La construcción del personaje Sagan

El eslovaco suma su segunda victoria en la tercera etapa, muy accidentada

Peter Sagan celebra la victoria en la tercera etapa del Tour
Peter Sagan celebra la victoria en la tercera etapa del TourLIONEL BONAVENTURE (AFP)

El Tour entró en Francia oliendo a achicoria en los campos del norte, en Orchies, y acabó el día (después de atravesar colinas verdes como toboganes, estrechez de escalera de servicio y, bajo la llovizna, hermosos nombres como Monte Violeta que pusieron de los nervios al pelotón) chocando contra el mar en la ciudadela de Boulogne, donde las murallas, de espaldas, protegen la basílica, que más parece un capitolio de película americana, un capullo de 100 metros de alto, y que sirvió de faro para los perdidos, pobres ciclistas, en la cuesta final. Ah, y olía a gasolina y a desinfectante, a tintura de yodo y alcohol.

La gasolina era la de la moto de Sagan, que ganó con una aceleración increíble en la carretera empinada y celebró, ¡tanto tiempo sacó con dos pedaladas a los mejores del mundo, a Cancellara incluido!, tras religiosamente santiguarse, católico eslovaco, imitando a Forrest Gump, moviendo los brazos como corriendo, porque quiere ser como Valentino Rossi, su ídolo, uno que cada día inventa una manera de celebrar sus victorias. Tanto piensa ganar el fenomenal debutante que parece invencible. "En la cena, ayer", decía ayer Sagan tras su segunda victoria en el Tour, "los compañeros me dijeron que tenía que celebrar como Forrest Gump. '¿Por qué?', les dije. 'Porque era uno que cuando le decían que corriera, corría, y tú eres uno que cuando te dicen que ganes, ganas', me dijeron. Y ellos me ayudaron, ¡si hasta Basso se puso a tirar del pelotón para echar la fuga abajo!".

El rey de las caídas, Rojas, volvió a caerse en una de las varias que se produjeron en un pelotón de escépticos

En el Tour hay, sin embargo, tantas personas, tantas vidas, historias, como hay olores. Y mientras el eslovaco del Liquigas construye con sus gestos y sus victorias su personaje, un icono que durará al menos un decenio -y hasta David Beckham, uno que de eso sabe, contribuye en la tarea: una victoria de Sagan es hermosa como un gol de Messi, relata un colega italiano que dice el icono del fútbol inglés--, otros deconstruyen su reputación con errores de aficionado o su cuerpo, con caídas inevitables.

El golpe le puede costar a Rojas su plaza en el Tour

El lunes, el coche de un comisario atropelló a un ciclista esloveno, Bozic, que tuvo suerte, pues el chófer despistado que se le llevó por delante era de Lourdes y, milagrosamente, no le rompió ni un hueso. El rey de las caídas, Rojas, volvió a caerse en una de las varias que se produjeron en un pelotón de escépticos que no esperan milagros, que no creen ya en ellos. El domingo se rompió el culo el sprinter murciano, esta vez la clavícula. Se fue a casa. A 25 kilómetros de la llegada, tras la caída que le costó el Tour y probablemente los Juegos de Londres (Rojas es uno de los cinco del equipo español), el pelotón, como si fuera un hueso frágil de ciclista, se rompió en unos cuantos pedazos que no se volvieron a soldar. Ninguno de los importantes, salvo Voeckler, importante el año pasado, perdido este, se cayó, o se cortó, tampoco Valverde, pero ni los nervios, ni las urgencias, ni el terreno -terreno de clásicas, mezcla de Flandes y Lieja, viento y cuestas, cambios de dirección- permitieron a nadie tomarse tiempo para pensar y calcular. Valverde conocía el final porque lo había visto en Internet, y quizás por eso, llegado el momento clave, en los toboganes y chicanes de los últimos dos kilómetros, fue el único pardillo del grupo de cabeza que se equivocó en una rotonda que quiso tomar recta mientras el resto del pelotón giraba a la derecha. "Es una lástima, pues iba bien colocado y con piernas. Pensé que la podía rodear por el otro lado", dijo Valverde, quien dice que su Tour es otro, el de la general, pero que perdió al menos la ocasión de ver de cerca cómo se las gasta Sagan cuando el final se empina. También se ahorró la última caída, más Betadine para todos, en la última recta.

El Tour llega hoy a Rouen, donde Anquetil, que murió hace 25 años. Seguramente ganará Cavendish, que no es de Lourdes pero sabe manejar los codos para colocarse entre las fieras finales. Podría celebrarlo con una copa de champagne, que tanto le gustaba a maître Jacques, o con una taza de achicoria Leroux con leche bien caliente, achicoria recogida, secada y atomizada en Orchies, donde salió ayer la etapa, achicoria cuyo nombre llevó unos cuantos años en su maillot de campeón solitario.

Clasificaciones:

ETAPA: 1. Peter Sagan (Esl. / Liquigas): 4h 42m 58s. 2. Edvald Boasson Hagen (Nor. / Sky): a 1s. 3. Peter Velits (Esl. / Omega): a 1s. 4. Fabian Cancellara (Sui. / Radio Shack): a 1s. 5. Michael Albasini (Sui. / Orica) 6. Cadel Evans (Aus. / BMC) a 1s. (...) 7. Nicolas Roche (Irl. / AG2R): a 1s 8. Samuel Sánchez (Esp. / Euskaltel): a 1s.

GENERAL: 1. Fabian Cancellara: 14h 45m 30s. 2. Bradley Wiggins (Ing. / Sky): a 7s. 3. Sylvain Chavanel (Fra. / Omega): a 10s. 4. Tejay Van Garderen (EE UU / BMC): a 10s. 5. Edvald Boasson Hagen: a 11. 6. Denis Menchov (Rus. / Katusha): a 13s. 7. Cadel Evans: a 17s. (...) 18. Haimar Zubeldia (Esp. / RadioShack): a 24s.

Prólogo: Las variaciones Cancellara

Primera etapa: Los domingos generosos

Segunda etapa: Contra la melancolía, Cavendish

 

Sobre la firma

Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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