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Los últimos versos de Leonard Cohen

El músico dejó previsto un libro de poemas antes de morir hace dos años. Una suerte de autobiografía póstuma que acompañó de letras de canciones, dibujos y apuntes sueltos. Babelia publica parte de ese material inédito en español

Leonard Cohen, en 2001.
Leonard Cohen, en 2001.

En el prólogo explica Adam Cohen que, hacia el final, su padre se concentró en la poesía: “Era lo que lo mantenía vivo, su único objetivo vital”. Preparaba un libro al que finalmente bautizó su hijo y que fue completado por sus editores, los profesores Robert Faggen y Alexandra Pleshoyano. Pero, insisten, la estructura es la establecida por Leonard: una primera parte para la que eligió 63 poemas, una segunda que recogía las letras de sus tres discos finales (más las correspondientes a Blue Alert, el álbum de 2006 que grabó con su amada Anjani Thomas) y un tercer bloque extraído de sus cuadernos de notas, rematado con el discurso de aceptación del Premio Príncipe de Asturias.

Los cuadernos

Los últimos versos de Leonard Cohen

Dejad que diga a los jóvenes

dejad que diga a los jóvenes:
no soy sabio, rabino, roshi, gurú
soy un Mal Ejemplo.
a las personas con experiencia
que han caracterizado el trabajo de mi vida
como algo barato, superficial, pretencioso, insignificante:
no sabéis
la Razón que tenéis
entre las putas
hay algunas
que preferimos hacer bien el amor
y entre (aquéllas) éstas
algunas
lo hacen gratis
Yo soy una puta
y un yonqui.
si alguna de mis canciones
te hizo más fácil
algún momento,
por favor, recuerda esto.

La verdad menos el 7%

Sólo te besó
en la mejilla
y sólo te tocó la mano
dices que no pasó nada
y yo me voy a tragar tu historia
Que ese “no pasó nada” te mandó
un ramo grande (¿enorme?) de rosas
pero te agradezco que me dijeras
la verdad
La verdad menos el siete
Por ciento

Hay algún añadido —un intercambio de correos con su amigo Peter Dale Scott—, pero podemos confirmar que estamos ante un libro querido y meditado por su autor. Para aumentar el lastre, insistió en enriquecer sus páginas con abundantes ilustraciones, autorretratos-del-poeta-envejecido o bosquejos de bellas mujeres.

Los deterioros de la edad, la sombra de la mortalidad, la atracción erótica son ansiedades constantes en La llama. Cohen repasa con precisión sus 82 años de vida, comenzando con ‘Días escolares’: “Ondean las banderas y estandartes. / El equipo visitante está perdido. / Y ahí estoy yo en un mal asiento / enfadado por nuestra victoria. / No puedo apartar los ojos / del aleteo de su falda corta. / Estoy hablando de la animadora / que se llamaba Peggy. / Hace cuarenta y siete años de eso. / El Pasado. / Nunca pienso en El Pasado / pero a veces / El Pasado piensa en mí / y se sienta / siempre muy suavemente en mi cara”.

Nos lleva de la mano por sus grandes revelaciones, como la existencia en el Egeo: “No podía desaparecer / sin decirte / que morí en Grecia / me enterraron allí / donde el burro / está atado al olivo / siempre estaré ahí”. Aquel poeta que cantaba para sus amigos expatriados en la taberna de Hidra decidió componer y se fue a Nueva York para vender sus ocurrencias. Típicamente, allí se enamoró de la hierática vocalista de los inicios de Velvet Underground: “Canté para ti, Nico / tu rostro estaba en mi canción / Yo sabía lo que era la belleza / las arrugas de la luna / en tu boca / mientras yo penetraba mi canción”. No fue correspondido.

Era el más improbable de los cantautores: tenía 33 años y pulcra vestimenta cuando ocurrió el terremoto cultural de 1968. Salió indemne de la experiencia: “Y entonces se oye / la voz / que es más profunda que el mundo / quizá necesites ácido para oírla, o marihuana / a mí nunca me funcionó / y eso que me tomé / (quizá) un centenar de tripis / por lo menos”.

Su nuevo oficio le proporcionó vivencias memorables. Aquí rememora el final de un concierto en España: “Se oyó un susurro unánime / que yo no supe entender. / El promotor me dijo que estaban coreando: / to-re-ro, to-re-ro / Una joven me llevó de vuelta al hotel, / la flor y nata de la raza. / No hablamos / y ni siquiera se planteó la cuestión / de que ella entrara en el vestíbulo, o subiera a mi habitación. / Hace poco / recordé aquel paseo de antaño, / y desde entonces, / necesito sentirme ingrávido / Pero nunca lo consigo.”

