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FÚTBOL | 30ª jornada

El Barça y el Madrid se hacen la puñeta (1-1)

Un error de César ante un tiro lejano de Xavi permitió la réplica azulgrana al gol de Zidane

El Barcelona y el Madrid se hicieron la puñeta en un partido que demandaba un ganador. Por la vía anímica, los azulgrana alcanzaron un empate que los madridistas atraparon por el conducto futbolístico. El Madrid fue mejor equipo, o cuanto menos pareció más armado, y tuvo el encuentro a su merced por su mayor altura. Le perdió, como de costumbre, su falta de ambición. No supo cerrar el choque y habilitó al Barcelona. Ante la falta de juego, los azulgrana apelaron al coraje y sacaron otra igualada, como tantas otras, como cuando el Liverpool o el Roma. El partido, interrumpido por dos veces, expresó al fin y al cabo la falta de peso y autoridad de uno y otro para manejar la Liga que de momento lidera el Valencia con el Deportivo a la expectativa.

El Madrid gobernó el primer acto con una suficiencia insultante por desconocida en el Camp Nou, aunque nada sorprendente si se atiende al momento que vive el Barça, un equipo desenfocado y despelotado, de aspecto a veces incluso espantoso y descreído de tantos juramentos como ha venido sellando en vano. Ni con la entrada de Xavi recuperó una cierta cordura futbolística. El medio centro le da al equipo mayor criterio y le hace incluso más reconocible. Ocurre, sin embargo, que no hay futbolista capaz de garantizar la victoria ni solucionar los problemas estructurales que arrastra el plantel azulgrana.

Por un momento pareció que Xavi sería capaz de regular en la cancha la calentura que desprendía la grada. La hinchada demandaba un triunfo por lo civil o lo criminal, y de la electricidad del ambiente sacó el equipo una sentida agresividad inicial, expresada alrededor de Saviola, que el Madrid supo combatir, pese a que César andaba flojo de manos, o eso pareció en el primer libre directo que soltó la zurda de Rivaldo. Pero el brasileño se dejó la pierna en el remate y a los diez minutos ya mandaba el Madrid como quien no quiere la cosa, de tan bien como agarró la contienda, de lo fácil que se le puso el choque.

Del Bosque había procurado desde la salida que el equipo no se diseminara, y de ahí la alineación de Guti, futbolista de enganche, delantero camuflado si se quiere, y como tal un punta de los que tanto cuesta defender a los centrales del Barcelona, que nunca se sabe si vienen o van, aunque nunca cierran. La presencia de Guti le dio mayor variedad al Madrid, que atacaba con el rombo y se recogía con tres medios, aun cuando podía restarle protagonismo ofensivo que disimuló Zidane, especialmente activo, muy puesto como enganche, especialmente feliz y diligente, como corraboró con el gol, armado por Raúl y servido por Coco, en una jugada que retrató lo mál que defendía el Barça y lo fácil que le resultaba atacar al Madrid.

El buen posicionamiento del equipo blanco desdibujó al Barcelona, estrangulado por el tridente, falto de juego por las bandas, incapaz de fijar las marcas del Madrid. Exigido ya desde el miércoles por el Liverpool, el Barça anduvo siempre por detrás del Madrid, al que no le costó nada enfriar la contienda, jugar al paso, tocando y basculando, procurando no perder la pelota para que los azulgrana no armaran una rápida transición, la única salida del rival que no parecía controlar el grupo de Del Bosque

El descanso resultó un alivio para el Barcelona, asustado por la comodidad con la que se había movido el Madrid. El paisaje exigía a Rexach un cambio rápido de plan, si es que tuvo alguno, y para animoso nadie como Rochemback, un agitador nato. Por no saber cerrar el partido en el primer acto, el Madrid pasó un mal rato y César acabó por conceder el empate en un remate de Xavi. Pese a no mejorar futbolísticamente y a defender malamente como en cada jornada, el Barcelona se animó y el Real Madrid se acurrucó. Perdió la pelota y apareció de nuevo el equipo blanco voluble y frágil, a merced de los acontecimientos, sometido al nervio del rival, que arrambló con todo a partir de una alineación que los cambios convirtieron en más razonable.

Overmars le dio desborde al Barcelona y el Madrid se refugió en Raúl, que ofreció la jugada del partido, repelida por el travesaño. Entre uno y otro le dieron vida a la refriega, y el gol pudo caer en una u otra portería dado el tembleque defensivo de madridistas y barcelonistas. Nadie dominaba el partido, y ante el desfonde de los dos equipos, ambos buscaron las faltas en el balcón del área. Xavi remató a la cruceta y a Zidane se le fue el disparo escupido por la barrera. El empate resultó inamovible, y sancionó a los dos equipos, aunque en mayor medida al Barcelona, que actuaba como local y necesitaba el triunfo más que el Madrid. Un punto, en cualquier caso, tampoco le sirve de mucho al equipo blanco, y menos tal como le fue el partido, que lo tuvo siempre de cara. Al Madrid le puede resultar caro seguir un año más sin ganar en el Camp Nou simplemente por dar el empate por bueno. Ni uno ni otro equipo parecen estar para mandar en el campeonato para suerte del Valencia y del Deportivo.

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