Crisis del coronavirus

Kiko Veneno: “Tengo miedo por mi familia, por mí y por esta sociedad, por lo desarmada que está”

El cantante reflexiona desde su confinamiento sobre lo que está ocurriendo. “Tenemos mucha menos memoria que los virus”, dice

Kiko Veneno fotografiado en Madrid en octubre de 2019.
Kiko Veneno fotografiado en Madrid en octubre de 2019.Claudio Alvarez

Está con su pareja, Ana, y con su perro. En un pueblo a unos diez kilómetros de Sevilla. Ayer fue el cumpleaños de ella; el viernes es el de él. 68 años. “No hay mucho que hacer para celebrarlo. El ánimo es un poco cambiante, pero nos vamos reconfortando el uno al otro”, dice Kiko Veneno (Figueres, 1952), el músico que quizá mejor ha diseccionado la gran aventura humana con una perspectiva de “andar por casa”, como él lo califica.

Hace 40 años escribió una canción que hoy su título causa escalofríos, La catástrofe mayor, y tiene una de las frases a las que todos nos agarramos hoy como la última esperanza, unas palabras llevadas al cielo por la voz de Camarón: “Enamorado de la vida, aunque a veces duela” (de Volando voy). Está escribiendo bastante porque la musa se ha presentado para plantar cara a la desazón. “Estoy respondiendo al desafío de no bloquearme. Compongo mucho. Pero es la tercera semana de confinamiento y ya pasa factura el miedo, la angustia y la soledad”. Tiene listas varias canciones nuevas, entre ellas una llamada Hay gente, un homenaje a los sanitarios.

Nos habla desde su salón por teléfono. Se corta la comunicación al principio. “No se mueva usted, que lo pierdo”. “Ah, perdón, es que estaba buscado las gafas. Pero lo dejo, que no creo que las vaya a necesitar”.

¿Usted tiene miedo? Claro que tengo miedo. Mi madre está en una residencia en donde hay siete casos positivos. Está aislada desde hace diez días. Tengo una situación de angustia, de soledad, de miedo. No tanto por la salud de uno, porque vivo en buenas condiciones: estoy en un pueblo, en el campo y puedo salir a pasear con el perro. Pero sí tengo miedo por mi familia, por mí y por esta sociedad, por lo desarmada que está, lo incompetente que se muestra para manejarse en situaciones de necesidad de verdad. No hemos previsto nada. Tienes que priorizar y ver que las cosas más importantes del mundo cada vez son menos, en un momento dado son muy básicas.

¿Cómo calma esa angustia? Estoy haciendo una canción de una persona que empieza a mirar a una pared blanca y esta tiene unas manchitas que se mueven. Es el miedo, la soledad, la angustia que nos invade. Es el momento de explorar nuevos puentes con los vecinos, y con los semejantes. En ese aspecto esto es positivo. Pero en general el sistema da miedo. ¿Quiénes nos gobiernan? Personas oscuras que en estas situaciones no dan la cara. Fondos de inversión. Bancos internacionales. Esos son los que nos gobiernan y no los conocemos. Es un sistema global oscuro.

Ahora se vislumbran unas necesidades de buenagentismo

¿El Kiko Veneno de hoy es el mismo que el de hace 20 días? Sí, claro. Pero esta situación de encierro te sitúa en una posición muy especial. El confinamiento te hace replantearte de una forma abrupta muchas cosas, pensar el mundo desde una perspectiva diferente.

¿Va a ser el mundo de otra manera a partir de ahora? Sin duda el mundo está siendo de otra manera estos días. Se está produciendo una gran transformación en las mentes. A nivel global somos un hormiguero. Tenemos un recorrido muy cortito: vamos al mercado, volvemos, almacenamos, enchufamos la tele… Es una vida muy limitada la que tenemos. Al estar estos días sin los elementos propios de nuestros devenir hormiguil, todo está distorsionado. Eso es lo que hace que podamos pensar de forma diferente. Por ejemplo, la ausencia del fútbol. Ver cómo la gente puede pasar sin fútbol, teniendo en cuenta la cantidad de espacio que ocupa en nuestro cerebro. Otro ejemplo, la publicidad. Se percibe más como lo que es, que es propaganda. Nos dicen que la publicidad es básica para saber los productos que estás consumiendo. Mentira. Si nos quisieran inteligentes, y no borregos, la especie humana sabría qué tendría que consumir.

