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LIBROS

150 años sin Dickens: 15 escritores opinan sobre su legado e influencia

Javier Marías, Jonathan Coe, Dave Eggers, Salman Rushdie, Margo Glantz, Junot Díaz y Colm Tóibín, entre otros, analizan el influjo del autor inglés, fallecido hace un siglo y medio, en su educación como lectores y su manera de escribir

'Dickens' Dream', cuadro inacabado del pintor Robert W. Buss (1804-1875).
'Dickens' Dream', cuadro inacabado del pintor Robert W. Buss (1804-1875).

El 9 de junio de 1870, Charles Dickens fallecía de un ataque al corazón. Fue el final a una trayectoria que llevó a este hombre de extracción humilde —autodidacta e hijo de un convicto, lo que le obligó a trabajar en una fábrica desde pequeño— a convertirse en el escritor más leído de su tiempo, cronista de una Inglaterra en plena industrialización. En el 150º aniversario de su muerte, 15 autores juzgan la influencia que Dickens ejerció sobre su manera de escribir y analizan por qué su obra se mantiene vigente en la actualidad, mientras el legado literario de muchos de sus contemporáneos ha caído en el olvido.

Javier Marías

“Su realidad jamás es plana, porque no la ofrece en bruto, sino destilada”

Empecé a leer a Dickens en la infancia, tal vez me estrené con Historia de dos ciudades y seguí con Oliver Twist y David Copperfield (Cuento de Navidad siempre me aburrió). Nunca he dejado de frecuentarlo, y, ya adulto, conocí Casa desolada, acaso su mejor novela. Creo que si su obra pervive es por lo que perviven cuantas lo logran, desde Cervantes, Shakespeare y Sterne a Proust y Faulkner: era un extraordinario estilista, y sus textos, bajo su apariencia melodramática o humorística, contienen una profundidad que aún nos hace pensar y nos revela lo que ignorábamos que quizá intuíamos. Parecen entretenimiento y lo son; parecen historias adictivas mientras uno las lee, y lo son; parecen realistas y hasta costumbristas en ocasiones, y lo son, pero en escasa medida, porque la realidad que presentan es una realidad estilizada y rayana en lo inverosímil, como demuestran los propios nombres de sus personajes. Su realidad jamás es plana, porque no la ofrece en bruto, sino destilada.

Junto a estas virtudes pasajeras, posee las más duraderas: Dickens escribe maravillosamente, y eso, hoy tan desdeñado o relegado, es lo único que perdura a través de los tiempos. A muchos de sus contemporáneos, autores de folletines, no hay ya quien los resista. A él sí, porque cada página suya encierra hallazgos estilísticos de primera magnitud. La prueba es que no resulta fácil leerlo en inglés si no se tiene un conocimiento cabal de esa lengua; la prueba es que las traducciones rara vez consiguen estar a su altura, lo mismo que ocurre con las de Conrad, James y Faulkner. Hasta su obra más cómica, “ligera” y cervantina, Los papeles del Club Pickwick, monumento al humor y al buen humor, está plagada de sorprendentes aciertos literarios. En cuanto a su profundidad, baste volver a citar unos párrafos a los que recurrí al final de mi última novela publicada, Berta Isla. “Toda criatura humana está destinada a constituir un profundo secreto y misterio para todas las otras. Cuando llego a una gran ciudad de noche, cada una de esas casas arracimadas lóbregamente encierra su propio secreto; cada habitación en cada una de ellas encierra su propio secreto; cada corazón palpitante en los centenares de millares de pechos que allí se esconden, es, en algunas de sus figuraciones, un secreto para el corazón más próximo, el que dormita y late a su lado. Y hay en todo ello algo atribuible al espanto”. La cita es más larga, y pertenece a Historia de dos ciudades, considerada una de sus novelas menores. Qué encerrarán, pues, las mayores.

Su última novela publicada es Berta Isla (Alfaguara, 2017).


