XEREZ 0 - REAL MADRID 3

Arbeloa saca al Madrid del barro

El defensa abre la victoria contra un correoso Xerez al que Cristiano apuntilló en su reaparición

Jerez de la Frontera - 13 feb 2010 - 21:15 UTC

El Madrid asomó su cara más vulgar , menos imaginativa, más desordenada en el barrizal de Chapín. Durante una hora, el Xerez le hizo partido. Un partido bravo, de brega, impreciso, con destino incierto hasta que Arbeloa y Granero dieron tres toques por la izquierda. Bastó con eso, tan simple y tan difícil, para que el Xerez empezara a sufrir el tormento. Marcó Arbeloa y empezó la desbandada. El Xerez, consciente de sus miserias, se aterrorizó y no tardó en volver grupas. Fue la huida. La resignación. El terreno soñado para un depredador insaciable como Cristiano. Con viento a favor y con espacios el portugués no hizo prisioneros. Marcó el segundo atacando el primer palo de cabeza, a pase de Kaká, y volvió a gritar en el tercero, también a pase de Kaká.

Xerez 0 - Real Madrid 3

Xerez: Renán; Redondo, Leandro, Aythami, Casado; Moreno (Alustiza, m. 75), Keita; Calvo (Abel, m. 74), Víctor Sánchez, Momo; y Bermejo (Antoñito, m. 81). No utilizados: Chema; Mendoza, Viqueira y Míchel.

Real Madrid: Casillas; Arbeloa, Sergio Ramos, Garay, Marcelo; Granero, Lass, Xabi Alonso (Diarra, m. 75), Kaká (Drenthe, m. 76); Cristiano Ronaldo e Higuaín (Raúl, m. 67). No utilizados: Adán; Albiol, Gago y Van der Vaart.

Goles: 0-1. M. 65. Arbeloa tras un pase de Xabi Alonso. 0-2. M. 70. Cristiano Ronaldo cabecea un centro de Kaká. 0-3. M. 72. Cristiano Ronaldo, tras otra asistencia de Kaká.

Árbitro: Turienzo Álvarez. Amonestó a Ramos, Arbeloa, Keita, Lass y Casado.

Unos 18.000 espectadores en Chapín.

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El desenlace trepidante hizo olvidar una hora de atasco. El Madrid volvió a resolver con remate su falta de juego en un escenario poco propicio para otra cosa que no sea la guerra brava. Así es Chapín. Hay campos que definen temporadas. Harían falta un meteorólogo y un ingeniero agrónomo para analizar por completo la temporada del Xerez en su cancha. Hasta las alteraciones climáticas han conspirado contra el equipo en su primera temporada en la máxima categoría. El invierno en la provincia de Cádiz ha sido duro y anormalmente húmedo. El campo está pastoso. Los tacos de las botas no se afirman en la tierra blanda. Los equipos patinan. Los partidos derivan hacia las imprecisiones y los choques. Ayer, la visita del Madrid no fue una excepción. El barrizal embadurnó a los dos equipos y ninguno fue capaz de ajustarse a las circunstancias. Tal vez el público, excesivamente silencioso, marcadamente madridista, se decepcionó por partida doble. Mucha gente acudió al estadio para ver al Madrid sobreponerse con destreza a las dificultades topográficas. No hubo caso. Hubo dimisiones. La de Kaká fue la más notable.

La baja de Guti, por problemas musculares, expuso con claridad las carencias de una plantilla en la que faltan especialistas del medio campo. A Pellegrini no le quedó más remedio que reemplazar al media punta con Lass, un medio centro. Fue como sustituir a un purasangre con un percherón. El Madrid no tiene más piezas de recambio. El francés no mezcla bien en la zona de tres cuartos. Es un excelente volante central que, como la mayoría de los de su especie, se desorienta cada vez que le desplazan el eje. No le ayudó el Xerez, que achicó el campo y protegió bien la portería de Renan.

Los trazos del Xerez son sólidos desde que Gorosito se hizo cargo de la dirección técnica. Su trabajo tiene mérito en un club en el que todo tiene pinta de provisional: 22 de los 26 jugadores de la plantilla finalizan contrato en julio. Las condiciones parecen angustiantes, pero el equipo se ha sobrepuesto. Es un triunfo que no haya un solo jugador que se sienta inútil o de la sensación de estar desempeñando una función antinatural. Keita roba y reparte con regularidad, Víctor ordena, los centrales cierran y hostigan, los extremos se abren y desbordan, y el delantero centro exige. El Xerez aprovechó sus recursos al máximo. Le bastó con esto para crear un problema tremendo a un adversario que asumió el desafío de manera menos racional. El Madrid volvió a fallar en el toque, y sin toque se desordenó, desaprovechó los espacios y libró toda su suerte a las aventuras de Cristiano. El portugués cabeceó un balón al larguero y remató una vez a las manos de Renan. Nada más. Cuando el árbitro señaló el descanso, Sergio Ramos suspiró aliviado. Durante la primera parte, el central fue el hombre con más trabajo en todo Chapín. Tuvo que multiplicarse para frenar a Bermejo, Calvo y Momo, enérgicos y atrevidos hasta la extenuación.

Los clásicos siempre dijeron que para romper la presión más perfecta no hay nada más demoledor que una buena pared. El Xerez peleó el partido con entereza hasta que Granero le devolvió una pared a Arbeloa. Para estas cosas no hacen falta Balones de Oro. Basta con saberse el manual, y los chicos de la cantera se lo han aprendido bien. El lateral recibió, progresó por la banda izquierda, y, cuando se vio solo, definió con templanza al primer palo. Fue el golpe que derribó al Xerez. El golpe que le aflojó los atamientos defensivos. Con el 0-1 en el marcador, los jugadores locales perdieron un poco de fe. Y sin esa convicción quedaron a merced de las depredaciones de Cristiano.

Arbeloa celebra su gol que abrió el partido ante el Xerez
Arbeloa celebra su gol que abrió el partido ante el XerezREUTERS

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