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Una brisa ligera (y otros aires de abril)

Carol López dirige 'El sistema solar', una comedia agridulce de la dramaturga peruana Mariana de Althaus, en la que destacan Nausicaa Bonnín, Aina Clotet y Guillermo Toledo

Un momento de la representación de 'El sistema solar', de Mariana de Althaus.
Un momento de la representación de 'El sistema solar', de Mariana de Althaus.kiko piñol

En estos días ásperos y erizados (o meses tirando a lustro) se agradece muy mucho una brisa de humor, cualquier momento de ligereza. Y aunque no fueran días como estos: desde siempre suelo preferir una comedia antes que un drama tremebundo. Me alegra que la joven dramaturga peruana Mariana de Althaus, que cuenta con una quincena de obras a sus espaldas, haya optado por la clave del humor agridulce para El sistema solar, que estrenó en 2012 y está siendo un éxito en el Lliure de Gràcia, donde prorrogan hasta el 22 de abril. Como todas las familias disfuncionales se parecen, he de decir, de entrada, que tuve la sensación de que la función me resultaba un tanto vista, aunque la simpatía acababa ganando la partida. A la mirada comprensiva y afable de la autora hay que sumar un doble acierto: la elección de Carol López para la puesta en escena y el estupendo reparto, que sirve la partitura sin una nota falsa, con una gran naturalidad.

También es buena cosa que El sistema solar dure apenas hora y cuarto. Es la medida ideal de la directora, tanto para sus propias obras como para la mayoría de las ajenas, desde En defensa de los mosquitos albinos, de Mercè Sarrias (TNC, 2007), hasta la reciente Sunday morning, que López presentó en la Flyhard hará dos temporadas, y califiqué de “juguete levísimo, lleno de encanto”, donde brillaba, como aquí, la fenomenal Nausicaa Bonnín.

El tono de El sistema solar está muy bien modulado: evita por igual que la historia derrape hacia el melodrama o fatigue por sobredosis de acontecimientos, que hubiera rozado lo inverosímil (y que es, a mi entender, el gran peligro del texto de Althaus).

Durante una comida navideña y presuntamente reconciliatoria vamos a conocer a la familia Solar, que tiene “más secretos que dinero”, como decía Susan Harris en Enredo. Secretos para el público, y secretos que los propios personajes irán descubriendo a medida que avance el reencuentro. El primer hallazgo del reparto es Guillermo Toledo, al que aplaudí en el mismo Lliure, en 2012, protagonizando El montaplatos, de Pinter, con su cofrade Alberto Sanjuán, a las órdenes de Andrés Lima. Toledo tiene un talento nato para la comedia y sabe imprimir al patriarca Leonardo, que le ha levantado la novia a su hijo, una acertadísima mezcla de madurez elegante y golferío adolescente. Parece estar improvisando, pero su personaje crece frase a frase.

El tono está muy bien modulado: evita que la historia derrape hacia el melodrama o fatigue por sobredosis de acontecimientos

La novia, Paula, es Nausicaa Bonnín. Me encantó su trabajo porque es el personaje más difícil, sin apenas “efectos” humorísticos pero clavándolos, sin el menor subrayado, cuando toca. Una lección de sobriedad y matices.

Aina Clotet, a la que Carol López sirvió un papel en bandeja en Germanes hace ya 10 años, está igual que entonces: pura gracia, pura frescura. Aquí encarna a Edurne, la hija ultraneurótica, a primera vista una máquina de meter patas, pero con un trasfondo doloroso muy bien destilado. Y, por cierto, se pega un trastazo que ni en los mejores días del cine mudo. Marc Clotet, hermano de Aina, es también su hermano en la ficción, Pavel, otro personaje difícil: viudo, hosco, cargado de resentimiento y padre de Puli, un crío de ocho años, imaginativo, más listo que el hambre y sin un átomo de blandenguería, que alternan Joel Bramona y Jaume Solà. Solo eché de menos saber más de la esposa muerta, ya que al final conocemos la verdad sobre otro ausente: el abuelo. Vaya un doble aplauso para el vestuario y la escenografía de Jose Novoa (que arma una imagen preciosa: el cielo estrellado de la noche navideña), y tampoco olvido el regalo de Something Stupid, que cocinó Carson Parks para Frank y Nancy Sinatra, y que aquí cierra a coro la función, dejando un delicioso sabor de boca. No cuesta augurar una exitosa gira para El sistema solar.

A vuelapluma, algunas funciones que no conviene perderse. Cuando aparezcan estas líneas, en Barcelona ya se habrán estrenado elÈdip dirigido por Broggi en el Romea, con Julio Manrique y Mercè Pons; Que rebentin els actors, del uruguayo Gabriel Calderón, con Imma Colomer, Bruna Cusí y Lina Lambert, entre otros, en el TNC, y estará al caer la Medea de Pasqual, con Emma Vilarasau y Andreu Benito, en el Lliure de Montjuïc. En Madrid, El concierto de San Ovidio, de Buero, en el María Guerrero, con José Luis Alcobendas y Alberto Iglesias al frente de un amplio elenco, a las órdenes de Mario Gas; Los días de la nieve, de Alberto Conejero, con Rosario Pardo, en el Teatro del Barrio (sábados y domingos); la esperadísima Elvira, versión italiana de Elvire Jouvet 40, de Brigitte Jaques, protagonizada y dirigida por el gran Toni Servillo, en el Pavón (solo tres días, del 19 al 21), y también en la misma sala, desde el 25, Ilusiones, de Ivan Viripaev, la nueva puesta de Miguel del Arco, encabezada por Marta Etura y Daniel Grao.

‘El sistema solar’, de Mariana de Althaus. Teatre Lliure de Gràcia (Barcelona). Dirección: Carol López. Intérpretes: Nausicaa Bonnín, Joel Bramona/Jaume Solà, Aina Clotet, Marc Clotet, Guillermo Toledo. Hasta el 22 abril.

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