuelta al partido. De ahí que el alicantino se señalara la cabeza, felicitándose por su calma.

Por decimocuarto torneo del Grand Slam seguido, Ferrer jugará por pasar a los cuartos de final. No falla a la lucha por las rondas nobles desde Roland Garros 2010 y son sus cuartos octavos de final neoyorquinos consecutivos. Si compite la antepenúltima ronda, no habrá faltado a esa cita en ninguno de los torneos del Grand Slam desde el Abierto de Australia 2012. A los 31 años, el español es un seguro, como Rafael Nadal, que anoche jugaba en tercera ronda contra el croata Ivan Dodig. Llegan días de fuego, y los favoritos afinan: “Tengo que ser más agresivo y no cometer tantos errores, estar centrado”, advirtió Ferrer, como siempre listo para mejorar y presentarse en la batalla.

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Sobre la firma

J. J. MATEO

Es redactor de la sección de Madrid y está especializado en información política. Trabaja en el EL PAÍS desde 2005. Es licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Periodismo por la Escuela UAM / EL PAÍS.

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