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MEMORIAS

Alberto Oliart, memoria y exculpación

Alberto Oliart publica 20 años después un segundo volumen de memorias, en el que pone en valor la Transición en días en los que se ha analizado desde ángulos menos complacientes

Alberto Oliart, en marzo de 1981. 
Alberto Oliart, en marzo de 1981. 

Los años de la Transición concentran la mayor parte del memorialismo contemporáneo, como no podría ser de otra manera, pues fueron años de una profunda reorganización política de la sociedad española. A un lado, la muerte del general Franco la liberó de la infamia de una dictadura militar; al otro, pareció que con su muerte, de pronto, todas las posibilidades de reorganización quedaban abiertas. Para Alberto Oliart (Mérida, 1928), ministro de Defensa del Gobierno de Adolfo Suárez el 23 de febrero de 1981, cuando Tejero asaltó el Congreso de los Diputados anunciando la inmediata llegada del “elefante blanco” que nunca aparecería, el eje de aquella apasionante etapa política, oscilando con fuerza entre dos posiciones ideológicas máximamente distanciadas, fue el rey Juan Carlos, piloto indiscutible de la Transición. Esta es una tesis fundamental de su segundo volumen de memorias, Los años que todo lo cambiaron, tesis nada original pues así se ha reconocido ampliamente, pero que Oliart muestra interés en subrayar cuando, pasado el tiempo, aquella etapa fundacional de la democracia española ha sido vista y analizada desde otros ángulos más ásperos y menos complacientes con los resultados. Cuando se ha impuesto otra forma de analizar la política.

Oliart había quedado convencido de las ventajas de la democracia oyendo a José Castillejo, personaje clave de la Institución Libre de Enseñanza y exiliado en Londres a raíz de la Guerra Civil (fue uno de los catedráticos depurados en 1939). En una de sus últimas intervenciones radiadas en la BBC defendía la “receta inglesa” para preservarse de cualquier tentación dictatorial, y esta es la de contraponer las fuerzas sociales de modo que ninguna de ellas se pueda hacer con el dominio político absoluto. Oliart tenía entonces 15 años (no 12, como dice, porque la alocución es de 1943), y en el libro deja claro que ese fue siempre el espíritu que guio su conducta pública: la búsqueda del acuerdo, del consenso, a partir de una voluntad que él entiende que debe ser prioritaria en política, la voluntad de servicio al interés común.

Muy distinto pues es este volumen —donde repasa su actividad profesional, desde que fuera director general del Banco Hispano Americano, en 1972, hasta la pérdida de la cartera de Defensa a raíz de la victoria socialista de 1982— del volumen anterior, centrado en su formación intelectual y su amistad con el grupo poético catalán de los años cincuenta. Diez años de intensa vida política (nada se dice de su insólito nombramiento como presidente de la Corporación de RTVE en 2009) que marcarían decisivamente la trayectoria de Oliart y de los que salió con su reputación intacta. Por ello, lo más sorprendente es su actitud ante los hechos evocados, porque en cierta medida el volumen se lee como una memoria apologética donde el autor emprende la justificación de su propio recorrido político en unos términos muy estrictos de honestidad y limpieza de intenciones. Es de suponer que el libro se inspira en las notas que su autor debía tomar en cada momento, consciente de la importancia de los acontecimientos que presenciaba de forma activa y directa. La pregunta es: ¿por qué lo escribe ahora, más de 20 años después de publicarse Contra el olvido? Sin duda, en la profunda herida que debía causarle el motivo de su dimisión como presidente de RTVE encontraríamos la respuesta.

Los años que todo lo cambiaron, Alberto Oliart. Tusquets, 2019. 448 páginas. 22 euros