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Crónica:

Ronaldinho sigue de fiesta

El brasileño marca, da dos pases de gol y el Barça certifica el primer puesto ante el Werder

Ronaldinho no ha regresado todavía a casa, sino que sigue en la cancha para suerte de la hinchada, admirada por la capacidad del brasileño para jugar al fútbol. Anoche estuvo en el Camp Nou y dio luz, color y diversión a un partido de entreguerras, al menos para el Barça, al que le alcanzaba un punto para tumbarse a la bartola y economizar esfuerzos. En ausencia de Eto'o y Messi, Ronaldinho repartió caramelos para futbolistas como Gabri, Larsson y Giuly, ausentes en la noche de autos en Chamartín, y se regaló unos cuantos gestos técnicos y un gol para ratificar su condición de goleador de la Champions. El juego de Ronaldinho está en su punto más dulce y el Barcelona actúa con una confianza ilimitada. A cada partido gana jugadores para la causa sin dejar de contar goles, puntos y victorias. Ayer, hasta Valdés salió ovacionado por tres intervenciones de mérito generadas por un rival fuerte y laborioso. El Camp Nou sigue, pues, entre festivo y excitado por la fiabilidad de un equipo que cambia jugadores cada partido y, sin embargo, siempre sale ganador.

Puede que, condicionado por la calidad física del Werder Bremen, Rijkaard endureciese tanto el equipo que hasta cierto punto lo desnaturalizó, aunque nunca dejó de ser competitivivo. Jugó el Barça con tres volantes poderosos (Gabri, Motta y Deco) y apretó con dos delanteros atléticos (Giuly y Larsson). Aceptaba de alguna manera el cuerpo a cuerpo que proponía el rival alemán, superior en el juego aéreo y, por el contrario, vulnerable por raso. Arremangados todos, la pelota chocaba a menudo en la pared de uno y otro campo, las faltas se sucedían porque se repartía mucha cera y el intervencionismo del colegiado aumentaba la sensación de disputarse un combate a campo abierto.

El buen juego de posición avalaba la propuesta del Barcelona. Funcionaba muy bien su línea de presión y recuperación y se batía con entereza pese a enfrentar a un rival más alto y pesado. Le faltaba, sin embargo, un punto de pausa. Ausente Xavi, el entrenador prescindió igualmente de Iniesta a favor del versátil Motta y el equipo perdió estilo, que no presencia y jerarquía. No hubo toque ni pase desde la línea de medios, sino que se impuso el cambio de orientación, los desplazamientos largos, la pegada, el juego que mejor domina Márquez. El fútbol azulgrana pasó a ser menos elaborado y más directo, circunstancias que favorecían al Werder Bremen, un plantel menos técnico y, por el contrario, más contundente.

El perfil del partido no parecía precisamente muy seductor. Falsa impresión. Parados los dos equipos en situación de neutralizarse, apareció Ronaldinho como factor desequilibrante. El brasileño se situó en el margen izquierdo, pasada la divisoria, como falso volante, y ejerció como pasador en vez de corredor. Owomoyela le hizo la vida imposible y Ronaldinho renunció al uno contra uno. A cada intento, el lateral se interponía y, ante la queja del brasileño, el árbitro se hacía el longuis. La reacción del delantero resultó sorprendente y decisiva.

Ronaldinho puso tres balones de gol magistrales desde el inicio del callejón del 10 hasta el corazón del área: Larsson marró el primero y el tercero y Gabri cazó el segundo con un excelente control que le habilitó para marcar con un remate cruzado tan preciso como imperfectos resultaron los disparos del sueco y también de Giuly, que se venció malamente por dos veces, afectado seguramente por su suplencia en Chamartín. Al Barcelona no le costaba penetrar en la línea de tres cuartos porque el Werder Bremen defendía muy arriba, cediendo mucho espacio, propiciando los balones interiores que cruzaban Márquez y Ronaldinho. A cambio, los alemanes se agrandaban en las jugadas de balón parado y las pelotas divididas, como la que le permitió empatar parcialmente con un penalti de Gio.

Un error de Reinke emborronó poco después el trabajo de Micoud y Borowski. Ronaldinho botó un libre directo y el portero se la comió para suerte del Barcelona, que cambió de plan, entregado ahora al oficio de Deco. Los azulgrana tuvieron más la pelota, controlaron más el partido y atacaron sólo la línea de presión alemana en situaciones de ventaja. Y así contó el tercer gol: Ezquerro metió el cuero entre líneas para Ronaldinho y el brasileño asistió a Larsson, que esta vez no perdonó. Resuelto el choque, el brasileño barrió el frente de ataque en una gran exhibición. A Ronaldinho le sale todo.

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