Jonathan Coe

“Sentía horror ante la perspectiva de aburrir a su público, lo que explica muchas cosas en nuestra literatura... y en nuestra política”

Mi introducción a Dickens llegó a través del cine, cuando descubrí un fragmento del comienzo de la magnífica adaptación que David Lean hizo de Grandes esperanzas en un programa infantil en la televisión. La imagen de Magwitch, el convicto que se apodera del joven Pip, en ese cementerio cubierto de niebla, me persiguió durante muchos años. Cuando leí a Dickens por primera vez, de adolescente, no lo asociaba con el arduo trabajo de leer a un autor clásico. En mi mente, ya asociaba su trabajo con el misterio, el suspense y la emoción.

Muchos lo consideran ahora como el gran novelista inglés (supongo que solo Jane Austen lo desafiaría por esa corona, pero no puedo evitar pensar que, en comparación, su lienzo es más reducido). Dickens contiene alguna de las contradicciones de la cultura inglesa. Por un lado, encarna esa crítica social compasiva que representa lo mejor de nuestra nación. Por el otro, lo grotesco de sus personajes, su humor y su disposición a usar los tropos de la ficción detectivesca sugieren que sentía horror ante la perspectiva de aburrir a su público, y eso me parece significativo. Hay que recordar que el público inglés nunca escuchará, confiará o perdonará a las personas que los aburran, incluso si son genios en todos los demás aspecto. Eso explica muchas cosas en nuestra literatura... y en nuestra política, por otra parte.

Su última novela publicada es El corazón de Inglaterra (Anagrama, 2019).


150 años sin Dickens: 15 escritores opinan sobre su legado e influencia

Dave Eggers

“No lo leí hasta pasados los 30 años, tenía la maldición de la lectura obligatoria”

“Por alguna razón, nunca me hicieron leer a Dickens de pequeño. Todo el mundo conocía Cuento de Navidad, pero asociaba el nombre de Dickens a una noción lejana y vaga de la vieja Inglaterra. Ya de adulto, lo evité durante mucho tiempo. Tenía la maldición de la lectura obligatoria. Así que imaginen mi sorpresa cuando, superados los 30 años, leí por primera vez David Copperfield, y lo encontré totalmente vivo, extremadamente divertido, con un gran corazón y plenamente accesible. No puedo decir que todas sus novelas hayan tenido el mismo efecto en mí, pero, en general, si dejamos que Dickens sea Dickens –un narrador muy popular y moralista, y no un esnob intencionadamente canónico–, podremos lograr que sus libros sigan siendo leídos. Tienen mucho que enseñarnos.

Su última novela publicada es Héroes de la frontera (Literatura Random House, 2017).


Posy Simmonds

“No me gustaban sus personajes femeninos, extremadamente inocentes o grotescos”

La prosa de Dickens es extremadamente ingeniosa y abarca una amplia gama de efectos: fantásticos, atmosféricos y caricaturescos. Por encima de todo, tenía un oído agudo para el diálogo, reconociendo el potencial cómico en la forma de hablar de la gente, sus coloquialismos y malas pronunciaciones. Leí Dickens a los 10 años, comenzando con Oliver Twist y Cuento de Navidad, y luego leí la mayoría de sus novelas durante los años escolares. Mi favorito era y sigue siendo Casa desolada, que admiro por su trama y por la sátira del antiguo Alto Tribunal de Cancillería (una sátira con resonancias en la actualidad, cuando el costo de los procedimientos legales excede los daños ganados). Recuerdo también que no me gustaban la mayoría de los personajes femeninos de Dickens, limitados a lo extremadamente inocente y a lo extremadamente grotesco.

