REAL MADRID 3 - OSASUNA 2

Cristiano fue Camacho

El portugués apela a la épica y certifica la remontada más agónica del Madrid ante un Osasuna magnífico que tuvo el partido en sus pies

Sería creíble que existiera alguna huella genealógica en Cristiano Ronaldo que vincule a alguno de sus antepasados con el Real Madrid. Hay algo umbilical entre este club y el jugador portugués. Tienen un gen ganador por encima de la inmensa mayoría, la palabra rendición no la declinan. Cristiano es el eslabón perfecto de esa épica que distingue al Madrid, tantas veces apegado a la heroica. Ante un Osasuna fantástico , él fue de nuevo parte troncal de la enésima remontada, aunque esta más apurada que las precedentes.

El Madrid sólo tuvo la victoria en el último suspiro, antes siempre fue a rebufo, con Cibeles cada vez más lejana. Encontró un remedio agónico en CR, que tiene tanta clase como aire de mohicano. Él llegó al rescate tras el primer azote navarro, mantuvo la mecha toda la tarde y llegó a tiempo de dar carrete a la Liga. La fe colectiva y la guinda del portugués doblegaron a un adversario imperial como muy pocos de los visitantes a Chamartín. Un equipo, Osasuna, que sólo titubeó cuando Masoud, mediado el segundo acto, falló un gol disparatado, con él y Vadocz mano a mano con Casillas. Osasuna se sintió embrujado. Hasta entonces fue un tormento para el Madrid, al que sostuvo en defensa y agobió en ataque. El grupo de Camacho aceptó el guante en las dos porterías. Masoud frente a Cristiano. Esa fue la gran diferencia final. Mayúscula, claro. Por lo demás, Osasuna no mereció un sólo reproche. El esfuerzo local también resultó intachable, por mucho que el Madrid jugara con mayor desgobierno que de costumbre, condicionado por un ataque de ansiedad apenas amanecido el encuentro.

REAL MADRID 3 - OSASUNA 2

Real Madrid: Casillas; Arbeloa, Albiol, Ramos, Marcelo; Gago (Juanfran, m. 84), Xabi Alonso, Granero (Guti, m. 58), Kaká (Benzema, m. 67); Higuaín y Cristiano. No utilizados: Dudek; Garay, Metzelder y Diarrá.

Osasuna: Ricardo; Azpilicueta, Roversio (Flaño, m. 68), Sergio, Monreal; Rúper, Nekounam; Juanfran (Massoud, m. 60), Vadócz, Camuñas; y Aranda (Calleja, m. 74). No utilizados: Roberto; Calleja, Puñal, Oier y Galán.

Goles: 0-1. M. 6. Aranda. 1-1. M. 23. Cristiano. 1-2. M. 41. Vadócz. 2-2. M. 43. Marcelo. 3-2. M. 88. Cristiano.

Árbitro: Matéu Lahoz. Mostró tarjeta amarilla a Marcelo y Monreal.

Unos 75.000 espectadores en el estadio Santiago Bernabéu.

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Un simple y temprano error, con todo el tiempo del mundo para que cicatrizara, alteró el sistema defensivo del Madrid. Una línea sobre la que ha trabajado con mucho acierto Manuel Pellegrini y que este curso ha sido la más fiable en muchos años. Bien lo sabe Casillas, que no ha necesitado santificarse. El caso es que Albiol, un pretoriano toda la temporada, pifió una sencilla y funcionarial cesión a su portero. Listo, hábil y decidido, Aranda se lo hizo pagar. Sólo se habían disputado seis minutos, pero el Madrid se angustió de forma inesperada y Osasuna se sintió con un protagonismo que no sospechaba. De repente, el grupo de Pellegrini se vio exigido, cuando esperaba una faena de aliño ante un equipo que palidece fuera de su reino y del que cabía pensar que se tomara el cartel de Chamartín como un trámite. Para nada, fue un incordio desde el inicio, no le faltó descaro y, salvo el Barça, no ha habido equipo español que este año haya estado tan cerca de ganar en el Bernabéu.

