Banega ahorra un susto

El Valencia acaba sufriendo tras adelantarse con autoridad ante el BATE (4-2)

Soldado celebra su gol de penalti.
Soldado celebra su gol de penalti.JOSE JORDAN (AFP)

Todo apunta a un pleno español en los octavos de final de la Champions, pese a los accidentes de los dos grandes. El Valencia cumplió con su parte en Mestalla: derrotó al BATE, en un partido con muchos goles y poco juego, y ya tiene la siguiente fase al alcance de la mano. Tras un arranque muy gris, los de Pellegrino aprovecharon sus dos primeras ocasiones, que se sucedieron en un simple par de minutos, y dejaron el camino abierto ante un rival tan bienintencionado como carente de chispa. El choque, sin embargo, acabó complicándosele al Valencia en la última media hora, cuando concedió dos tantos en jugadas absurdas y alimentó brevemente la esperanza del BATE. Las posibles dudas finales las disipó Banega, ese pasador que tanto se echa de menos en el grupo de Pellegrino y que, recién salido del banquillo, metió a Feghouli un balón exacto para ultimar el duelo.

<En un pestañeo, el Valencia resolvió el choque sin haber exhibido casi ningún argumento de peso para merecerlo. Pero en dos minutos, el conjunto de Pellegrino se redimió de casi media hora de carencias futbolísticas. Hasta ese momento, en el partido no había pasado nada. Y de repente pasó de todo: el gol de Jonas y, al instante, el penalti que convirtió Soldado. El BATE, una pizca más atrevido que el Valencia hasta entonces, cayó a la lona sin poderse explicar cómo.

Los bielorrusos tuvieron mayor presencia en el inicio del choque. Elaboraron más el juego y mostraron más determinación para irse arriba. Con todo, el BATE apenas pasó del territorio de las buenas intenciones. Su aparente control sobre el juego no metió en apuro alguno al Valencia. Claro que la producción futbolística de los de Mestalla fue incluso más raquítica. En los primeros 25 minutos, el Valencia no parecía tener otro plan que los balones bombeados a media altura hacia el área tratando de hallar huecos a la espalda de la defensa rival. Casi siempre buscaban a Soldado —un especialista en enchufar voleas con ese tipo de pelotas, como bien demostró el otro día contra el Atlético— pero en el momento preciso a quien encontraron fue a Jonas. El brasileño controló muy bien, le favoreció un rebote en el primer intento de tiro y embocó con temple después.

El gol de Jonas había estado precedido del primer aviso del Valencia, un penalti sobre Soldado que pilló al árbitro casi encima de la jugada y ni aun así lo vio. Pronto le llegó la oportunidad de redimirse. Nada más sacar de centro el BATE, tras encajar el primer tanto, el Valencia salió a toque de corneta y Guardado sufrió una zancadilla cuando se disponía a preparar el tiro. La falta no ofrecía la menor duda. Su ubicación, algunas más: pareció que el mexicano todavía no pisaba el área cuando fue cazado. En cualquier caso, Soldado clavó el penalti con solvencia, pese a que el portero adivinó la intención. Sin necesidad de juego, el Valencia se vio con el partido abrochado y el salvoconducto a los octavos de final casi en la mano.

Como era de esperar, el golpe resultó tan imprevisto y demoledor que el BATE quedó abatido. Se volvió todavía más insustancial y el Valencia, con las pilas cargadas, disfrutó de espacio abierto para el contragolpe. En todo caso, el partido se empeñó en seguir comprimiendo en un par de minutos los acontecimientos importantes. En ese lapso, el choque volvió a cobrar vida tras el descanso. Primero, Gago construyó una acción que resultó un compendio de lo que debe hacer un medio centro: robar la pelota y luego dar un excelente pase a Feghouli que pilló a la defensa en un renuncio y le dio el gol que parecía resolver la papeleta.

Pero el BATE logró aferrarse al partido con una falta lateral lanzada por el brasileño Renan Bessar sin demasiada potencia. Un delantero bielorruso hizo de pantalla ante Guaita que anoche tomaba el relevo de Diego Alves, titular en la Liga, que cuando quiso reaccionar se encontró con que la pelota ya había entrado. Fue una pequeña inyección de fe para el BATE, que decidió apurar sus opciones. Se le vio un poco más de picante, sin salir nunca del aire inofensivo transmitió toda la noche. No contaban con que Gago se sumase a su causa, regalando un balón al borde del área con dos delanteros acechándole. Quedaban ocho minutos para que Mestalla viviese con un nudo en la garganta. Se lo ahorró Banega, que había entrado para guardar la pelota, pero que regaló el gol de la tranquilidad a Feghouli con un majestuoso pase.

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