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La sombra del director

Monste Tixé: “Como regidor vives esos momentos mágicos

en los que la función parece volar”

Una de las pocas veces que he pisado escenario, Montse Tixé me dijo unas frases que nunca le agradeceré bastante: “El público, en la oscuridad, da miedo porque parece un mar nocturno: sabes que está pero no le ves. Has de vencer ese momento. Cuando el público te responda con un silencio atento o una risa te crecerás y no querrás bajar de ahí”.

Se habla poco de figuras tan importantes como los regidores y ayudantes de dirección. Montse Tixé combina ambas facetas y es una de las mejores. Ha trabajado con Mario Gas, José María Pou, Calixto Bieito, Marta Angelat, Oriol Broggi, Silvia Munt… Empezó muy joven. “A los 15 años ya me di cuenta de que lo que me gustaba era estar detrás del escenario. Formar parte de cualquier proceso creativo en el teatro”, me dice. Víctor Valverde, en La muerte de un viajante que dirigió Gas, le llamaba “la pequeña coronela”. Quiero que me cuente cosas de su trabajo. “Es un oficio de observación y de entrega. El ayudante es la sombra del director. Ha de anticiparse a todo lo que necesite para que nada interfiera en su creatividad. Y es un puente entre él y los actores, un catalizador de emociones que transmite la información artística. Trabajamos con material sensible.Es muy importante tener empatía, conocer lo que necesita cada uno y transmitirles confianza. Leí lo que decía Sanzol en tu columna y es muy cierto: el ayudante tiene algo de paño de lágrimas, de portavoz, de terapeuta. Durante los ensayos has de estar a disposición del director y de los actores. A cualquier hora”. 

¿Y el regidor?, le pregunto. “Es el encargado de mantener en alto el compromiso de todos. Hay varios tipos de regidores. El regidor de escena (o “regidor de paredes”), que está entre cajas, supervisa entradas y salidas, controla todos los movimientos actorales. Y el regidor de “tops”, que indica a los técnicos lo que han de hacer y supervisa todo por pantalla: ‘Prevenido maquinaria, prevenido memoria siete de luces, prevenido proyección…’. Nuestro lema es “servir función”. Quiere decir que siempre hay que estar al servicio del espectáculo tal y como lo ha creado el director.

Una vez se ha estrenado, me dice, el regidor es el responsable absoluto, pues, de que la función no se desvirtúe y que cada noche parezca la primera, con la misma energía y la misma ilusión. “Trabajo duro porque el horario de un regidor es full time. Eres el primero que llega y el último que se va. Duro pero apasionante. Me gusta mucho la ayudantía, pero lo mejor de ser regidor es que estás siempre con la compañía, vives todo el proceso. Ves el compañerismo, ves como va subiendo el montaje y poco a poco van todos a una, vives esos momentos mágicos en los que la función parece volar… A lo largo de ese viaje compartes muchas cosas. El mundo del teatro está formado por familias, por tribus, y tengo la suerte de haber pasado a formar parte de muchas”. Hay muchos directores, le digo, que han velado armas en tu oficio. “¡Desde luego! Es una escuela formidable. Yo también quiero dirigir”, me cuenta, “y tengo una obra muy clara, pero aún no te puedo decir su título”.

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