Ante el despecho navarro, el Madrid se hizo más largo que de costumbre y se encontró con un partido en las dos áreas, a lo que no acostumbra. Cada embestida de Cristiano tenía respuesta en Aranda, una tortura para la defensa local; a los dañinos movimientos iniciales de Kaká a los espacios replicaba Vadocz con sus inteligentes desmarques y guiños a sus compañeros; donde llegaban Arbeloa y Marcelo, también lo hacían en dirección contraria Azpilicueta y Monreal. Ni rastro de esa versión almibarada de Osasuna lejos de sus fueros. El partido tenía un pulso extraordinario. Al Madrid se le iba la Liga, Navarra se ganaba la permanencia en un escenario que glorifica como pocos, donde eludir un descenso es casi un título.

Cuando hay tinieblas, nadie como Cristiano Ronaldo, encantado con el papel de llanero solitario que se concede. En medio del combate de ida y vuelta, el portugués era una amenaza constante, con las bandas siempre como punto de partida. Como el chico es capaz de retar a una manada, veinte minutos después del gol de Aranda, se encaró con cuatro adversarios. Todos recularon ante la soberbia aceleración de CR, que en pleno sprint pateó la pelota en dirección imposible para Ricardo. Un tanto similar al que ya marcara en Almería a la jornada siguiente del clásico. Cuando hay problemas, CR.

Pese al azote del luso, Osasuna no se destempló. Se mantuvo en pie ante las infinitas acometidas del Madrid, un pegador de primera categoría. Ante un guión semejante, son miles los equipos que tiran de la manta hacia la cabeza. El equipo de José Antonio Camacho hizo un ejercicio de supervivencia encomiable. No fue el Inter de Milán. Osasuna intentaba devolver golpe por golpe, con Aranda como desestabilizador general. Juanfran y Camuñas desafiaban a sus marcadores con el auxilio de los laterales. Ante Casillas había ruido. Por supuesto, también ante Ricardo, una diana para todos los madridistas. Por el medio no había juego, sólo una zona de tránsito con muchas prisas. Al filo del descanso, el partido se desató. Azpilicueta ejecutó un saque de banda como si lo hiciera con los pies, Aranda descolgó la pelota y Vadocz fusiló a Casillas. Otro enredo para el Madrid. Pero la tarde era un reguero de sorpresas, al instante marcó Marcelo de cabeza. Insólito para un defensa de poco techo. El brasileño se anticipó a su compatriota Roversio, la única tacha de Osasuna. Ya antes, Kaká y CR le habían ganado con facilidad en el juego de altura.

No hubo alteraciones tras el descanso. Los dos equipos siguieron en su papel. El Madrid no era preciso ante el gol, precipitado en muchas jugadas. Osasuna no se arrugaba, hasta que, fundido Aranda, Camacho dio vuelo a Masoud. Con todos los madridistas enfrascados en un inútil debate arbitral, el iraní se rajó ante Casillas en una acción que era gol, gol o gol, y Osasuna pensó que era hora de amarrar el punto. Pellegrini tiró con todo, con Benzema para el gol, con Guti para asistir y hasta con Juanfran, un chiquillo de Valdebebas, como agitador final. El partido parecía una cuestión homérica. El Madrid lo había convertido en una epopeya desde el comienzo. Era irremediable que la visita de Camacho evocara los tiempos de aquel lateral llegado de Cieza para el que no había imposibles. Las camachinas, las santiaguinas previas de Bernabéu, Di Stéfano y su fábrica... El Madrid en estado puro. De las quijotadas actuales se encarga un portugués chulapo que parece nacido para el Madrid. Hoy, Cristiano fue Camacho. El madridismo en efervescencia. La Liga será larguísima.

Cristiano y Ramos celebran el gol del triunfo
Cristiano y Ramos celebran el gol del triunfoAP
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