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LIGA | RACING 1 - REAL MADRID 3

Özil ilumina al mejor Madrid

El equipo de Mourinho, con un nuevo formato, firma un primer tiempo fabuloso ante un Racing timorato

Desde que el fútbol recreó la figura de los mediocentros se tiende a considerar que el gobierno de los equipos corresponde al círculo central y a los que por allí transitan habitualmente. Hay chicos rebeldes que, cuando les sueltas la brida, dan un golpe de Estado y demuestran que desde el costado también se puede tomar el poder del colectivo. Özil le puso al Madrid la mirada oblicua, casi pegado a la cal de la banda, como si quisiera demostrar que él también puede ser el futbolista transversal que el Madrid necesitaba ayer en ausencia de Cristiano.

El luso es un goleador nato; Özil es un futbolista nato, de esos que bailan con el balón, que llevan la cabeza alta, que aparentan estar tan sobrados como confiados en sus posibilidades. Casi nunca cabecea ni gesticula, a sabiendas de que a un error (ayer no lo tuvo) le seguirá una genialidad o una acción positiva. Ayer, partiendo de la banda derecha, cedió el primer gol desde la línea de fondo de la banda izquierda y el segundo a Benzema tras una pared por el centro.

RACING 1 - REAL MADRID 3

Racing: Toño; Pinillos (Francis, min 80), Osmar, Torrejón, Christian; Kennedy, Colsa, Lacen (Tato, min 89), Munitis; Giovani y Rosenberg.

Real Madrid: Casillas; Ramos, Carvalho, Pepe, Marcelo; Ozil (Alex, min 90), Granero (Canales, min 80), Xavi Alonso, Di María; Benzema (Albiol, min 80) y Adebayor.

Goles: 0-1, min 23. Adebayor. 0-2, min 26. Benzema. 1-2, min 71. Kennedy. 1-3, min 76. Benzema.

Árbitro: Rafael Ramírez Domínguez (comité andaluz). Mostró cartulinas amarillas a Ramos y Xavi Alonso por el Real Madrid y a Rosenberg y Torrejón por el Racing.

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Özil era la quintaesencia de un Madrid que salió con una velocidad endiablada, como si quisiera apurar el último día antes del recorte del límite de velocidad. Parecía un Madrid improvisado, con Özil en el costado derecho, Di María como enganche y Benzema tirado a la banda izquierda. Xabi Alonso encontraba en Granero el socio más adecuado. Era el Madrid más ágil, más vivaz, más suelto de la temporada. Imaginariamente, parecía como si la reconstrucción apresurada del equipo por las bajas de Cristiano, Kaká y compañía hubiera dado rienda suelta a la personalidad de los futbolistas obligados a reivindicar su buen nombre, oscurecido por los goles de Cristiano y la sombra gigantesca de Mourinho, que protege tanto como silencia.

Mucho ayudó el Racing, que juega a dos velocidades menos que un Madrid eléctrico. Lacen y Colsa eran pesos pluma ante la voracidad del Madrid y de Özil. Muchos años y mucho temor para enfrentarse a Granero y Xabi Alonso. Los errores eran fruto de la vivacidad con la que jugaba el Madrid. Demasiado trajín para un equipo asustadizo que tembló demasiado pronto con las acometidas de Adebayor y Benzema, que remató al travesaño (antes lo había hecho Xabi Alonso). Los goles ratificaron sus temores. De poco valen dos delanteros casi horizontales, como Rosenberg y Giovani, si la fuente de abastecimiento está seca. Aun así, ambos tienen la calidad suficiente para buscarse la vida. Rosenberg, con el cuerpo a cuerpo; Giovani, con su velocidad y regate. Así se sacó el mexicano un penalti al inicio de la segunda mitad que Pinillos tiró como un colegial asustado.

No hubo partido. En realidad, el Madrid lo mató en su mejor media hora de la temporada, presuntamente en su peor circunstancia (por las bajas). Cuando se reclamaba un ejercicio de actitud, decidió abrir la caja de las sorpresas, donde habitaban el primer toque, la movilidad, el intercambio de posiciones y la versión más voraz de Benzema, escondiendo en el baúl de los recuerdos el exceso de conducción, el individualismo, las bambalinas.

Tuvo el Racing su momento de gloria con el penalti a Giovani para enchufarse a un partido al que nunca le encontró la electricidad necesaria. Era el chispazo que podría haber tentado al Madrid a costumbres más conservadoras. Pero se le saltaron los plomos y siguió a oscuras, tan inmerso en su generosidad como en el error del último pase. Bajó el pistón el Madrid, no se sabe si más roto entre líneas o más tranquilo con el balón. Con la voracidad perdida, pareció un Madrid más rutinario, más de catálogo turístico. Y en ese sueño estaba cuando le despertó Kennedy aprovechando un balón interior.

Se asomaba el Madrid dormilón. La velocidad de Giovani empezó a ser una jaqueca para la defensa blanca, pero llegó Benzema y mandó parar con su gol favorito: al palo largo, raso y con el interior. Adebayor también malgastó un penalti postrero, como si nadie quisiera ganar de esa forma. Y Özil se lució tanto ante Toño que se le apagó la luz. Pero ya solo eran anécdotas.

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