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¿Son las Corridas Generales de Bilbao la tercera feria taurina de España?

Hoy por hoy, no hay figura -en activo- ni ganadería brava que llenen una plaza de toros

Plaza de toros de Bilbao.
Plaza de toros de Bilbao.

¿Son las Corridas Generales de Bilbao la tercera feria de España? La tercera, la primera o la décima… Elija usted mismo la opción que más le apetezca. Qué más da si padece la misma enfermedad que Madrid o Sevilla, que, teóricamente, ocuparían los dos primeros puestos.

Digamos que las tres ferias han sido importantes, muy importantes, en la historia del toreo, y hoy atraviesan una etapa oscura en la que se ven abandonadas por los aficionados, sufren la monotonía e imposición de las figuras y la decadencia preocupante del toro.

El problema no es que no se llene la plaza de Bilbao; el problema es que el cartel de ‘no hay billetes’ se está apolillando en la inmensa mayoría de las ciudades que hace pocos años gozaban de una aparente salud taurina de hierro.

El famoso toro de Bilbao, con trapío y cornamenta, no sirve si solo luce fachada

Hace una década era impensable conseguir un abono para San Isidro; hoy, están a punto de regalarlos y, aun así, quedan muchos en las taquillas. Un lleno hasta la bandera en la feria más importante del mundo es noticia sobresaliente: ocho tardes de ‘no hay billetes’, en Madrid, en 32 festejos en este 2017 es un dato tan esclarecedor como alarmante.

Algo parecido sucedió en la Feria de Abril de Sevilla; cuesta un mundo llenar la plaza de la Maestranza, cuna y madre del toreo, donde la fiesta alcanza toda su plenitud.

¿Quién se puede sorprender, entonces, de que en Bilbao destaquen cada tarde los unipersonales y cómodos asientos sobre el número de espectadores? Bilbao es una ciudad que goza de un palpitante ambiente taurino antes y después del festejo anunciado. Se podría decir, a riesgo de caer en el tópico, que Bilbao ‘vive la fiesta’ con multitud de actos y tertulias, y el empuje fundamental del relevante Club Cocherito.

Román, uno de los triunfadores de la feria, ante un miura.
Román, uno de los triunfadores de la feria, ante un miura.

Pero la gente no va a los toros… O acude, pero no en la proporción deseada.

¿Por qué?

Al margen de los aciertos y errores de la Junta Administrativa que rige la plaza de Vista Alegre, la fiesta de los toros sufre, en primer lugar, la creciente destaurinización de la sociedad española, motivo fundamental por el que numerosas empresas han decidido abandonar los abonos con los que agasajaban a sus proveedores y clientes, y muchos ocasionales espectadores se han alejado de un espectáculo que ya no es políticamente correcto. Parecerá una exageración, pero la retirada de estas ‘prebendas empresariales’ se ha notado, y mucho, en Sevilla, Madrid y, ahora, Bilbao.

Pero hay más…

Si los toreros rechazan que se politice la fiesta, que no la politicen ellos con brindis patrióticos ni banderillas de colores

El famoso toro de Bilbao, con su trapío y su cornamenta, no sirve si solo luce fachada. Solo una corrida, la de Torrestrella, derrochó casta este año en la oscura arena bilbaína, y así no hay ánimo que se mantenga. El aficionado es paciente, pero también se cansa. Sobre todo, cuando las figuras se empeñan en elegir a dedo sus ganaderías y toros al margen de criterios ajenos.

Y lo que es peor… Estas figuras (El Juli y Talavante, por ejemplo) no dan la talla con lo más selecto -para ellos- del campo ganadero. Hubo una excepción, eso sí, que se llama Enrique Ponce, experto enfermero de toros en fase terminal que, en esta ocasión demostró sus dotes como reconocido doctor veterano e inteligente.

Y no se olvide que, hoy por hoy, no hay figura -en activo- ni ganadería que llenen una plaza de toros en este país.

En resumen, que entre toros descastados, mansones, sosos y blandos, como ha sido la mayoría de los que han salido en esta feria, y toreros monótonos e incapaces de emocionar ante animales selectos, los espectadores se aburren. Y no hay mejor aliado del abandono que el aburrimiento.

¡Y el prestigio…!

El crédito solo se mantiene con la exigencia. Pero resulta que a medida que las plazas las ocupan más espectadores que aficionados, se diluye la ortodoxia, se olvida la historia y se impone el triunfalismo.

La tradicional seriedad de Bilbao se ha visto sorprendida este año por un público mayoritariamente festivo y en extremo generoso que ha olvidado con excesiva frecuencia el acatamiento a los cánones y ha regalado trofeos impensables a juicio de cualquier aficionado sin pretensiones. Y lo que es más grave: ha contagiado, -o presionado en exceso-, a un buen presidente que parece haber claudicado a los deseos de unos tendidos jaraneros.

En fin, que el problema de Bilbao, como el de tantas otras plazas, es el atractivo del espectáculo que se ofrece, el toro que no solo luzca trapío -cuando lo luce-, toreros con interés y garra, y búsqueda de nuevas formas publicitarias, a sabiendas de que la fiesta de los toros nunca volverá a ser lo que ha sido.

Y el caso de las banderillas con los colores de la bandera española…

Antonio Ferrera se afligió ante los pitos y prefirió que ganaran los reventadores; por su parte, Ponce, Cayetano y Ginés Marín se erigieron en patriotas y brindaron a Don Juan Carlos por la unidad de España (el primero), contra el terrorismo (el segundo), y con un ¡viva España!, el tercero. Cayetano, además, se dio el gustazo de que a su primer toro lo banderillearan con los colores de la bandera. Pues, muy bien. Cada cual es libre.

Pero si los toreros rechazan que se politice la fiesta de los toros, que no la politicen ellos. Los toreros deben hablar con la espada y la muleta.

Por cierto, qué más da si las Corridas Generales son la tercera, la primera o la décima feria de España. El verdadero problema es el toreo, no Bilbao…

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