Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Nadal reta a Irene

El campeón prepara el asalto al Abierto de Estados Unidos mientras llega el huracán y se recupera de sus dolores en una mano y un pie

La lluvia que golpea las pistas de cemento azul del Abierto de Estados Unidos avisa de la llegada del huracán Irene, que ha obligado a cerrar las instalaciones del torneo y que pone en peligro su comienzo, previsto para el lunes. La humedad es agobiante. El metro ya no funciona. Los hoteles dan instrucciones a sus clientes para que se enfrenten a los iracundos vientos. Para los jugadores, los retos son múltiples: unos se levantan a las 7 y llegan a entrenarse a las 8.30 para evitar el aguacero; otros, como Rafael Nadal, el campeón defensor, se refugian bajo el techo de las pistas cubiertas de prácticas; y algunos, incluidos el seleccionador Albert Costa, ni han llegado a Nueva York, afectados por el cierre de los aeropuertos.

El centro de la ciudad, con cientos de miles de ciudadanos evacuados, es un concierto de sirenas sin público, desiertas las aceras, sin tráfico las calles. Unos locos se dedican a hacer surf en la playa de Rockaway, en Queens, bien cerquita del torneo, mientras las olas se levantan como gigantescos colmillos. En las tiendas, se hace acopio de agua, radios y linternas. Nadal sabe de todo eso, porque sigue atentamente las noticias, pero dedica más palabras a lo suyo: el tenis y su armadura, dañada en los dedos de la mano derecha y en el talón del pie izquierdo.

"Nadie sabe qué pasa y todo está cerrado", cuenta sobre el huracán. "Luego, los dedos ya están bien, los llevo vendados porque la piel está aún muy fina", comenta sobre la quemadura que sufrió en un restaurante japonés y durante la gira norteamericana de verano, en el que no logró los resultados soñados. ¿Y el pie que se dañó en Wimbledon? "En la última ecografía que me hice había un poco de líquido, con lo que no estaba al 100 por 100 curado, pero lo que no había era margen de maniobra", contesta sobre su tardía vuelta a los entrenamientos. "Dijeron que no era nada importante, y resulta que tres semanas después de terminar Wimbledon estaba peor que una semana después de terminar el torneo. Algo pasó que nos equivocamos. El periodo fue mucho más largo de lo que nos hubiera gustado... No me está limitando para jugar al nivel que yo quiero".

Nadal vuelve a Nueva York, donde el año pasado conquistó el título y completó el Grand Slam, los cuatro grandes del tenis. Su perspectiva ha cambiado. Nunca hasta entonces logró expresar lo mejor de su juego sobre el cemento de la Gran Manzana. Ahora, sueña con todo. "Al volver aquí, las emociones son un poco diferentes, más grandes, que en otras ocasiones", cuenta. "Completé los cuatro grandes aquí, y eso hace volver a Nueva York un poco más especial. La meta sigue siendo la misma: llegar a las rondas finales. No siento una presión extra. No he jugado muy bien en el verano, pero espero hacerlo mejor aquí".

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.