Pederastia, séquitos en guerra y la curia gay: lo que no cuenta ‘Los dos papas’

La película de Fernando Meirelles sobre Benedicto XVI y Francisco se estrena en Netflix y provoca un debate sobre si dulcifica o refleja de manera fiel la política del Vaticano

Bergoglio (Jonathan Pryce) y el papa Benedicto (Anthony Hopkins), en una imagen de 'Los dos papas'.

"No he tenido intención de blanquear la imagen del Vaticano, sino de hacer una película honesta en la que se habla de corrupción y de otros asuntos como el abuso infantil". En su habitual tono amable, Fernando Meirelles (São Paulo, 64 años) deja clara su postura sobre su película, Los dos papas, a una pregunta de EL PAÍS. El cineasta se reunió el pasado lunes con un grupo de periodistas en Madrid por el estreno en Netflix -mañana viernes- de su nuevo filme, que desgrana la relación entre Ratzinger y Bergoglio o, más correctamente, entre el papa Benedicto XVI y el cardenal argentino que según todas las apuestas se convertiría en su sucesor si el alemán falleciera... o se retirara, como así ocurrió. En persona, Meirelles es más crítico con el Vaticano que en pantalla, donde salen bien parados los dos sumos pontífices. "Soy católico, aunque hace años que no voy a misa", cuenta el director de Ciudad de Dios y El jardinero fiel, "y soy defensor de Francisco, que comprende el mundo en que vivimos como una casa común. Así bautizó una de sus encíclicas, una sociedad en la que todos los líderes mundiales están construyendo muros mientras que este papa tiende puentes. Para mí, el tema central de Los dos papas es la polarización actual y la necesidad de tolerancia".

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El filme arranca en 2012, con la petición del cardenal Jorge Bergoglio al papa Benedicto de retirarse y dedicarse a ser cura de base. Para saber qué tramaba el cardenal que estuvo a punto de derrotarle en el cónclave, Ratzinger le llamó al Vaticano. Hubo tres encuentros entre ellos, en los que se conocieron mejor, y que Meirelles ha reconstruido a través del libro de Anthony McCarten (Roca Editorial) y de diálogos creados con frases de sus cartas y de sus encíclicas. "No nos dieron permiso para rodar allí, pero en Roma la ha visto el cardenal Peter Turkson, uno de los más cercanos a Francisco, y me dijo que la esperaba más agresiva y que le había gustado", asegura Meirelles. Y ahí está una de las dudas de Los dos papas: su retrato muy humano de esa relación, y su neblina a la hora de mostrar los problemas de la santa sede y del porqué de la dimisión de Benedicto XVI.

En Sodoma (Roca), libro que ha vendido medio millón de ejemplares en más de 30 países, el periodista francés Frédéric Martel indaga en los turbulentos trasfondos del Vaticano, especialmente en la doble vida de algunos sacerdotes y en la homofobia de la curia. Por correo electrónico, el escritor, que no ha visto el filme, asegura: "Que Benedicto renunciara por problemas de salud es, diríamos, la historia oficial. Pura ficción. Siete años después sigue vivo. En mi libro desgrano 14 razones, y solo una es la salud. Otras son los casos de pederastia, la incompetencia del cardenal Bertone, el secretario de Estado [similar a primer ministro] de Benedicto, la guerra contra el cardenal Sodano, la implicación de su hermano, Georg Ratzinger, en casos de abusos infantiles. Diez de las 14 razones tienen que ver con la homosexualidad en la curia. ¿Le chantajearon? ¿Descubrió que gran parte de su séquito es gay? Luchó contra, por ejemplo, uno de los grandes pederastas, el mexicano Marcial Maciel, fundador de Legionarios de Cristo y protegido de Juan Pablo II, pero en la curia de Ratzinger había la mayor cantidad de homosexuales [como cuenta en el libro, homófobos como arma de defensa] de la historia de la Iglesia Católica".

Martel confirma esa buena relación personal entre los dos pontífices, aunque apunta: "Son enemigos en los temas principales y figuras opuestas cuyos séquitos están en guerra. Decir que son amigos cercanos es fake news". E insiste en que muchas cosas cambiarán en el Vaticano cuando se vea de manera sana la homosexualidad. Meirelles incide en otra lacra de la Iglesia Católica: "Es la ausencia de las mujeres, algo tan absurdo como medieval. Al menos en el sínodo de la Amazonia se reconoció que las mujeres pueden oficiar misa cuando no hay sacerdotes", lo que Martel resume con un "está en el buen camino". Entre las ficciones de Los dos papas está que ambos vieron juntos la final del Mundial de Fútbol de Brasil 2014 entre Argentina y Alemania. "Lo necesitaba para la dramaturgia", confiesa entre risas el director. Fernando Meirelles arrancó el proyecto por el interés de un productor sobre el papa Francisco: "No había guion, y tuvo que esperar dos años a que yo acabara con mis compromisos con los Juegos Olímpicos de Río. Encontramos el libro de McCarten, y ahí estaba el diálogo entre ambos". En pantalla, Jonathan Pryce encarna al prelado argentino y Anthony Hopkins al alemán.

El cineasta brasileño pensó que Francisco sería más valiente: "Esperaba una revolución, pero los cambios son aún menores dentro de la Iglesia. En cambio, la voz del Vaticano ha variado radicalmente como agente político". El periodista francés también cree que Francisco es la única solución si el catolicismo quiere sobrevivir: "Ha heredado un problema gigantesco. Benedicto XVI fue bastante naíf ante la curia, confundió homosexualidad con abusos infantiles. Bergoglio entiende muy bien la situación, sabe que la jerarquía vaticana es gay y que se mueven dentro en una cultura de secretos y un sistema de mentiras que han tapado durante décadas los abusos infantiles". Que el papa Francisco anunciara el martes que levantaba el secreto pontificio para casos de pederastia subraya esa idea.

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