Lo humano y lo sagrado: Carrère publica en francés ‘V13′, el libro sobre el juicio de los atentados de 2015

“No salimos del proceso igual que como entramos”, dice el escritor tras cubrirlo durante diez meses para EL PAÍS y ‘L’Obs’

Emmanuel Carrère en su casa de París, el 25 de agosto en París.
Emmanuel Carrère en su casa de París, el 25 de agosto en París.Damien Grenon (ContactoPhoto / AFP)

Nadie, entre los presentes, olvidará jamás aquella noche en la Brasserie les Deux Palais.

Más de un centenar de personas llenaba el local y la terraza frente al viejo Palacio de Justicia de París. Había alivio y euforia. Vino y champán. El juez Jean-Louis Périès acababa de leer la sentencia por los atentados islamistas del 13 de noviembre de 2015 en París y Saint-Denis. En el Deux Palais se encontraban supervivientes de los atentados y padres y madres que perdieron a sus hijos. Estaban los abogados que habían defendido a los terroristas, y los severos fiscales, relajados ya tras diez meses de juicio, aunque discretamente vigilados por los guardaespaldas desde la acera. Se formaban corrillos de pie, tertulias entre las mesas. También estaban los tres acusados que quedaron en libertad y que, durante el juicio, habían confraternizado con algunos de los asistentes, víctimas incluidas. Ahora algunos les felicitaban y se hacían selfis con ellos. Por los corrillos y las mesas se movía un célebre escritor que, religiosamente, había cubierto todo el juicio, y que, sin quererlo, tenían ante sí el final idóneo a la novela de no ficción que había ido redactando esos meses.

“¡Vaya noche!”, dijo Emmanuel Carrère, entre copa y copa, cuando se cruzó con este corresponsal en aquella extraña fiesta en la que se mezclaba lo más humano con algo distinto. En la sala del juicio, que el escritor compara a una iglesia, “se había desarrollado algo sagrado”.

Era el 29 de junio pasado, cerca de la medianoche, y, para el autor de El adversario, concluía su último proyecto literario. Los lectores de EL PAÍS pudieron leer, durante todo el curso pasado, las crónicas semanales que Carrère (París, 64 años) iba enviando, por encargo del semanario francés L’Obs y publicadas también en otros diarios europeos, sobre el macrojuicio por los atentados, en los que un comando yihadista mató a 130 personas. Ahora las crónicas, ampliadas y algunas retocadas, se publican como libro en francés bajo el título V13. Chronique judiciaire. V13 es el nombre que los asiduos daban al juicio, porque los atentados ocurrieron un viernes 13. La editorial Anagrama prevé sacar V13 en castellano y catalán en la primavera de 2023.

La publicación de V13 coincide con el estreno, en octubre, de Noviembre, la película sobre la búsqueda a los terroristas en los días posteriores a los atentados. La dirige Cédric Jimenez, realizador de Bac Nord. Y llega con polémica por el retrato que hace de Sonia, la mujer que señaló el lugar en las afueras de París donde se escondía Abdelhamid Abaaoud, cabecilla del comando. Sonia, que evitó así más atentados y vive desde entonces con una identidad falsa, aparece en la película cubierta con un velo islámico, prenda que la Sonia real no lleva (una nota al inicio del filme precisará que el velo de Sonia es ficticio y no refleja sus convicciones). V13 coincide también con la publicación de otro libro sobre el proceso: Et nous nous sommes parlé (Y nos hablamos), escrito por el superviviente del Bataclan Arthur Dénouveaux, el abogado Xavier Nogueras y la periodista Charlotte Piret.

Cuando en septiembre empezó a cubrir el juicio, Carrère no tenía claro si seguiría hasta el final. “No se esperaba mucho”, comentaba hace unos días mientras tomaba té en su apartamento a París con los corresponsales de la red de diarios europeos LENA. “Se decía que era un proceso en el que no había nada verdaderamente en juego desde el punto de vista penal: los que estaban en el banquillo no eran los que habían matado. Había tantas partes civiles, que se pensaba que su palabra quedaría diluida. Y había una voluntad declarada de que fuese un proceso ejemplar, para la Historia, una especie de publicidad para la justicia y la democracia”. “A todos”, continúa en alusión a la tribu de periodistas en el tribunal, pero también a las víctimas que asistían al juicio, “nos sorprendió el interés que acabamos sintiendo: para algunos, un fenómeno de adicción que hacía que no quisiéramos perdernos las audiencias”.

Carrère tampoco tenía claro qué daría de sí el proceso literariamente. “En torno a Semana Santa, pensé en hacer algo enorme sobre el yihadismo”, revela. “Pero me di cuenta de que no me apetecía pasarme dos años más con los terroristas y que, de todas maneras, yo carecía de las competencias para hacerlo”.

