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La atención en las enfermerías, punto débil de la admirada Francia taurina

La normativa sanitaria y quirúrgica española es más prolija y exigente que la francesa

Paseíllo en la plaza de toros de Arles.
Paseíllo en la plaza de toros de Arles.

La muy prestigiosa Francia taurina, admirada por la organización del espectáculo y la búsqueda constante de la autenticidad del toro, tiene un serio talón de Aquiles: las enfermerías.

Allí no existe la costumbre de que se intervenga al torero herido en las instalaciones sanitarias de la plaza, y se opta por la estabilización del paciente y su traslado al hospital más cercano. Pero "por muy rápido que sea un traslado, puede suponer la vida de una persona". El autor de la frase entrecomillada es Máximo García Padrós, cirujano jefe de Las Ventas, quien la pronunció en el programa de TVE Tendido Cero, el pasado 24 de junio.

Este blog no pretende reabrir un debate tras el reciente fallecimiento de Iván Fandiño en la plaza francesa de Aire Sur l’Adour o la gravísima cornada sufrida el pasado 2 de julio por el francés Tomás Cerqueira en la localidad de Mauguio. Cerrada queda la impecable actuación de los equipos médicos.

‘Por muy rápido que sea un traslado, puede suponer la vida de una persona’, afirma el doctor Máximo García Padrós

El problema es otro: ¿es correcto, en pleno siglo XXI, el trato que reciben los toreros heridos en Francia? ¿Se puede afirmar que los festejos taurinos se celebran con todas las garantías sanitarias posibles? ¿Cuál es la normativa sanitaria vigente en el país vecino? ¿No será más cierto que Francia dedica toda su atención a la defensa de la fiesta, a la organización del espectáculo y al protagonismo de toro y no se ha preocupado de la dotación de las enfermerías porque nunca ha ocurrido nada realmente grave?

Una aproximación a la realidad sería la siguiente:

Los toros están prohibidos en Francia desde 1850, y un siglo después, en 1951, se modificó el Código Penal y permitió la celebración de festejos taurinos allí donde exista una tradición local ininterrumpida.

Desde entonces, los toros en Francia no dependen de ningún organismo oficial; el Estado permite la celebración y delega toda su responsabilidad en los Ayuntamientos, entidades de las que depende el orden público en la localidad. En consecuencia, en Francia no existe un Reglamento Taurino como en España.

De todos modos, en 1965, el alcalde de Arles propuso la creación de una asociación de ciudades taurinas de Francia a raíz del escándalo organizado por la deficiente presentación del ganado en varias corridas. Así, al año siguiente, nació la Unión des Villes Taurines de Francia (UVTF), presidida actualmente por el alcalde de Bayona, Jean René Etchegaray.

Esta asociación incluye a la mayoría de las ciudades francesas en las que se celebran festejos: Aignan, Air Sur l’Adour, Alés, Arles, Bayona, Beaucaire, Béziers, Boujan Sur Libron, Bourg Madame, La Brede, Captieux, Carcassonne, Céret, Chateaurenard, Dax, Eauze, Fourques, Frejus, Gamarde Les Bains, Garlin, Le Grau du Roi, Hagetmau, Istres, Lattes, Le Houga, Lunel, Magescq, Mauguio, Millas, Mimizan, Mont de Marsan, Mugron, Orthez, Palavas les Flots, Parentis en Born, Perols, Rieumes, Rion des Landes, Roquefort, Saint Guilles, Saint Martin de Crau, Saint Perdon, Saint Sever, Saint Vicent de Tyrosse, Saintes Maries de la Mer, Tarascon, Vauvert y Vic Fezensac. En total, 48 ciudades.

Y aún quedan 10  que no pertenecen a la UVTF: Aramon, Aimargues, Bellegardes, Bougue, Gimont, Floirac, Mejanes, Nimes, Soustons y Villeneuve de Marsan.

Un instante de la cogida mortal de Iván Fandiño.
Un instante de la cogida mortal de Iván Fandiño.

La UVTF decidió redactar un reglamento taurino interno, vigente desde 1972, que es un calco de la normativa nacional española en todo lo referente al desarrollo de la corrida (los tres tercios, edad y peso de los toros, etcétera), pero contiene particularidades específicas y diferenciadas en lo relativo a la verificación de las astas, el tercio de varas, la lucha contra el fraude, y las enfermerías.

Cada Ayuntamiento convierte ese reglamento en decreto municipal con motivo de la celebración de festejos, porque, al contrario de lo que sucede en España, los espectáculos taurinos en Francia dependen en exclusiva de los gobiernos locales, ante la inexistencia de un órgano oficial de superior rango.

