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Tracey Thorn: “Me basta con cierta dosis de éxito que no sea ni burdo ni chapucero”

La cantante y compositora británica regresa con un álbum de vitalismo electrónico en el que mira a su pasado y desafía el presente

La cantante Tracey Thorn en 2013.
La cantante Tracey Thorn en 2013. Getty Images

“Hombrecito, eres tan crío. Aparta tus puños. Nadie ha amado nunca a alguien al que teme. No me fastidies, que iré a por ti y verás que has mordido más de lo que puedes masticar”. Encendida y desafiante suena la inglesa Tracey Thorn (Hatfield, 1962) en Sister, tema vertebral de su nuevo disco. La letra podría inspirarse en la ola femenina en curso de hartazgo y reivindicación , pero, en realidad, ella se anticipó: “Lo escribí hace un año, cuando ya había entrado a grabar en el estudio. No mucho antes ni siquiera tenía claro que fuera a hacer un álbum”.

Dicho trabajo, titulado simplemente Record, supone el cuarto capítulo en solitario de Thorn tras el fin de Everything But The Girl (su dúo con Ben Watt de 1982 a 2000) y el primero de canciones propias en casi ocho años. “En los que nos han ocurrido cosas a mí y al mundo. Este ha cambiado, como mi estado de ánimo. Hay fenómenos que me deprimen o me rebelan”. Valgan dos ejemplos: el desnortado Londres aludido en Smoke y la esclavitud de las redes sociales (en Face) donde Thorn no pierde comba. “No reconozco el Londres al que yo me mudé en los ochenta, me irrita cómo la gente ha sido expulsada de áreas llenas de pisos de lujo vacíos. Liquida la diversidad que un día me atrajo. Y las redes impiden escapar del todo de tu vida pasada: los ex siempre te pueden espiar”. Tracey habla por otros: lleva unida sentimentalmente a Ben Watt desde que ambos estudiaban en la universidad de Hull.

En cualquier caso, el tono de Record difiere del intimismo de su antecesor, Love and its opposite (2010): “No quería firmar otro disco suave y calmado como ese. Buscaba animación y desafío en positivo, con letras directas”. Y de hecho, le ha salido un trabajo burbujeante y a menudo bailable rendido al synth pop, frente a la tendencia folk del previo (en la línea de A distant shore, su debut juvenil antes de la fama a dúo) y el terreno mixto, entre lo acústico y lo electrónico, de Out of the woods (reflejo solista en 2007 de las dos etapas de Everything But The Girl).

Thorn no incluye ninguna versión por primera vez en su carrera en solitario, que albergó hace un lustro hasta un álbum navideño pleno de covers de exquisitos del pop. “Se puede decir que Record supone mi proyecto más unificado”. Para el que ha vuelto a recurrir a su mano derecha, el productor Ewan Pearson, maestro de los beats. “Conocemos nuestros fuertes y nuestras limitaciones. Él puede lograr tecnológicamente todo lo que a mí se me escapa, pero también comprende mi lenguaje y es un fan de la canción pop”.

Thorn lanzó antes del álbum un sencillo irresistible: Queen. “En él me pregunto quién soy musicalmente. ¿Esa persona? ¿Todavía soy esa? ¿Lo fui en verdad alguna vez? Un estado de incertidumbre que no afecta mi estímulo. Y despliego impresiones encontradas sobre el éxito o la fama”. Aunque oscilar entre el estado de culto y la repercusión que obtuvo con Everything But The Girl le va como un guante: “Una posición ideal para mí”. Y mira con curiosidad a las superestrellas: “He leído hace poco un libro sobre Robbie Williams. Me fascina que los astros posean personalidades compulsivas en pos del amor de las masas. A mí no me sucede. Siempre me he sentido bastante conforme con mi vida y creo tener un límite para mis ambiciones: me basta con cierta dosis de éxito que no sea ni burdo ni chapucero”.

La nueva colección mira también a la adolescencia de Tracey en un par de cortes: Air y Guitar. El primero menciona su voz grave de origen (“con las giras desarrollé una tesitura más alta y ahora, por la edad, he superado incluso aquella profundidad”), mientras que la segunda expone una epifanía: la primera canción que aprendió a las seis cuerdas, A teenager in love de Dion and the Belmonts. De profesor, un infausto novio. “Yo no lo sabía entonces, pero eso lo cambió todo. Es un canto de amor a mi guitarra”.

Entre los colaboradores del disco, la sección rítmica del grupo Warpaint o la garganta de Corinne Bailey Rae, “una gran voz en ocasiones infravalorada. Escribió el arreglo para su parte vocal en Sister y la grabó en su estudio doméstico”. Algo que recuerda la aportación de Thorn en los noventa a la célebre Protection del trío británico Massive Attack: “No me dieron ninguna pauta ni me dijeron después qué les había parecido”, se sorprende aún y lo airea, a diferencia de en otros tiempos.

En los actuales, cuando sus hijos inspiran canciones porque ya salen de noche (Babies) o se van de casa (Go), Tracey afirma haberse “liberado del atasco de la mediana edad y recibido un subidón vital de energía”. Esta le da para dos libros de momento, uno de memorias (Bedsit disco queen, 2013) y otro sobre el arte de cantar (Naked at the Albert Hall, 2015), y para una columna periódica en New Statesman desde 2014 (“el periodismo pudo ser mi actividad si no se hubiera cruzado la música. De cría, soñaba con escribir en New Musical Express”). Otra cosa son las actuaciones en directo, a las que no regresa: “Ya no tengo aquel deseo de viajar con una banda que de joven me permitía superar mi miedo escénico. Ahora no soy capaz. Y tampoco lo necesito”.