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BLOGS Coordinado por JUAN CARLOS GALINDO

Bill Hodges: gran personaje de la novela negra creado por Stephen King

El maestro del suspense dedica una trilogía a este policía retirado y homenajea con grandes dosis de acción a lo mejor del género

Detalle de la portada de Mr. Mercedes.
Detalle de la portada de Mr. Mercedes.

Es bien conocida la capacidad de Stephen King para el trabajo sin descanso y para crear una gran obra narrativa que, con sus altibajos, está entre lo mejor de la ficción contemporánea. De sus 54 novelas en este blog nos interesa la trilogía de Bill Hodges. Por distintas razones, la incursión de King en el género policial en estado puro (muchos de sus libros lindan con la novela negra, de misterio, enigma, thriller y demás) me ha gustado, enganchado, sorprendido. 

Nos encontramos al bueno de Bill Hodges en Mr Mercedes tras jubilarse. Echa de menos el trabajo, está alcoholizado, deprimido, coqueteando con el suicidio, y muy gordo. Desde la primera página vemos la maestría de King, sabemos que está en un terreno que controla, nos dejamos llevar por la vida de Hodges, por sus ganas de volver a ser algo, a vivir, por su deseo de acabar con Brady.

¿Quién es Brady? El enemigo perfecto sin ser un psicópata de libro. Un tipo muy listo que consiguió matar a un grupo de personas que esperaban para entrar a una feria de trabajo montado en un Mercedes, darse a la fuga y borrarse del mapa. Brady es el némesis de Hodges y un malo con todas las letras, que tiene un trabajo de mierda para pasar desapercibido, que está obsesionado con su madre. De mente rápida y lengua viperina, en sus pocos contactos sociales Brady sabe ocultar su perfil asesino, que no termina con el atropello y llega a su fascinación por el suicidio, de otros claro. Brady es atractivo hasta cuando no puede moverse (y no diré más porque sigo intentando este difícil malabarismo de contar tres novelas sin destripar nada). 

Sin embargo, en la segunda entrega, Quien pierde paga, se permite el lujo de dejarlo en stand by y sacarse de la manga a Morris Bellamy, un triste letraherido al que le falta un tornillo, un malo desesperado y triste, un tipo capaz de cualquier cosa por una obsesión literaria. 

King se atreve con un detective al que presenta como alguien acabado y con fecha de caducidad, al que rodea de grandes secundarios (Holly, la neurótica que llega a ser su ayudante, amiga y confidente es el mejor ejemplo, aunque no hay que olvidar a Jerome, su joven amigo negro) al que sabe dar vida con una prodigiosa mezcla de originalidad y respeto por los cánones del género. 

Hodges ama investigar y King ama contarnos bien las cosas, con lo que las novelas tienen algo también de buen procedimental. En Fin de guardia sabemos que nos acercamos al final de la trilogía y del personaje en sí. Es en la que peor funciona ese ritmo mágico que le da King a las novelas cuando todo le sale bien, pero tiene esa parte de fin de ciclo, ese tono crepuscular que la convierte en un gran final para una gran trilogía. 

King realiza varios alardes narrativos a lo largo de la serie (empieza la segunda novela en el mismo sitio en el que empezó la primera y tarda muchas páginas en enseñar a su protagonista), tiene aciertos premonitorios que asustan y otras virtudes, pero sin ese gran personaje y ese grupo de secundarios no habría escrito un gran capítulo de la historia reciente de la novela negra.