Su legado está grabado en el idioma: dickensiano es una abreviación para describir la extrema pobreza; el uso incorrecto de una palabra es un malapropismo, como la señora Malaprop, y Scrooge es sinónimo de un ser avaro. Hace unos años, volví a leer Cuento de Navidad cuando comenzaba a escribir y dibujar Cassandra Darke. Planeé hacer la historia sobre un Scrooge contemporáneo, un Scrooge femenino. Camino mucho por Londres y en aquel momento, la diferencia que noté entre los distritos ricos y pobres, y el número creciente de mendigos y personas sin hogar en las calles, me recordaron al Londres victoriano. El Londres de Dickens era enorme, extenso y ennegrecido por el carbón. Él conocía sus hermosas casas y sus rincones miserables. El Londres de hoy es enorme, extenso y contaminado por el tráfico. Las hermosas casas y los rincones miserables siguen estando aquí.

Su último cómic publicado es Cassandra Darke (Salamandra Graphic, 2020).


Junot Díaz

“Supo amoldar su talento literario a la serialidad, lo que le ayuda a seguir vivo hoy”

No descubrí a Dickens hasta que fui un adulto universitario, pero Dickens se volvió muy importante para mí muy rápidamente. Fue y sigue siendo una influencia enorme para mí: su preocupación por la pobreza y la injusticia, su curiosidad enciclopédica y su don con la lengua son inspiradores e instructivos. Sigo leyendo a Dickens: hace poco volví a David Copperfield y Casa desolada. De los antiguos, Dickens, Melville o Victor Hugo contribuyeron mucho a mi sensibilidad literaria.

Siempre es difícil juzgar por qué un corpus es venerado en el firmamento literario mientras otro es relegado a criar polvo. La suerte y la omnipresencia no hacen daño, y Dickens tuvo un poco de las dos cosas. Si tuviera que intentar explicar el poder de Dickens para permanecer entre nosotros, más allá de los caprichos habituales en la formación de cánones, diría tiene que ver con su capacidad para emparejar un personaje con un conflicto y luego aplicar la cantidad correcta de calor dramático. Supo amoldar su talento literario a la serialidad requerida, lo que confiere a su trabajo una energía que le permite mantenerse vivo en esta era de periodos de atención reducidos. Por último, nosotros, sus lectores, anhelamos un mundo en el que sea posible un espíritu moral altruista. El trabajo de Dickens nos da ese regalo o esa fantasía.

Su última novela publicada es Así es como la pierdes (Literatura Random House, 2013).


150 años sin Dickens: 15 escritores opinan sobre su legado e influencia

Colm Tóibín

“Sus personajes eran más reales y más interesantes que cualquier persona en el mundo real”

A Dickens le encantaban los acontecimientos en una novela, los arrebatos, los giros y las vueltas en la trama. La vida en sus novelas nunca es estable. No hay tiempo para gestionar la existencia de manera introspectiva u ordenada. En sus novelas, el destino cambia rápidamente. Los personajes que desaparecen vuelven a aparecer. A Dickens no le suponía un problema el mal puro o la bondad real, pero sus protagonistas suelen vivir en un espacio intermedio, listos para ser sacudidos por los dictados del destino. Dickens se deleitaba en la ciudad bulliciosa y las calles abarrotadas. Para los novelistas que llegaron tras él, y para sus lectores, creó un apetito por personajes de ficción que eran más reales y más interesantes que cualquier persona en el mundo real.

Su última novela publicada es Madres e hijos (Lumen, 2019).


Ignacio Martínez de Pisón

“Abrió unos caminos por los que muchos escritores hemos transitado después”

Hace mucho que no leo a Dickens pero el recuerdo que conservo de esas lecturas sigue siendo bueno. No sé si llegaron a marcarme, pero me gustaron mucho Oliver Twist e Historia de dos ciudades. Fue uno de los fundadores del gran realismo decimonónico, así que, aunque no sabría detectar influencias en mi obra más allá de un homenaje que le hice en mi primera novela, La ternura del dragón, reconozco que abrió unos caminos por los que muchos escritores hemos transitado tanto tiempo después. El viejo realismo es como la pintura figurativa, que ni en los periodos de mayor pujanza del arte abstracto dejó de existir. Del mismo modo, el realismo heredero de Dickens se ha mantenido vivo durante estos casi dos siglos en los que han surgido tantas tendencias de signo tan diferente.

Su última novela publicada es Filek (Seix Barral, 2019).