Junto a la mordacidad de un poema sobre Kanye West encontramos una loa de Enrique Morente: “Cuando escucho a Morente / La coartada de mi garganta es rechazada / La coartada de mi talento es depuesta / Con seis impecables hebras de desprecio / Mi guitarra se aparta de mí / Y quiero devolverlo todo / Pero nadie lo quiere / Cuando escucho a Morente”.

Si no hubiera pinturas

Si no hubiera pinturas en el mundo,
Las mías serían muy importantes.
Igual con mis canciones.
Ya que no es el caso, corramos a ponernos en la fila,
Bien atrás.
A veces veía una mujer en una revista
Humillada por el deslumbramiento del tecnicolor.
Yo intentaba ubicarla
En unas circunstancias más felices.
Otras veces era un hombre.
Y otras eran seres vivos sentados frente a mí.
Podría decirles otra vez:
Gracias por venir a mi habitación.
También me gustaban los objetos sobre la mesa
Como palmatorias y ceniceros
Y la misma mesa.
Desde un espejo sobre mi escritorio
Muy temprano en la mañana
He copiado
Cientos de autorretratos
Que me recordaban una cosa u otra.
El comisario ha titulado esa exposición
Dibujos en Palabras.
Yo llamo a mi trabajo
Adornos Aceptables.

Siempre humilde, Cohen insiste en relativizar su talento musical. Durante un sueño, se imagina compartiendo escenario con Tom Waits: “Empieza su música — es muy / hermosa, original / y sofisticada — mucho mejor / que la mía — una especie de mezcla / de aspereza y dulzura / — moderna y sentimental / a la vez — incluso kitsch pero / con mucha destreza — ojalá / pudiera hacerlo yo — entonces / empieza a cantar — maravilloso —.”

En ‘Espejos de ascensores’, una cantante atractiva, aspirante a profesionalizarse, le pide un contacto en su discográfica: “Yo no soy nadie para decir / Quién puede o no ser cantante / Dios sabe que mis propias credenciales / No eran gran cosa / Fue por Buena Suerte / Como siempre lo es el éxito / Y punto / (Una persona adorable / Que no he de presentar / A nadie en Sony).”

Ese cortante final ayuda a recordar que Cohen no siempre fue ese entrevistado afable que brillaba en sus visitas promocionales. Cohen sabía que dejaba un mundo envenenado tras el 11-S: “No te va a gustar / lo que viene después de América”. Nada risueña es su evocación de Mount Baldy, el monasterio budista que le acogió en los años noventa, o el último encuentro con Roshi, su maestro zen, acusado de abusos sexuales. Gotas agrias contra el inevitable sentimentalismo provocado por estos mensajes póstumos.

‘La llama’. Leonard Cohen. Traducción de Alberto Manzano Lizandra con Terry Berne. Salamandra, 2018. 288 páginas. 20 euros.

Kanye West no es Picasso

Los últimos versos de Leonard Cohen

Kanye West no es Picasso
Yo soy Picasso
Kanye West no es Edison
Yo soy Edison
Yo soy Tesla
Jay-Z no es el Dylan de nada
Yo soy el Dylan de todo
Yo soy el Kanye West de Kanye West
El Kanye West
Del gran cambio falso de la cultura de pacotilla
De una boutique a otra
Yo soy Tesla
Yo soy su bobina
La bobina que convirtió la electricidad en algo blando como una cama
Yo soy el Kanye West que Kanye West cree ser
Cuando saca tu culo a empujones del escenario
Yo soy el verdadero Kanye West
Pero ya no me muevo mucho
Nunca lo he hecho
Sólo me animo tras una guerra
Y aún no la hemos tenido

Le pasa al corazón

Trabajé siempre con firmeza
Pero nunca lo consideré un arte
Financiaba mi depresión
Viendo a Jesús, leyendo a Marx
Claro que falló mi pequeño fuego
Pero aún brilla la chispa
mortecina
Ve a decirle al joven mesías
Lo que le pasa al corazón

Hay una niebla de besos estivales
Donde quise aparcar en doble fila
La rivalidad era despiadada
Y mandaban las mujeres
No era nada, sólo negocios
Pero dejó una fea marca
Y aquí estoy revisitando
Lo que le pasa al corazón

