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FÚTBOL | LIGA DE CAMPEONES

Incorregible Motta

El ex del Barça anunció "juego limpio" y fue expulsado

"Nosotros, no sólo yo, jugaremos al fútbol limpio. La intención es hacerlo muy bien y ayudar los árbitros porque estamos acostumbrados a ver a los jugadores del Barça que se tiran mucho". Lo dijo Thiago Motta el martes por la tarde sentado en la sala de prensa en el Camp Nou. Su partido anoche duró poco más que su comparecencia ante los medios de comunicación: 28 minutos. En el minuto 10 vio la primera amarilla por una falta a Messi y 18 minutos después le soltó un manotazo —con posesión de balón en los tres cuartos de campo del Barça— a Busquets.

Protestó todo lo que pudo, intentó encararse dos veces con el internacional español tendido en el suelo y con todo aquel que se le cruzó en el camino. Ni siquiera Messi pudo frenar su ira. Tuvieron que salir cuatro del Inter para agarrarlo y llevárselo a vestuarios. Mientras, el público se acordaba de otra de las frases que pronunció en la rueda de prensa. "Pienso que en un partido tan importante hay que medir las palabras antes de hablar", dijo refiriéndose al eslogan de Piqué. "No me sorprende para nada porque ya sabemos cómo es Motta", fue el comentario de Beguiristain, el director deportivo azulgrana, en el descanso.

Mourinho observó la tangana que montó el italo-brasileño después de la expulsión, con su sonrisa más irónica y con dos pies fuera de la zona técnica. El entrenador portugués se vio obligado a reconstruir el equipo. De entrada ya había sorprendido con el once inicial. Chivu, suplente en la alineación entregada por los empleados de la UEFA, salió a calentar 15 minutos antes de que comenzara el partido. Pandev, con molestias durante toda la semana, se quedó finalmente en el banquillo y el central rumano ocupó su posición como volante izquierdo. Tras la expulsión de Motta, Eto'o fue a la izquierda, obligando a Milito a desplazarse a la derecha y dejando a Sneijder quedó como único punta. El holandés remó solo durante toda la segunda parte. Igual que en San Siro fue el primero en salir a pisar el césped una hora antes. Igual que en San Siro lo hizo, a diferencia de todos sus compañeros, con pantalón corto. La superstición de Mourinho —que el lunes prefirió entrenarse en La Pinetina y luego coger el avión, como hizo contra el Chelsea— parece haber contagiado al grupo. Le volvió a salir bien. Ningún equipo de Mourinho ha perdido una eliminatoria tras ganar el partido de ida. La de anoche valió la final. El 22 de mayo en el Bernabéu, el Inter volverá a jugarse la Copa de Europa 38 años después. En 1972 dos goles de Cruyff le impidieron levantar la orejona.

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