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JUNTOS CRÍTICA i

Empeñar la vida en cuidados

'Juntos', de Fabio Marra, es una ducha escocesa de golpes humorísticos, giros dramáticos y gestos conmovedores

Una escena de 'Juntos'.
Una escena de 'Juntos'.

Dos proyectos de futuro antagónicos para un familiar con discapacidad intelectual. Isabel vive con su hijo Miguel, de 40 años, que no tiene conciencia del daño producido por su impulsividad ni picardía para callar lo que pertenece al ámbito privado. La madre le considera normal y sobrelleva sus distracciones, que tornan peligrosas las tareas domésticas y lo incapacitan laboralmente. Sandra, hermana ausente de Miguel desde hace diez años, regresa decidida a internarlo.

Napolitano emigrado a Francia, donde desarrolla su carrera, Fabio Marra, autor de Juntos, es observador agudo de lo cotidiano, como Eduardo de Filippo, con el que comparte también un sentido del humor chispeante y una visión esperanzada y conciliadora de los problemas sociales.

Este drama optimista, estrenado en el Petit Montparnasse parisino en 2017 con el autor y Catherine Arditi (premio Moliére a la mejor actriz) encabezando el reparto, contrapone la institucionalización del dependiente con el modelo ancestral de apoyo en el seno familiar, común en el sur europeo; pero habla también de las mentiras que nos contamos para no admitir que un ser querido nos traiciona, de la toma de conciencia paulatina de la verdad objetiva y de las circunstancias que nos atenazan.

Versionada fielmente por Juan Carlos Rubio y Luis Miguel Serrano, la pieza de Marra es una ducha escocesa de golpes humorísticos, giros dramáticos y gestos conmovedores, bien administrados por sus intérpretes, dirigidos por Rubio.

Algo más virada a la comedia que a lo jondo, frágil a pesar de su carácter fuerte, tierna, imprevisible, la Isabel de Kiti Mánver. Cándido, magnético, entrañable, el Miguel de Gorka Otxoa. Inflexible y resentida, la Sandra de Melani Olivares se revela afilada carablanca en una entrada de payasas antológica, cuyo augusto bonancible, graciosísimo, es Inés Sánchez.

Las escenas ambientadas en la casa familiar se desarrollan con realismo cimentado en la escenografía verista de Curt Allen Wilmer y en un diseño lumínotécnico y sonoro de Carlos Barahona, cuyo sutil perfilado evoca el de La reina de belleza de Leenane en el montaje de Mario Gas. Para rondar el hiperrealismo del Larga vida de Alvis Hermanis, falta solo que salga agua del grifo del fregadero.

El público de toda edad que colmó el domingo pasado el aforo del García Lorca de Getafe, teatro de 1998 con calidez de coliseo dieciochesco, salió conmovido y debatiendo.