Vendía abalorios santos
Vestía con cierta elegancia
Tenía un gato en la cocina
Y una pantera en el jardín
En la prisión de los talentosos
Me llevaba bien con el guardia
Y nunca tuve que ser testigo
De lo que le pasa al corazón

Tendría que haberme dado cuenta
Digamos que el mapa lo tracé yo
Bastaba con mirarla para tener un
problema
Un problema desde el principio
Claro que hacíamos una pareja
asombrosa
Pero nunca me gustó mi papel
No es bonito ni sutil
Lo que le pasa al corazón

Ahora el ángel tiene un violín
Y el demonio tiene un arpa
Cada alma es como un pececillo
Cada mente un tiburón
He abierto todas las ventanas
Pero la casa, la casa está a oscuras
Basta con decir «Me rindo»,
es así de sencillo
Lo que le pasa corazón

Trabajé siempre con firmeza
Pero nunca lo consideré un arte
Ahí estaban ya los esclavos
Los cantantes encadenados y
carbonizados
Pero el arco de la justicia ha
cedido
Y los heridos pronto se
manifestarán
Perdí mi trabajo defendiendo
Lo que le pasa al corazón

Estudié con un mendigo
Estaba sucio y lleno de cicatrices
De las garras de tantas mujeres
De las que no había sabido
prescindir
No hay fábula ni lección en esto
Ni una alondra cantando en el
prado
Sólo un sucio mendigo
bendiciendo
Lo que le pasa al corazón

Trabajé siempre con firmeza
Pero nunca lo consideré un arte
Sólo podía levantar pesos
livianos
Y casi perdí mi carnet de afiliado
Era hábil con el rifle de mi padre
Del calibre 303
Luchábamos por algo definitivo
No por el derecho a disentir

Claro que falló mi pequeño fuego
Pero aún brilla la chispa mortecina
Ve a decirle al joven mesías
Lo que le pasa al corazón

Nunca di problemas a nadie

no podía pagar la hipoteca
y le rompí el corazón a mi chica
no podía pagar la hipoteca
y le rompí el corazón a mi chica
nunca di problemas a nadie
pero no es tarde para empezar
no quiero romper ninguna ventana
no quiero quemar ningún coche
no quiero romper ninguna ventana
no quiero quemar tu coche
tienes derecho a todas tus riquezas
pero has ido demasiado lejos
navegas por el poderoso océano
en un yate diseñado para ti
navegas por el poderoso océano
en un yate diseñado para ti
pero el océano está lleno de basura
y no vas a poder cruzarlo
nunca di problemas a nadie
soy un hombre de ley y orden
nunca di problemas a nadie
soy un hombre de ley y orden
nunca di problemas a nadie
pero de sobra sabes que puedo

Mi carrera

Los últimos versos de Leonard Cohen

Tan poco que decir
Tan urgente
Decirlo

Quieres devolver el golpe y no puedes

Los últimos versos de Leonard Cohen

Quieres devolver el golpe y no
puedes
Quieres ayudar pero no puedes
Y la pistola no dispara
Y la dinamita no explota
Y el viento sopla en otra
dirección
Y nadie te oye
Y la muerte está en todas partes
Y vas a morir de todos modos
Y estás cansado de la guerra
Y no puedes volver a explicarlo
Ya no puedes explicarlo
Y estás atascado detrás de tu casa
Como un viejo camión oxidado
Que ya nunca llevará otro
cargamento
Y no llevas tu vida
Llevas la vida de otro
Alguien a quien no conoces ni te
gusta
Y pronto se acabará
Y es muy tarde para volver a
empezar
Armado con lo que ahora sabes
Y todas tus estúpidas obras
benéficas
Han armado a los pobres contra ti
Y no eres quien querías ser
Ni remotamente él o ella
¿Cómo voy a salir de esto?
El lío desordenado el desaliño
Sin jamás estar limpio ni ser libre
Ensuciado por el chismorreo y la
publicidad
Estás cansado y se ha acabado
Y ya no puedes hacer nada
Para eso este silencio
Para eso es esta canción
Y ya no puedes explicarlo
Y no puedes ahondar
Porque la superficie es como el
acero
Y todas tus buenas emociones
Tus sutiles percepciones
Tu famosa comprensión
Se evaporan en una asombrosa
(Para ti) irrelevancia
No recuerdo cuándo
Escribí esto
Fue mucho antes del 11 de
Septiembre

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