Los gimnastas se plantan ante los recortes

El despido del único médico y un fisioterapeuta empujan al equipo nacional a pedir soluciones al CSD

López, Bazán, González y Abad, en marzo.
López, Bazán, González y Abad, en marzo. Claudio Álvarez

Los gimnastas españoles volvieron el martes de Turquía con ocho medallas de los Juegos Mediterráneos, entre ellas la más preciada, el oro por equipos, la que constata que mantienen el buen nivel de los últimos años. El miércoles volvieron a la dura realidad de la crisis, que les azota como un goteo molesto desde hace un par de años y que les ha hecho saltar hace solo unas semanas, cuando la federación decidió despedir al único médico que les atendía y a uno de los dos fisioterapeutas y el equipo al completo, 14 gimnastas, pidió ayuda al Consejo Superior de Deportes (CSD). Le entregaron una carta en la que pedían explicaciones por la decisión, planteaban su malestar con la federación e incluso amagaban con dejar el equipo.

“La federación está demostrando con sus decisiones que los gimnastas somos lo último. Nos están quitando todo. La crisis, el recorte de presupuesto del CSD lo estamos pagando nosotros”, asegura la misiva. El despido del médico es solo la última de las medidas de recorte que afectan al equipo. Antes vieron cómo salían otros tres fisios, cómo desparecía el seguro médico privado, los viajes pagados a casa —casi todos son de fuera de Madrid—, se retrasaba el cobro de las becas, que en muchos casos son su único ingreso, y cómo empezaban a escasear las competiciones y hasta la magnesia. “Nos hemos ido adaptando a todo, pero esto no es lo mismo. La preparación de un Mundial [a finales de septiembre] no se puede hacer solo con un fisio”, resume Rubén López, olímpico en Londres y medallista en Turquía, el sentir de todos sus compañeros.

La alternativa que les ha dado la federación es tratarse en la clínica Deyre, que está relativamente cerca del Centro de Alto Rendimiento de Madrid, donde se entrenan, pero fuera de las instalaciones, y con la única fisioterapeuta que sigue contratada, que solo trabaja por las tardes y que comparten con las chicas, o sea que atiende a un total de 32 deportistas. “Para nosotros el médico y el fisio son imprescindibles. Así no podemos seguir”, afirma Fabián González, que fue el mejor español en Londres 2012 y plata en los Mediterráneos. Néstor Abad, oro en salto en Mersin 2013, añade que llegó a los Mediterráneos solo porque los despedidos le ayudaron a recuperar una clavícula dañada.

“La federación está demostrando con sus decisiones que los gimnastas somos lo último", dicen los gimnastas.

Los gimnastas, que han tomado la decisión de acudir al CSD por sí solos, no lo ven claro. Algunos, como Sergio Muñoz, también olímpico en Londres y operado del hombro izquierdo, necesitan atención casi diaria. La mayoría han pasado por el quirófano más de una vez y los que no, visitan al menos dos veces a la semana al fisioterapeuta, porque en un deporte tan exigente los músculos se sobrecargan con facilidad. Eso sin contar con que la gimnasia es un deporte de riesgo, donde no se pueden descartar accidentes como el que sufrió Christian Bazán hace un par de años, destrozándose la cara contra uno de los soportes metálicos de las paralelas, y donde las lesiones son la norma. Roxana Popa, la mejor gimnasta española, por ejemplo, vino lesionada de Turquía. El equipo además cuenta con veteranos que han superado un sinfín de lesiones, como Isaac Botella, finalista en Londres 2012, e Iván San Miguel.

Los chicos también se quejan de las formas. “Un día antes de los despidos nos reunimos con Jesús Carballo [presidente de la federación y exgimnasta de élite] para intentar convencerle de que mandara a más de dos gimnastas a los Mundiales. Nos dijo que todo iba mejor y no nos habló de los despidos”, explica Botella.

Carballo, que intentó apaciguar los ánimos visitando el gimnasio, hace un par de días, explica que la decisión se enmarca en los planes de reestructuración de la federación, ahogada por la crisis económica. “En ningún caso los gimnastas se van a quedar sin atención médica”, aseguró, “solo será un poco más incómodo, pero todos los tratamientos están garantizados. La prioridad son los deportistas. Creo que en este caso, los gimnastas se han precipitado”.

La promesa, como la de ampliar el equipo que irá a los Mundiales de Amberes en septiembre, llega tarde. Los gimnastas están desanimados. “Si todo sigue así acabaremos volviéndonos a casa”, dice Rubén López; “"la vida no es solo hacer gimnasia. Si la cosas se ponen muy cuesta arriba lo dejo y ya está”.

Sobre la firma

Amaya Iríbar

Redactora jefa de Fin de Semana desde 2017. Antes estuvo al frente de la sección de Deportes y fue redactora de Sociedad y de Negocios. Está especializada en gimnasia y ha cubierto para EL PAÍS dos Juegos Olímpicos y varios europeos y mundiales de atletismo. Es licenciada en Ciencias Políticas y tiene el Máster de periodismo de EL PAÍS.

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