Michael Cunningham

“En su obra no puedes separar a los personajes de la clase social, la economía y la política”

Dickens fue uno de los primeros escritores ingleses que poblaron sus historias con personas reales –muy reales– y las colocaron en el contexto de los sistemas sociales y políticos en los que malvivían. En su obra no puedes separar a los personajes de la clase social, la economía y la política; de todas las fuerzas, visibles e invisibles, que dan forma a nuestras vidas. En El arte de la ficción, Henry James, miembro de la generación posterior a la de Dickens, dijo: “¿Qué es un personaje sino la fijación de una acción? ¿Qué es la acción sino la ilustración de un personaje?”. Bien podría haberse referido a Dickens, como el elogio más elevado que uno pueda imaginar. La literatura, en cualquier país y cultura, no produce muchas novelas con la amplitud y la profundidad de su trabajo. No produce muchas novelas que tengan en consideración las relaciones entre el personaje y la acción. Dicho todo esto, no es ningún misterio que Dickens siga estando tan vivo y siendo relevante en el mundo en el que nos encontramos.

Su última novela publicada es La reina de las nieves (Lumen, 2016).


150 años sin Dickens: 15 escritores opinan sobre su legado e influencia

A. L. Kennedy

Combinó un trabajo de auténtica calidad con un atractivo para las masas, lo que nunca es fácil”

Dickens fue un autor ejemplar. Disfruté al leerlo de niña y lo he admirado cada vez más desde que empecé a trabajar como escritora. Combinó un trabajo de auténtica calidad con un atractivo para las masas, lo que nunca es fácil. Trabajó duro, posiblemente demasiado duro. Entendió la relación entre la palabra hablada y escrita. Eso dio humor y accesibilidad a su prosa y le convirtió en un pionero del tour literario con sus giras donde hacía lecturas de su propio trabajo. Habiendo sido débil, solitario y desprovisto de una voz, cuando logró tener una plataforma de expresión la dedicó a quienes seguían siendo débiles y no tenían forma de expresarse. A lo largo de su vida, mantuvo su interés por el mundo y las personas. Si algunos de sus apetitos pueden haber sido reprochables [en la reciente biografía The Mistery of Charles Dickens, A.N. Wilson le acusa de haber maltratado psicológicamente a su esposa y de haberla engañado con una actriz de 18 años], aportó una indudable pasión a todos sus proyectos, una gratitud por su existencia. Adoptó nuevas técnicas y formas a medida que surgieron y apoyó a otros escritores, especialmente a las mujeres. Escuchó las críticas. No se puede esperar más de un escritor. Hizo un buen trabajo para hacerle compañía al lector, nos ofreció comprensión de nuestro dolor, dejó vía libre a su indignación y nos mostró la belleza de la compasión. Dickens nos recuerda, incluso ahora, la brevedad de la vida y nos da la medida de sus hipotéticos logros. Siempre nos está preguntando: “¿Hemos ayudado a alguien, a una sola persona?”.

Su última novela publicada es Mary y la serpiente (Alfaguara, 2019).


Salman Rushdie

“En sus novelas hay arzobispos y asesinos, tenderos y putas, nada queda fuera de su alcance”

Dickens [me ha influido] más que nadie. Últimamente hay una polémica acerca de si el arte de contar historias es algo distinto de la literatura… Para mí son cosas inseparables. Todo es lenguaje. Cuando abro un libro quiero que me cuenten una historia, ver cómo los personajes se mueven por el mundo. Dickens entiende mejor que nadie la función narrativa de las historias, por eso es capaz de desplegar tantos planos narrativos que se entrecruzan sin jamás confundir al lector. Es la misma técnica que utilizan las series de televisión hoy. Solo que Dickens ya lo hacía en el siglo XIX. En sus novelas hay arzobispos y asesinos, tenderos y putas, nada queda fuera de su alcance. Doy clases de escritura creativa y lo primero que digo a mis estudiantes es que lo más importante es tener una buena historia que contar.

