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EP Musical BLOGS Por FERNANDO NAVARRO

El himno con letra de Marta Sánchez y la sordera nacional

Mientras los políticos alardean sin conocimiento España no debería tener problemas en encontrar un himno nacional cantado en su rico legado musical

Camarón de la Isla, a la izquierda, y Paco de Lucía en una imagen de archivo.

Vivimos en un país excesivamente sordo. Nada nuevo si no fuera porque ahora nuestros políticos hacen bandera de su sordera musical, en un torpe intento de captar votos allí donde ni siquiera saben cómo son las cosas. Si no teníamos suficiente con ver en días pasados a Iñigo Errejón y otros líderes destacados de Podemos comentar entusiasmados por Twitter Operación Triunfo, sin pararse a reflexionar por un segundo estos supuestos pensadores de la transformación política, social y cultural del uso de la televisión pública con este programa multimillonario en manos privadas, ahora Mariano Rajoy y Albert Rivera alardean de la letra que Marta Sánchez ha puesto al himno español. Esto es ya el hundimiento.

España sorda, pero también un país donde el simple y machacón ruido de la pandereta se hace pasar por sonido de violines. Sucede cuando en su cuenta personal de Twitter dice el presidente del Gobierno, el mismo que reconoció hace unas semanas no haber visto ninguna de las películas candidatas a los Goya, que la inmensa mayoría de los españoles nos sentimos representados por el himno español cantado por Marta Sánchez. Algo que también comenta el líder de Ciudadanos, que asegura que la que fuera miembro de Olé Olé es “valiente” por poner esa horrorosa letra a nuestra marcha real. Valiente es llegar a pensarlo.

Al final, será verdad: Spain is different. Nuestro himno no posee letra oficial, convirtiéndolo en uno de los cuatro únicos himnos nacionales del mundo en esta situación junto con los de San Marino, Bosnia y Herzegovina y Kosovo. Ahí estamos, con otras potencias mundiales, encabezando por antigüedad esta clasificación. Casi conviene alegrarse: así no siempre vamos a ser los últimos, como en Eurovisión.

Ha habido varios intentos de ponerle letra al himno. La última y más famosa fue en 2007 cuando Joaquín Sabina recogió la propuesta del Comité Olímpico Español (COE). La revista Interviú publicó los dos borradores del músico bajo el epígrafe Anteproyectos de letra para el himno nacional (con perdón). En ellos, Sabina hablaba de “ciudadanos” y “libertad”, y lo que parecía que podía ser algo que nos representase a todos se quedó por el camino.

No soy muy de himnos institucionales, pero siempre he pensado que nuestra marcha granadera, restablecida oficialmente por Franco tras la Guerra Civil en detrimento del Himno de Riego, no es una buena opción. Si España fuera un país que, parafraseando a Rajoy, “la inmensa mayoría de los españoles” respetase y amase su música, no tendría problemas en encontrar un himno nacional en su rico legado.

Si hubiese que elegir un himno sin letra, tal y como sucede ahora, me decantaría por Entre dos aguas de Paco de Lucía, nuestro guitarrista más universal, embajador de la guitarra española por el mundo. Pocas cosas más nuestras que la rumba. Publicada en 1975, Entre dos aguas es una rumba con un aroma embriagador, nacida en el albor de una sociedad democrática conciliadora. Su sonido hipnótico, entre alegre y desenfadado, capta el amor por la vida. Sucede igual con otra rumba que debería ser a mi juicio el himno español: Volando voy. Un canto pletórico y luminoso, como un día soleado.

Compuesta por Kiko Veneno, uno de nuestros mejores creadores musicales, esta canción es uno de nuestros grandes himnos populares, un himno de aquellos que representan a la gente corriente porque están cantados por gente corriente para gente corriente. Aquello que decía el historiador Eric Hobsbawm de “hacer historia desde abajo”, cuando no son el Estado ni las élites poderosas las que toman decisiones o protagonizan el proceso social o cultural sino que lo es la gente corriente como factor determinante. En este sentido, la música popular lo es cuando llega a la psicología y el corazón de las personas más directamente y mejor que lo impuesto por los de arriba. ¿Quién en su sano juicio iba a querer aprenderse la letra de Marta Sánchez, cantada a destiempo en esa marcha con pinta de obertura, cuando se puede cantar a pulmón abierto Volando voy?

Volando voy llega a todo el mundo y lo tiene todo. Fue cantada por primera vez por Camarón de la Isla en 1979 en La leyenda del tiempo, un disco que cuenta con las guitarras flamencas de Tomatito y Raimundo Amador y el espíritu planeando de Federico García Lorca. Con la pauta del bajo eléctrico, se recrea en los adornos de flauta de Jorge Pardo, otro de nuestros músicos más internacionales y premio Nacional de Músicas Actuales. Y la letra de la canción nos representa en su actitud filosófica de vivir el momento mientras el estribillo —“Volando voy, volando vengo, por el camino yo me entretengo”— lo conocen hasta en China. Es una opción de himno, como podrían ser otras, y como podría ser uno nuevo creado bajo nuestras señas de identidad.

Pero Spain is different. Sin letra en el himno y sin memoria ni respeto musicales. Los líderes políticos entregados al ruido de la pandereta mientras Kiko Veneno se pelea con SGAE por sus derechos de autor y ninguna institución (tampoco nuestra televisión pública convertida en canal publicitario de OT) homenajeó el año pasado como se merecía a Camarón de la Isla en el 25º aniversario de su muerte. Tampoco ha sucedido con otros aniversarios de Enrique Morente, Paco de Lucía o Enrique Urquijo. Pero a quién le importa esta gente y estas canciones en un país que puede llegar a celebrar el himno cantado de Marta Sánchez. Berlanga —del que tampoco se acuerdan— titularía la película como Sordera nacional.

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