La norma de la UVTF, de obligado cumplimiento para las ciudades que pertenecen a la asociación, establece, en primer lugar, tres categorías para las plazas de toros: la primera clase la integran Arles, Bayona, Béziers, Dax, Mont de Marsan, Nimes, que está fuera de la UVTF, y Vic Fezensac; plaza de segunda es Céret, y el resto son de tercera.

Siete artículos —del 11 al 17— están dedicados en exclusiva a las enfermerías, y sus preceptos fundamentales son los siguientes:

- Los medios mínimos deben ser los mismos cualquiera que sea la categoría de la plaza.

- La enfermería de cualquier plaza consistirá en una habitación limpia y bien iluminada, equipada con una toma de agua, con acceso directo al callejón y salida al exterior. Si no hay enfermería, debe contar con un quirófano móvil.

La tradición francesa, al contrario que la española, opta por estabilizar al torero herido en la plaza y trasladarlo al centro sanitario más cercano

- La instalación estará equipada con el equipo necesario para la práctica de la cirugía de emergencia específica para las corridas de toros, y enumera el siguiente instrumental: dos cajas de cirugía general con la necesidad de realizar una pinza vascular, material de anestesia e intubación, como oxígeno, aspiración y la capacidad de hacer transfusiones.

- El equipo médico estará presidido por un cirujano que elegirá a los demás miembros del equipo, que, como mínimo, deberá estar formado por un cirujano, un anestesista y dos enfermeras. El responsable puede integrar un segundo cirujano y otro anestesista.

- Antes del inicio del festejo, estará disponible una ambulancia para el transporte inmediato de los heridos al hospital designado por el médico.

La legislación española sobre las enfermerías es más prolija y exigente que la francesa. Así, el 12 de noviembre de 1997, el BOE publicó el Real Decreto 1649/1997 de 31 de octubre, por el que se regulan las instalaciones sanitarias en los espectáculos taurinos, en el que se establecen tres diferencias fundamentales:

- El personal deberá estar integrado por el jefe del equipo (un cirujano o traumatólogo), tres médicos más (dos ayudantes y un anestesista), un ayudante técnico sanitario y enfermeros auxiliares.

- En función del tipo de festejo, y según el criterio del jefe el equipo, la enfermería podrá contar con plasma y unidades de sangre.

- Todas las plazas dispondrán de una ambulancia tipo UVI móvil o similar.

La disparidad de criterios se fundamenta en dos planteamientos muy diferentes respecto a la atención a los heridos en una plaza de toros. En España, la norma no escrita es que se intervenga en las enfermerías todas las heridas que sean posibles; en el país vecino, por el contrario, el equipo médico dedica su atención prioritaria a estabilizar al paciente y proceder a su inmediato traslado al hospital más cercano.

Llegado este punto, merece la pena recordar las palabras del doctor García Padrós: "Por muy rápido que sea un traslado, puede suponer la vida de una persona".

En el caso concreto de Iván Fandiño, la plaza de Air sur l’Adour disponía de una ambulancia normal, —inservible para un caso tan grave—, pero no de una UVI móvil, y toda la labor que pudo llevar a cabo el equipo médico fue anestesiar e intubar al torero y trasladarlo al hospital de Mont de Marsan.

El torero no falleció en la plaza, sino en el centro sanitario, muchos minutos después de la cogida. Fandiño entró en la enfermería a las 19.30; hasta 20 minutos después no pareció la UVI móvil, que recorrió los 32 kilómetros que dista la ciudad de Mont de Marsan, y, una vez en el quirófano, el torero no pudo superar un segundo paro cardíaco. “Si el torero hubiera sufrido, como se ha dicho, la rotura de la vena cava, no llega a la enfermería”, añadió en TVE el cirujano de Las Ventas.

La primera conclusión es que los médicos franceses cumplen escrupulosamente con lo que dicta el reglamento y actúan de acuerdo con los escasos medios a su alcance (las enfermerías de ese país no cuentan, por ejemplo, con unidades de sangre, que deben solicitarlas si son necesarias).

La segunda es que la tauromaquia francesa no concede a la seguridad de los toreros la trascendental importancia que el asunto exige.

Y tercera: toda la atención de los aficionados ha estado y está tradicionalmente centrada en la búsqueda de la autenticidad del espectáculo, la integridad de toro, la recuperación de la suerte de varas, la lucha contra el fraude y el reconocimiento de la tauromaquia como patrimonio cultural.

La muerte de Iván Fandiño ha encendido todas las alarmas. Con toda seguridad, como han asegurado los médicos, la cornada era mortal de necesidad, pero la atención a los toreros heridos no debe seguir siendo el talón de Aquiles de una afición admirable. La memoria de Iván Fandiño así lo exige.

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