COPA CONFEDERACIONES | ITALIA 0 - BRASIL 3

Brasil pone a Italia ante el espejo

La 'canarinha' arrasa a un campeón del mundo desnortado y al borde de la jubilación - Estados Unidos da la gran campanada y será el rival de España en semifinales

Bloemfontaine - 21 jun 2009 - 20:47 UTC

Alguien debería sublevarse desde las entrañas del mismo calcio Tan refractario a cualquier corriente que no sea la propia, Italia se ha empecinado no sólo en no revisar su modelo sino en conceder la eternidad a un grupo de futbolistas a los que se les paró el reloj en el trono mundialista de 2006. Obcecada por aquel éxito y por influjo de sus principales clubes, que han perdido mucha pujanza por su repentina vocación "geriátrica", Italia pretende perpetuar su ideario de toda la vida con futbolistas de toda la vida. Brasil, que sólo es una secuela de aquella selección patrimonio del fútbol mundial que también arrasó a la azzurra en la final del Mundial de 1970, se lo hizo pagar con creces, con una zurra considerable que destapó las miserias del proyecto de Marcello Lippi, otro del cavernario al que esta vez le falló su guardia pretoriana. Italia, que siempre presumió de sus candados, esta vez no fue capaz si quiera de rebajar algo la goleada, lo que le hubiera dado una plaza en semifinales. Se la arrebató Estados Unidos, rival de España el miércoles, que no tiene jerarquía alguna en el fútbol.

ITALIA 0 - BRASIL 3

Italia : Buffon; Zambrotta, Cannavaro, Chiellini, Dossena; De Rossi, Pirlo, Montolivo (Pepe, m. 46); Camoranesi, Toni (Gilardino, m. 57) e Iaquinta (G. Rossi, m. 38). No utilizados: De Sanctis, Amelia; Santon, Grosso, Legrottaglie, Gamberini, Gattuso, Palombo y Quagliarella.

Brasil: Julio César; Maicon, Lucio, Juan (Luisão, m. 23), A. Santos; Gilberto Silva (Kléberson, m. 84), Felipe Melo; Ramires (Josué, m. 87), Kaká; Robinho y Luis Fabiano. Víctor, Gomes; Kléber, Daniel Alves, Miranda, Elano, Baptista, Pato y Nilmar.

Goles: 0-1. M. 36. Luis Fabiano. 0-2. M. 42. Luis Fabiano. 0-3. M. 44. Dossena, en propia puerta.

Árbitro : Benito Archundia (México). Amonestó a Chiellini y Dossena.

Loftus Versfeld Stadium. Unos 50.000 espectadores.

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Todo el calcio, con su selección a la cabeza, precisan un debate interno del que surja una nueva hoja de ruta: a sus imperiales clubes les cuesta competir en el rastrillo internacional y se han convertido, con el Milan como máximo ejemplo, en el hogar de muchos futbolistas al borde de la jubilación; las hinchadas, hastiadas por lo que ven en el césped, la adulteración en los despachos y el estado de terror creado por los ejércitos ultras, han huido de las gradas; y el equipo nacional, por no tener no tiene ni defensa. Lippi no tiene un gran vivero, cierto; pero en Italia no parece existir el propósito de agitar la cuna. La coartada de los fundamentalistas tiene su peso, desde luego: cuatro títulos mundiales. Tan certera como que ahora esta Italia se ha quedado sin cuerda. Obligada a un cambio generacional, la selección transalpina tiene la gran oportunidad de explorar otras alternativas.

La cita con Brasil resultó una tortura para Italia, sometida de principio a fin a un escarnio que por momentos resultó estremecedor. Se advirtió una distancia sideral entre las dos selecciones más entronizadas del universo, aunque su canonización haya llegado por vías antagónicas. El equipo suramericano ha perdido algo de cosmética a favor de cierta mutación física, de una europeización que comenzó en el Mundial de 1994; el conjunto italiano mantiene su sentido dramático del fútbol. Medidos frente a frente, Brasil no sólo tuvo, como se esperaba, mayor ingenio, sino que jugó a un ritmo y con un vértigo imposible para los chicos de Lippi. Del todo inalcanzable para algunos, casos de Cannavaro y Zambrotta, que escenificaron como nadie la capitulación italiana en todas las zonas del campo, incluida su defensa, símbolo tradicional de las grandes pompas transalpinas.

La gracilidad de Kaká, el empuje de Maicon, serio rival de Alves en la titularidad del lateral derecho, lo que le revaloriza, y la pegada de Luis Fabiano desnortaron al equipo europeo, que recibió tres goles en siete minutos después de que Buffon evitara unos cuantos y la pelota se estrellara dos veces en los postes de éste. Lippi había revolucionado la alineación tras el batacazo con Egipto, pero sin despojarse de su genética italiana. Por mucho que Italia estuviera exigida por la complejidad de la clasificación del grupo, el entrenador azzurro envidó con un solo punta, Toni, un pívot. Decidió que Iaquinta, que en la nómina figura como delantero, se descolgara a la izquierda. Se supone que para esposar un poco más a Maicon, que resultó ser, junto a Kaká, el azote de Italia. Antes del descanso, en plena hecatombe, Iaquinta fue despedido a favor de Rossi, el goleador de la primera jornada. Camino del respiro, con 3-0 en contra, Italia estaba fulminada incluso con la derrota de Egipto, que entonces sólo perdía 1-0 con la sorprendente e inesperada selección de Estados Unidos.

Cada mirada al frente de Kaká resultaba un martirio para Italia, donde Pirlo, el único con un compás, no podía con el tráfico. Torpe al tirar el fuera de juego, Cannavaro habilitó a Luis Fabiano en el primer tanto; el propio Kaká y Robinho fabricaron al ariete sevillista el segundo; y Dossena se rindió en el tercero, otra contra lanzada por el nuevo fichaje del Real Madrid. Sólo la egocentracia de Robinho permitió a Italia detener la hemorragia, por mucho que en el segundo acto intentara amontonarse, sin orden ni concierto, cerca de Julio César. A Brasil le había bastado con un asalto. Con esta Italia es suficiente. Para una generación pudo ser el fin de un ciclo. El futuro dirá si el "calcio" no sólo renueva el vestuario, sino la pizarra.

Luis Fabiano, Buffon y Pirlo se saludan tras el encuentro
Luis Fabiano, Buffon y Pirlo se saludan tras el encuentroEFE

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