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Trenes rigurosamente evocados

Mauricio Wiesenthal reescribe y expande un libro suyo de juventud sobre el romántico y lujoso Orient-Express

Un vagón del Orient-Express, en 2008. 
Un vagón del Orient-Express, en 2008.  GETTY IMAGES

Mauricio Wiesenthal (Barcelona, 1943) es un escritor que desde los márgenes de lo popular (libros guías, biografías literarias, manuales de enología…) ha accedido a un territorio literario propio y con lectores. No está de más recordar que su asentamiento en editoriales como Acantilado o Edhasa lo fue por la apuesta editora de rigor seguida por el boca a boca de lectores, como sucedió con Libro de réquiems (2004). Lectores que se toparon con una fragancia que no habían encontrado en ningún otro autor español.

Escritor trotamundos, dandi con más ganas de compartir que de epatar que utiliza sus libros para defender, sin complejos ni mala conciencia, con pasión, la cultura europea hasta la II Guerra Mundial. Biografía y cuaderno de viajes son los instrumentos básicos de Wiesenthal, que, a veces, se relame los bigotes, glotón, pero que es un gato al que nunca matará el exceso de curiosidad, algo que sus lectores le agradecerán siempre. Como también agradecen cuando se enoja contra la vulgaridad y lo zafio, el imperialismo USA, las dictaduras, los turistas o las prisas sin convertirlo nunca en farsa o parodia. Sus libros —y este es una prueba más de ello— están siempre muy trabajados, de fuerte fragancia nostálgica, piezas del espejo roto de lo europeo. Los construye desde una observación sensual de los detalles y con plan de estudios de tres o cuatro generaciones atrás. La biografía del personaje histórico como Piedra Rosetta del alma del biografiado, lo vivido como marca interpretativa de la obra pictórica, literaria o como monarca. En otro autor ya no darías crédito a esa propuesta. En este caso, su entusiasmo es tan genuino que se lo entregas sin dudar.

En esta ocasión, Wiesenthal ha reescrito y expandido un libro suyo de juventud —La belle époque del Orient-Express (1979)— sobre el más romántico y lujoso de los trenes. De París-Londres a Estambul. Aquel libro reseñaba los aspectos que se establecieron entre época y tren nacido con vocación de unidad, construido tanto para expandir el comercio como para dinamitar fronteras, rencillas y odios entre pueblos y naciones. El amor a los trenes, al lujo y la belleza, a la vida bohemia o artesanal, a ritmo de tren, estaciones como despedidas y ventanas como promesas de futuro. El escritor aplica su fórmula habitual: el uso de autor como personaje que ha ido detrás de cualquier cosa, ha estado en muchos sitios y escuchó con atención a los que estuvieron en lugares o conocieron a personajes que ya no están. Hay en Orient-Express datos, erudición, una prosa especiada que a veces nos hace crujir los dientes ante el derrape hacia lo almibarado. Con buen criterio y mejor oficio, en determinado momento se desarrolla una estructura novelesca que nos lleva a convivir con media docena de pasajeros en un tren, un placer demodé de novela que leemos con agrado, que el escritor utiliza para seguir cubriendo aspectos de una curiosidad que, en casi 400 páginas, ya está saciada. Todo reafirmando la sugestiva idea de que las dimensiones de nuestro continente nos hacen sensibles al detalle. Wiesenthal juega sus cartas y nos sigue haciendo sufrir con su relación con una hermosa mujer, Tatiana, exceso de réplicas wildeanas. Pero nuestro dandi favorito no derrapa finalmente, sino que se da el lujo de terminar la novela con un tiro entre las cejas y con toda la vajilla intacta.

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Autor: Mauricio Wiesenthal.

Editorial: Acantilado, 2020.

Formato: tapa blanda (384 páginas, 22 euros).

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