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68 por la tangente

En Francia, las conmemoraciones institucionales han adoptado un perfil deliberadamente bajo para esquivar un delicado debate ideológico

En octubre pasado, Emmanuel Macron prometió una gran celebración de alcance internacional para conmemorar el Mayo del 68 en su 50º aniversario. Semanas después,el presidente francés decidió interrumpir abruptamente los preparativos, a los que habría estado asociado Daniel Cohn-Bendit, según el diario L’Opinion. Macron entendió que se trataba de una operación delicada a nivel político, a causa de la ofensiva ideológica impulsada por la derecha de Nicolas Sarkozy hace una década y reanimada ahora por su actual jefe de filas, Laurent Wauquiez, que aspira a liquidar la herencia del 68.Ese recelo repentino respecto a una conmemoración desmedida de este aniversario se ha infiltrado también en los museos franceses, donde las exposiciones destinadas a evocar esta “falsa revolución que lo cambió todo”, en palabras de Bernard Guetta, se distinguen por su perfil modesto y algo tangencial.

En la Biblioteca Nacional de Francia, una muestra titulada Iconos de Mayo del 68 examina la memoria visual de los acontecimientos a partir de 200 fotografías de prensa, que permiten observar el tratamiento mediático de los hechos. Por ejemplo, se analiza el uso del blanco y negro, algo extemporáneo en una década en que las revistas de actualidad ya utilizaban profusamente el color. Reproducir las imágenes en monocromo permitía conectar esos hechos con el pasado y convertirlos así en historia instantánea.La muestra también analiza la intrahistoria de las dos fotografías más célebres del Mayo francés: la de Dany el Rojo desafiando a un antidisturbios con la mirada, que firmó por Gilles Caron, y la llamada Marianne del 68, disparada por Jean-Pierre Rey.

En realidad, ninguna de las dos fueron usadas por los medios de la época, sino que reemergieron durante el 10º aniversario de los hechos gracias a una prensa sedienta de imágenes rotunda se iconos identificables. Mientras tanto, en la Academia de Bellas Artes se expone Imágenes en lucha, que propone un recorrido por la cultura visual de la extrema izquierda entre 1968y 1974. El escenario es idóneo, ya que fue ocupado por estudiantes y maestros durante la revuelta. Asociados a reconocidos artistas, fundaron el llamado Atelier Populaire, que creó pósters gratuitos para apoyar a los participantes en la huelga. La exposición arranca con un mosaico de esos afiches, memorable alianza de grafismo y política, y después se centra en la influencia que esos códigos visuales tuvieron en la producción artística de la década posterior, a través de la obra de nombres como Eduardo Arroyo, Gérard Fromanger o Annette Messager. A lo largo de la década posterior,la ilusión de una creación artística colectiva y anónima se desvanece y vuelve a dejar lugar a un genio individual y neorromántico.Otras instituciones parisinas se suman a la conmemoración.

Los Archivos Nacionales acaban de inaugurar una muestra documental,que permite examinar los hechos desde el punto de vista, poco explorado hasta la fecha, de las autoridades francesas. Mientras tanto, el Centro Pompidou y el Palais de Tokyo adoptarán un perfil bajo. El primero organiza, desde la semana pasada,una serie de debates en un simulacro de aula universitaria construido para la ocasión. El segundo, que suele exponer el último arte contemporáneo, se ha limitado a encargar un mural conmemorativo al artista urbano español Escif. Por su parte, la Cinemateca Francesa dedica una exposición a Chris Marker, uno de los directores que mejor digirió y proyectó el legado de la revuelta, mientras que la Cité de l’Architecture reflejará, a partir de mediados de mayo,cuál fue la influencia del 68 en la construcción y el urbanismo de los años posteriores.Pese a la multiplicidad de actos y exposiciones, prevalece una sensación de insuficiencia. ¿No ha faltado una muestra más extensa y ambiciosa que proponga una nueva lectura e interpretación de los hechos? “No lo creo. Estamos saliendo de la historia cultural del 68 para abrazar una historia política. Por fin dejamos atrás el folclore que primó hasta la década pasada”, explica el historiador Philippe Artières, responsable de la exposición en la Academia de Bellas Artes junto a Éric de Chassey. Para este comisario, Francia ha entrado en una fase de análisis más objetiva y menos sentimental. Eso explicaría la frialdad clínica y la segmentación temática que está caracterizando a esta celebración: el 68 ha dejado de ser un fetiche nacional para convertirse en objeto colocado bajo el microscopio.