Su última novela publicada es Quijote (Seix Barral, 2020).


Rick Moody

“Es un gran escritor sobre los peligros del capitalismo y del industrialismo”

Leí a Dickens primero cuando era bastante joven. En particular, leí Oliver Twist. Hubo un tonto musical que se estrenó cuando tenía 9 o 10 años y, como yo era un lector ridículamente ambicioso para mi edad, intenté empezar la novela al haber disfrutado de la película. A partir de entonces, leí algunos de sus grandes éxitos en mi adolescencia, como Grandes esperanzas y Tiempos difíciles. Me gustaron bastante, especialmente Miss Havisham en llamas. Me gustó su prosa. A veces sentía que las caracterizaciones eran demasiado cómicas y me acomodé en esa opinión, siendo un pretencioso aspirante a escritor que favorecía las opiniones impopulares. En el último año de la universidad, me comprometí a leer Casa desolada, y lo hice a través de la lenta de las obras maestras cómicas de la posguerra estadounidense; esto es, lo leí a la vez que a Thomas Pynchon, Joseph Heller y Kurt Vonnegut. De repente, Dickens parecía totalmente nuevo. Casa desolada parecía una obra maestra cómica gargantuesca. Su sátira de las instituciones sigue siendo muy acertada. Desde entonces, he moderado mis opiniones sobre sus caracterizaciones y su ocasional sentimentalismo. Creo que Dickens es un gran escritor sobre la clase social y sobre los peligros del capitalismo, un gran escritor sobre el alto coste del industrialismo, y que es un compositor de historias y personajes brillante, casi sinfónico. Hizo más para definir la novela en la forma en que la conocemos hoy que cualquier escritor del siglo XIX.

Su última novela publicada es El velo negro (Literatura Random House, 2003).


Margo Glantz

“Dejó una huella en mí, como todos los novelistas que se leen durante la adolescencia”

No creo que Dickens haya tenido una influencia evidente en mi escritura; escribo muy distinto a cómo escribía él y a cómo escriben muchos escritores hoy en día; pues obviamente no tengo, a imitación de Dickens, tanta pasión por la trama, como decía mi querido amigo y gran escritor Sergio Pitol. Dickens fue uno de los autores que formó parte de mis lecturas de adolescencia y, después, de toda la vida, y supongo que debe de haber dejado una huella en mí, como dejan todos los novelistas que se leen durante la adolescencia, lecturas apasionadas que luego releemos, aunque sin la curiosidad, el entusiasmo y hasta la inocencia con que se hacen las primeras lecturas formativas, las que nos ayudan a redondear nuestra educación sentimental e intelectual.

Leí a los 15 años David Copperfield, Oliver Twist y La pequeña Dorrit, casi al mismo tiempo que leía a Julio Verne, a Salgari, a Victor Hugo, a Kafka, a Alejandro Dumas, a Dostoievski, a Faulkner –traducido por Borges– y también novelas rosa. Me conmovían las desventuras de la pequeña Nell en La tienda de antigüedades, me entusiasmaban personajes absolutamente inolvidables como la señorita Havisham de Grandes esperanzas y, a la manera de los lectores de la Inglaterra decimonónica, me sublevé contra las injustas leyes que confinaban en la cárcel a los ciudadanos cuando se declaraban en bancarrota y no podían pagar sus deudas, como le pasó al padre de Dickens, por lo que éste tuvo que vivir como Oliver Twist, personaje que luego fue el favorito de mi hija mayor cuando se hizo el musical Oliver. Desventajas económicas y sociales que regresaron de otra forma y otra vez, si alguna vez se fueron, a Inglaterra y todo el mundo.

Su última novela publicada es Por breve herida (Sexto Piso, 2016).


