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Vikingos sin fronteras

La quinta temporada de 'Vikingos' lleva a sus protagonistas a Islandia y el Mediterráneo mientras la sexta rueda en Irlanda su llegada a Rusia

Alex Høgh Andersen como Ivar en la quinta temporada de 'Vikingos'.

En los estudios irlandeses de Ashford, a 45 kilómetros al sur de Dublín, los vikingos son siempre bienvenidos desde hace cinco años excepto el día de la visita de un grupo de periodistas de medios internacionales entre los que se incluye EL PAÍS. Irlanda acaba de quedarse sin su pase al Mundial de fútbol de Rusia del próximo verano tras ser goleada en su propia casa por Dinamarca. “Si hay algún periodista nórdico en el grupo, por allí está la puerta de salida”, dice el productor Keith Thompson a modo de bienvenida a una visita al rodaje de Vikingos. Es la primera broma al respecto, pero no la última.

Los estudios fueron construidos en medio de la verde campiña irlandesa hace poco más de un lustro con la idea de ayudar a salvar a su industria audiovisual tras la salida de varias producciones inglesas que volvieron a su país por la mejora de las condiciones fiscales. Desde su inauguración, el rodaje de la serie del canal Historia (en España TNT estrena la quinta temporada hoy 6 de diciembre a las 22.30) ha ocupado en exclusiva los estudios, dando trabajo a unas 700 personas al año entre actores, técnicos, especialistas, contables, y extras. Tiene tres grandes estudios interiores de hasta 12 metros de altura, el mayor de ellos de 2.787 metros cuadrados, donde se recrean al detalle, principalmente en madera y falsa piedra, los interiores de las casas, templos y castillos que aparecen en la serie.

En el exterior, además de una gran piscina para rodar escenas marítimas y de tormenta, se encuentra la mayor pantalla al aire libre de croma (fondo verde utilizado para insertar de forma digital un decorado diferente) de Europa fuera de Inglaterra. Paseando dos minutos, el visitante se encuentra con la realista recreación de un poblado vikingo, Kattegat en la ficción, una muralla de madera sobre una colina y la última construcción, que no se verá en la serie hasta el estreno de la sexta entrega dentro de un año, que recrea el palacio ruso del príncipe Oleg el Profeta en Kiev. En los alrededores hay muchas posibilidades para rodar los exteriores: bosques, ríos, un lago que con ayuda de los efectos visuales se puede convertir en un fiordo, playas y una cantera.

En la entrega que se estrena ahora, los vikingos visitarán lugares más allá de Inglaterra y Francia. “La temporada arranca con el comienzo de la desintegración del gran ejército pagano y de la familia de Ragnar Lodbrok en sí. Se convierte en algo mucho más ambicioso, en una serie más grande, en la que los vikingos llegan hasta el Mediterráneo e Islandia”, explica Michael Hirst, el creador de la serie y guionista de todos los capítulos. Y para recrear estos viajes, Hirst ha sacado la producción fuera de Irlanda. “Me pareció que era muy importante llevar la serie a estos sitios y hemos rodado en Islandia y Marruecos [para recrear lo que hoy es Túnez]. Me costó mucho convencer a algunas personas aquí de que por mucho que nos esforzáramos, no podíamos rodar Marruecos en el oeste de Irlanda”, bromea el productor. “Desde el principio de la serie dije que esta no es solo la historia de Ragnar, también es la de sus hijos. Sabemos que incluso estos llegaron a ser más famosos que su padre. Bjorn de hecho llegó hasta el Mediterráneo y sabemos que existió alguien llamado Ivar el Deshuesado. Quién iba a pensar que uno de los líderes vikingos más importantes y de los más crueles fue un inválido, considerando nuestra idea de lo que eran los vikingos”.

Gustaf Skarsgård como Floki en la quinta temporada de 'Vikingos'. ver fotogalería
Gustaf Skarsgård como Floki en la quinta temporada de 'Vikingos'.

La serie trata de recrear de la forma más fiel posible cómo era este pueblo sin caer en clichés. Hirst trabaja con un asesor histórico y un novelista islandés le echa una mano para entender mejor las sagas nórdicas. Pero el productor deja claro que es imposible cumplir con un rigor histórico exhaustivo, algo que a veces le echan en cara. “Una de las cosas que más busco son las que contradicen suposiciones y prejuicios. Empecé todo esto leyendo lo suficiente para creer que toda la idea que teníamos de los vikingos no era la correcta y que nuestra actitud hacia ellos fue establecida por sus enemigos, por los monjes cristianos en Francia e Inglaterra. Los vikingos no dejaban nada por escrito. Y por eso pensamos en ellos como una especie de hippies sucios que solo estaban interesados en violaciones y saqueos”, explica Hirst. “Sin tratar de ser pedagógicos con ello, porque no estoy aquí para enseñar nada a nadie, pude poner sobre el papel cosas que retan suposiciones fáciles de hacer. Sentí que era un reto escribir una serie en la que los héroes se dedicaban, en teoría, a saquear y a matar cristianos y conseguir que en EE UU esto les gustase”, culmina el productor.