Hay un mensaje que está calando estos días que dice que va a salir algo bueno de todo esto. ¿Es de esa opinión? No, no. El otro día lo comenté con Ana, mi mujer. Ya tuvimos la peste, y otras epidemias. Después de las epidemias hay un periodo de recogimiento y la gente repiensa cosas, pero en el momento en el que pasan unos años, la gente se olvida completamente. Tenemos mucha menos memoria que los virus.

¿Puede concretar? Ahora se vislumbran unas necesidades de buenagentismo y de establecer la convivencia por otros patrones, pero no tenemos herramientas para desarrollar un sistema global de fraternidad que haga el mundo más vivible y menos cruel, que haga la vida más fácil para las personas, más comunicativa y con más unión.

Qué le parece la apelación constante a la unidad. Ahora mismo la unión es militar. ¡Unidos, unidos! Funciona como consigna histérica. Es verdad que se despiertan vínculos que estaban perdidos, pero no tenemos la consistencia humana ni personal ni ideológica ni las herramientas del saber y del conocimiento para que esto fructifique y se pueda intentar cambiar el mundo hacia algo más racional y vivible. Aprenderemos algo, sin duda, pero muy pronto lo olvidaremos.

¿Ve algún motivo para la esperanza? La gente que está ayudando de verdad, los médicos, los sanitarios, los virólogos, la gente que tiene el gen de la ayuda a los demás, esa gente no lo hace por dinero. Y eso es una de las grandes cosas que se está descubriendo ahora. Los sanitarios nos están dando un mensaje: estamos aquí, intentado salvar al mundo y no es por dinero. A ver si alguien con poder se entera.

La gente puede pasar sin fútbol; hay que ver cuánto espacio ocupaba

Entonces no ve posible ese deseo que expresó Emilio Lledó hace unos días en EL PAÍS. “Ojalá esto nos haga salir de la caverna”, dijo el filósofo. Yo lo comparto con él porque lo dice de una forma sabia. El deseo de la luz es la única esperanza que tenemos. De enfrentarnos a la vida. La han buscado todos los filósofos, los artistas y las personas de buena voluntad, que quieren unir a sus semejantes en algo que valga la pena ser vivido. Pero el lema de hoy es: sálvese quien pueda y huir hacia delante. Para eso el conocimiento no es necesario. Estamos en el primer mundo, el segundo no existe y, los del tercero, que se busquen la vida. La situación actual del hormiguero humano es que pasamos del primer mundo al tercer mundo. La única solución es salir de la caverna, salir de ese tutelaje, del nosotros que nos impide progresar.

¿Sirve de algo aplaudir? Sí, sobre todo para conocer al vecino de al lado, que mucha gente no lo conocía. Tenemos elementos para aprender un montón de cosas. Por ejemplo, ahora he compuesto La ciudad vacía (o fantasma). Trata de que la naturaleza canta y ríe al ver que estamos parados, que no la contaminamos las 24 horas del día. Los pájaros cantan mucho más y están más felices. Es un momento interesante para escuchar a los pájaros, a ver lo que nos tienen que decir sobre nuestro hábitat natural.

Usted tiene tres hijos. ¿Le ha hecho alguno abuelo? No. Y eso me hace pensar estos días, sobre la sensación de estar construyendo un mundo tan duro, tan inhóspito y tan cruel como para decir: “Hombre, lo que sobran aquí son humanos”. Por una parte, el instinto de ser abuelo me encanta, pero por otra aplaudo la voluntad de mis hijos de no tener descendencia porque no es un buen mundo.

“Enamorado de la vida, aunque a veces duela”. Es una buena frase para interiorizar hoy. Sí, se puede aplicar ahora, claro. Pero hay momentos en los que te encuentras angustiado, y agobiado. Y esa red de angustia y de miedo te atrapa. No es fácil. Pero animo a la gente a que tenga disciplina. Que se lave la cara y se ponga los zapatos fuertes, como yo digo. Que estén activos. No dejarse derrotar. Hay que mantener el vínculo de la vida abierto. Pienso en lo duro que puede ser para la gente que esté sola en casa. Los que tenemos suerte de estar acompañados debemos valorarlo.

¿Piensa últimamente más en la muerte? No, no. No soy mucho de pensar en la muerte. Pienso en mantenerme sano, activo y disfrutar de la vida todo lo que pueda. Mantenerme conectado con mis semejantes, recibiendo cosas y pudiendo entregarlas.

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