150 años sin Dickens: 15 escritores opinan sobre su legado e influencia

Tobias Wolff

“Tiene un don especial para la vida interior de los niños, especialmente si están al margen de la sociedad”

Me encantaba Dickens cuando era un lector joven, especialmente Grandes esperanzas, que releí varias veces. Luego pasé a Historia de dos ciudades y David Copperfield, y a sus otras novelas a medida que me hacía mayor, volviendo una y otra vez a mi favorita, Casa desolada. Dickens tiene un don especial para representar la vida interior de los niños, especialmente si están al margen de la sociedad, y no tengo ninguna duda de que mi aprecio por esta cuestión se trasladó a mi propio trabajo, aunque nunca fui consciente de su influencia en el proceso de mi escritura. Pero así es como funciona la influencia: es más poderosa cuanto menos nos damos cuenta. Debo añadir que Dickens firmó una de las prosas más bellas de nuestro idioma. Les podría leer en voz alta las primeras dos páginas de Casa desolada para remitirme a las pruebas…

Su último libro publicado es Aquí empieza nuestra historia (Alfaguara, 2009).


Tom Gauld

“Su ficción fue tan poderosa que se ha enclavado en nuestra cultura con más fuerza que la realidad”

Por lo general, me siento más atraído por la escritura moderada en la que menos es más. Pero, con Dickens, más es más. Es como un amigo que nunca deja de hablar, pero que es tan divertido de escuchar que no te molesta que nunca puedas mediar palabra. También es un escritor brillantemente visual. Cuando leo sus libros, siento que puedo cerrar los ojos y ver el mundo que está describiendo. Llegué a Dickens a través de adaptaciones cinematográficas y televisivas de las novelas. No leí ninguno de sus libros hasta que tenía veintitantos años. Casa desolada es la que más me sigue acompañando. Fue el primero de sus libros que leí sin tener ideas preconcebidas de adaptaciones u otras referencias culturales. Todas las imágenes y personajes en él fueron evocados directamente de la prosa de Dickens. De vez en cuando, creo cómics inspirados por su trabajo. No creo que nadie pueda pensar en el Londres victoriano sin imaginar la versión de Dickens sobre la ciudad y la época. Su ficción fue tan poderosa que se ha enclavado en nuestra cultura con más fuerza que la realidad. No creo en el hecho de buscar lecciones para la actualidad en libros del pasado, pero Dickens nos muestra que las personas de su tiempo no eran una especie diferente. Sus crueldades, debilidades y amabilidades no eran muy diferentes a las nuestras.

Su último cómic publicado es En la cocina con Kafka (Salamandra Graphic, 2018).


Marta Sanz

“Su realismo aleccionador me parece más honesto que ese realismo aséptico que vende ideología como si no lo hiciera”

Todo el realismo ha tenido influencia en mi escritura. Ahora me planteo rescatar formas del realismo que no demonicen el tono aleccionador y moralista del que no están exentas las narraciones dickensianas, frente a ese otro realismo que gentrifica los estilos con una finalidad claramente comercial: nuestro imaginario universal es anglosajón y el estilo de todos los libros pasa por la asequibilidad inmediata. El realismo aleccionador me parece mucho más honesto que ese otro realismo, aparentemente aséptico, que vende ideología como si no lo hiciera. Cuando era niña, me marcaron David Copperfield y Oliver Twist. Había versiones recortadas y muy bien ilustradas que entraban por los ojos. Cuento de Navidad me daba pavor. De adulta, Los papeles del Club Pickwick e Historia de dos ciudades, el sentido del humor y la perspectiva panorámica me parecen deslumbrantes. ¿Hay algo más oportuno en los tiempos que corren que la sátira de la filantropía? ¿Han dejado de existir los niños esclavos? Yo creo que estas dos preguntas esclarecen por qué Dickens pinta mucho en el mundo de hoy. Eso y la rotunda afirmación sobre su maestría narrativa.

Su última novela publicada es pequeñas mujeres rojas (Anagrama, 2020).

 

Ilustraciones de Hablot K. Browne, conocido como Phiz, responsable de las primeras ediciones de Martin Chuzzlewit (1843-1844), David Copperfield (1849) e Historia de dos ciudades (1859). Los originales están conservados en el Victoria & Albert Museum (Londres).