De Enrique VIII a obispo guerrero

Una de las novedades de la quinta temporada es el fichaje de Jonathan Rhys-Meyers, que interpreta a un obispo cristiano guerrero llamado Heahmund. No está en el set de rodaje en el día de visita, pero Hirst habla con entusiasmo sobre él. "Queríamos encontrar un guerrero sajón que fuera el equivalente de los vikingos en términos de carisma o reputación. Mucha gente me ha dicho que había escrito a los sajones muy débiles y que los vikingos siempre parecen fieros", explica el guionista. "Mi asesor histórico me sugirió la figura de los obispos guerreros, que fueron los precursores de los templarios unos cientos de años antes. Eran genuinamente religiosos pero también luchadores. Ahí encontré a mi guerrero sajón, encontré al hombre que teóricamente podía enfrentarse a Ivar y Bjorn y a los imponentes vikingos", comenta Hirst. "Alguien me sugirió a Johnny [con el que ya había trabajado en Los Tudor, donde encarnaba a Enrique VIII], lo que fue brillante, porque él es impredecible y muy apasionado, y este obispo también. Era esa la intensidad que necesitaba", remata el productor.

Hablar con los responsables de los departamentos de vestuario, efectos, peluquería o diseño de producción es darse cuenta de que Hirst es el gran jefe y que todas las bases de sus trabajos ya están fundamentadas en el guion que este ha escrito al detalle. Los pasillos de los estudios están llenos de ristras de perchas con ropa de cuero, piel o tela envejecida que usan los extras. El cuero proviene de España e Italia, las pieles, directamente de Madrid. Cada personaje principal de la serie tiene asignado un modisto en exclusiva que trabajan bajo las órdenes de Joan Bergin (ganadora de tres Emmy por su trabajo en Los Tudor). "Cada traje o cota de malla lo duplicamos, ya que a veces, como no se rueda de forma lineal, tiene que estar manchado de sangre o roto tras una batalla y así podemos cambiárselo al actor", explica Bergin.

En los camerinos de peluquería, cientos de fotografías de diferentes trenzas, moños o barbas ocupan las paredes a modo de ejemplos. "Hemos creado tendencias en la calle y hemos inventado nuevos tipos de trenzas. A las actrices les encanta", cuenta Dee Corcoran, la jefa de peluquería. Al viajar a diferentes países en la quinta y en la sexta temporada, el estilo ha cambiado algo. "Jugamos ahora con una paleta de colores preciosa, en contraposición a la que usamos para los vikingos, que son más terrenales", comenta Corcoran.

La Rusia vikinga

Aunque la visita en Irlanda está destinada para la promoción de la quinta temporada, lo que se rueda en ese momento es la primera parte de la sexta, que no se estrenará hasta el otoño de 2018. Esa entrega estará centrada en la expansión del mundo vikingo hacia oriente. Primero a través de Rusia y luego por la ruta de la seda. "Me preguntan a menudo que cómo de preciso o cómo de auténtica es la serie, y me gustaría poder contestar que es tan preciso o auténtico como podemos llegar a hacerlo. Quería ir a Rusia, porque descubrí, y no lo sabía de antes, que Rusia fue fundada por los vikingos rus (varegos) y que su base estaba en Kiev", explica el guionista Michael Hirst. "Y creo que los rusos tiene problemas con ello porque quieren pensar que son una raza eslávica y no occidental, pero aún así el príncipe Oleg el profeta y los demás eran algo básicamente demasiado bueno como para no sacarlos en la serie", concluye.

Fuera del edificio principal se encuentra la caseta donde elaboran los efectos especiales prácticos. Allí, sobre las mesas, hay cabezas cercenadas, supuestos animales muertos, y un enorme cocodrilo de escayola que están construyendo para una crucial escena de la sexta temporada y sobre el que no pueden contar nada más. Allí, Tom McInerney se dedica a elaborar litros y litros de sangre falsa. Vikingos, cuenta el especialista, es una de la series que más batallas rueda y en la que más sangre se usa. "Hemos conseguido una fórmula de sangre falsa que permite quitarse con facilidad incluso de la ropa. En el departamento de vestuario están encantados con nosotros", explica McInerney. También han perfeccionado un método para simular tatuajes en la piel de los vikingos que tiene una fácil aplicación y posterior limpieza y que ha permitido ahorrar mucho tiempo en maquillaje. Para elaborar todos los efectos prácticos, por muy complejos que sean, el equipo cuenta con 12 días por episodio como máximo.

El equipo de diseño de producción tiene una sala llena de dibujos y maquetas de edificios rusos y barcos vikingos. Se mire a donde se mire se ve cómo trabajan al detalle. Para la quinta temporada tuvieron que empollarse cómo sería un asentamiento rudimentario en Islandia o una mezquita de aquella época. Y viajar tanto al norte como a Marruecos (estuvieron a punto de ir a Almería) para desarrollar su labor con equipos de esos países. Pero para la sexta, que preparan ahora, no irán a rodar a Rusia. "No vamos ni al Mundial, ¿quién es danés?", incide en la broma futbolística el jefe de diseño de producción Mark Geraghty con un fuerte acento irlandés. Lo dice muy serio, con mirada de vikingo retador. Nadie se atreve a decir nada hasta que ríe, con mirada de vikingo deseoso de celebrar lo que sea, aunque sea una derrota.

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