Jesse Hughes, componente de Eagles of Death Metal, la banda que tocaba el 13 noviembre de 2015 cuando se produjo el atentado, visitando el homenaje a los fallecidos a la entrada de la sala.
Jesse Hughes, componente de Eagles of Death Metal, la banda que tocaba el 13 noviembre de 2015 cuando se produjo el atentado, visitando el homenaje a los fallecidos a la entrada de la sala. Jacques Brinon (AP)

No hubo momentos de duda. Ni siquiera cuando, en febrero, comenzó la invasión rusa de Ucrania, que le pilló en Moscú. Se quedó allí durante más de una semana para escribir un reportaje publicado también en este diario. “En aquel momento”, recuerda, “todos tuvimos la impresión de que el proceso ya no era de actualidad y que a todo el mundo le daba igual. Pero a los pocos días nos dimos cuenta de que nuestro trabajo era estar ahí, y que íbamos a continuar”.

La experiencia del macroproceso antiterrorista le transformó: a él y a los que, del primer al último día, estuvieron en la sala construida expresamente en el interior del salón de pasos perdidos del Palacio de Justicia. “Escuchar aquel coro de experiencias humanas extremas, de sufrimiento, de piedad, de terror modifica algo en tu sensibilidad”, afirma. “Pienso que más bien vuelve vulnerable que fuerte. No salimos igual de aquella caja que como entramos”.

Carrère pone reparos a la condena a cadena perpetua irreductible para el principal acusado, Salah Abdeslam, único superviviente del comando. A fin de cuentas, Abdeslam no activó su cinturón explosivo. Por un fallo mecánico, como consideran los jueces, por miedo o, como alegó él, por humanidad. “Pienso que la voluntad de ejemplaridad prevaleció sobre la de proporcionalidad”, dice el autor. “Encuentro que el veredicto y las penas son cuestionables, pero esto no impide pensar que el proceso fue muy bien. No sé muy bien cómo asumir esto”.

Carrère es muy reportero, en el sentido de que muestra más que dice, y describe más que pontifica. Además, expone sin pudor sus dudas y contradicciones. Durante los alegatos de los fiscales y los abogados de la defensa, admite que se deja convencer mientras escucha a unos y otros. Y escribe: “Entro con facilidad en las razones del otro, lo que a la vez es una cualidad –ausencia de prejuicio– y un defecto –el riesgo de ser un veleta, siempre de la opinión del último en hablar–. Mi íntima convicción es flotante, indecisa”.

V13 es puro Carrère: el ritmo trepidante, la claridad expositiva, la exploración sin red de los recovecos humanos. No es, sin embargo, el Carrère introspectivo de su último libro en español, Yoga, relato de su profunda depresión e ingreso en un hospital psiquiátrico, ni el de Una novela rusa, donde contaba un año en su atormentada vida sentimental y familiar. Después de aquel libro publicó De vidas ajenas, donde en vez de mirarse a sí mismo giraba la vista afuera. En V13 hace lo mismo tras el autobiográfico Yoga. Hay poco “yo” y mucho “nosotros”, “un relato colectivo y magnífico”, dice en la conversación. Hay poco narcisismo y sí un esfuerzo notorio por ponerse en el lugar del otro. Pese a lo dramático del proceso, hay pocos sentimientos siniestros y mucha humanidad. Y trascendencia. Para los lectores de El Reino, su libro sobre los orígenes del cristianismo, no es ninguna novedad.

Una mujer es evacuada de Bataclan tras el atentado.
Una mujer es evacuada de Bataclan tras el atentado. Thibault Camus (AP)

La noche de la Brasserie des Deux Palais fue un concentrado de todo esto, una catarsis en la que estaba casi todo el dramatis personae de la función. Que aquella fiesta fuese precisamente en un café parisino podía interpretarse como un símbolo: los terroristas habían atentado contra las terrazas y cafés como La Belle Équipe y otros, símbolo del hedonismo de la ciudad; ahora las terrazas vencían: la vida vencía.

A algunos, sin embargo, les incomodó la presencia en el Deux Palais de condenados con penas relativamente bajas y que habían salido en libertad. Les disgustó el ambiente de confraternización.

Explica Carrère: “Muchos aceptaron vivir esta especie de muy extraña euforia que nos arrastró al final por haber pasado todo aquello juntos. Aquella noche se mezclaban tantos sentimientos. Fue un final que se parecía al proceso, de alguna manera, a la comunidad que se había creado”. Pero matiza: “También había una mujer joven que vino con su compañero, gravemente herido en La Belle Équipe. Les pareció horrible y se marcharon. Y tienen razón también.”

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Sobre la firma

Marc Bassets

Es corresponsal de EL PAÍS en París y antes lo fue en Washington. Se incorporó a este diario en 2014 después de haber trabajado para 'La Vanguardia' en Bruselas, Berlín, Nueva York y Washington. Es autor del libro 'Otoño americano' (editorial Elba, 2017).

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