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OPINIÓN i

Carmen González, una historiadora comprometida social y metodológicamente

Orientó con destreza y compromiso en el "oficio de vivir", cuando nos traslada a la lucha por la existencia de la sociedad murciana en guerra

Carmen González murió el pasado 6 de octubre. Con este breve texto quiero expresar mi reconocimiento y admiración a una gran historiadora. Una historiadora rigurosa, que no se permitía fantasías en la investigación, que prefería ser metódica, sin elementos de ficción, que sustentada su narración en fuentes primarias, que recopiló un archivo de testimonios orales, y siempre estuvo pendiente de lo último publicado para llegar a conclusiones argumentadas.

Carmen se forjó un sólido currículum a partir de su tesis doctoral, que fue Premio Extraordinario de Doctorado en 1995. Participó en más de veinte proyectos de investigación y fue invitada como ponente en numerosos Congresos, Seminarios, Jornadas nacionales e internacionales (La Habana, México D. F., Santiago y Concepción de Chile, Londres, Pau (Francia), Río de Janeiro, Pest (Hungría). Obtuvo la cátedra de Historia Contemporánea de la Universidad de Murcia en octubre de 2011.

Entre sus muchas publicaciones, me voy a detener en su libro sobre la Guerra Civil en Murcia, que fue el tema de su tesis doctoral. Un libro que está agotado y que reclama una reedición de Editum, la editorial universitaria que durante unos años ella misma dirigió.

El trabajo de Carmen González se inscribe en la renovación historiográfica de los años noventa, que caracteriza la nueva historia política en la relación entre las ideologías, las sensibilidades sociales y el espacio material donde se dirimen los conflictos. La importancia de su libro estriba en explicar cómo se desarrolló la contienda en una región de retaguardia, y cómo la derrota de la España democrática, representada por el estado republicano, inauguró un sórdido periodo dictatorial en el que los vencedores justificaron su implacable represión para escarmiento colectivo, y en el que no estuvieron ausentes las carencias de todo tipo, provocadas por la violencia que en sí mismo implicó el mercado negro, gracia al cual los “administradores del hambre” hicieron grandes fortunas.

A través de sus herramientas como historiadora, Carmen orienta con destreza y compromiso en el "oficio de vivir", cuando nos traslada a la lucha por la existencia de la sociedad murciana en guerra, la crisis de subsistencia y la tragedia de la acogida de refugiados. Dedica atención a la violencia y a la represión en sus diversas manifestaciones, tanto la ejercida desde la legalidad como la espontánea y arbitraria, fuera del control republicano, que ocasionó asesinatos violentos, contabilizados a partir de la inquisitorial fuente de la Causa General, creada por el gobierno franquista, a la que la autora aplica una rigurosa crítica.

Una parte esencial del libro es el análisis de las actuaciones del Tribunal Popular de Murcia y Cartagena, a través de una rica documentación que contiene las causas vistas, los delitos y las penas impuestas. Así llega a conclusiones interesantes que permiten contrastar las garantías procesales vigentes en la legislación republicana frente a la ausencia de las mismas en la legislación franquista.

Las páginas que Carmen González ha escrito responden a la tradición científica cuya tarea más digna consistió siempre en conocer de forma sistemática “lo que pasó”, dando voz a muchos protagonistas, no solo a los que estuvieron al frente de los acontecimientos como sujetos dirigentes, sino a las mayorías que sufrieron activa o pasivamente, incluso con actitudes muy contradictorias, el drama de un conflicto civil en el que “no todos fueron culpables por igual”.

Tenía proyectos en marcha para consolidar la línea de investigación de historia comparada que inició como investigadora principal en los procesos de construcción de la democracia en España y Chile, publicado en el número 79 de la revista Ayer (2010). Precisamente, en la coordinación del libro Transiciones políticas contemporáneas, publicado en FCE (2018), nos ha legado su último texto, una propuesta metodológica y transnacional para el estudio de las Transiciones contemporáneas.

Hemos perdido de modo imprevisible para su edad a una buena persona, una excelente historiadora, una docente entusiasta con un magisterio sólido, una amiga muy querida que deja una huella indeleble.

Encarna Nicolás es historiadora.

 

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