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Diez libros para el Año Nuevo chino

Este sábado se celebra la más importante de las fiestas tradicionales chinas

Año nuevo chino

Cuentos de Liao Zhai, de Pu Songling (Alianza, 2004)

En estos 105 relatos (una selección de los más de 400 que conforman el original), Pu Songling recrea un mundo por el que los demonios, fantasmas, animales sabios y otros seres mágicos se pasean a sus anchas, sin importunar en exceso al resto de los mortales. Y en sus narraciones aprovecha también para criticar corrosivamente el funcionamiento de las instituciones de su país, especialmente las actitudes del funcionariado chino, en los estertores del sistema feudal de finales del siglo XVII. Traducción de Laureano Ramírez Bellerín.

Jade Puro, de Li Qingzhao (Hiperión, 2014)

Así se escribía en los siglos XI y XII en China: Quedan los restos del sueño de la noche / pero espera ahuyentarlos con un vaso / de primavera líquida. Son los versos de la poeta Li Qinzhao, una de las más altas representantes de la poesía clásica china. De su obra se conserva solamente un centenar de poemas, de los cuales 60 han sido recopilados en Jade puro. La edición cuenta con una introducción y un aparato crítico que sitúan al lector en el contexto en que la poeta escribió sus versos. Traducción de Miguel Salas Díaz y Kuo Tsai Chia.

Sueño en el pabellón rojo, de Cao Xueqin (Galaxia Gutenberg, 2010)

A lo largo de los dos volúmenes de este clásico de las letras chinas, reseñado elogiosamente por Borges y con ciertas resonancias del Romeo y Julieta de Shakespeare, el lector asiste al amor trágico de Jia Baoyu y su prima Lin Daiyu, dos jóvenes que tratan de huir de las convenciones morales de su época. Y como escenario de fondo, el hundimiento de la aristocracia imperial china de la dinastía Qing. Traducción de Zhao Zhenjiang y José Antonio García Sánchez.

La fortaleza asediada, de Qian Zhongshu (Anagrama, 2009)

Esta novela, muy popular en China, narra las desventuras de un antihéroe al que su familia envía a Europa en los años treinta a estudiar un doctorado. El joven regresa a China con aires de grandeza y un diploma falso gracias al cual entra en contacto con los círculos intelectuales de Shanghai –no menos impostores que él– y acaba de profesor en una universidad poco prestigiosa. Traducción de Taciana Fisac.

El libro de un hombre solo, de Gao Xingjian (Debolsillo 2012)

El último Premio Nobel del siglo XX fue para Gao Xingjian, que además practica la pintura siguiendo las técnicas tradicionales chinas. Esta novela es un viaje por la memoria de su narrador —un claro alter ego del escritor— cuyos recuerdos se remontan a la China previa al gobierno maoísta, para después explorar los años en que el protagonista sirvió como guardia rojo, así como la etapa de su exilio occidental en Francia. Traducción de Xin Fei y José Luis Sánchez.

En el gallo de hierro, de Paul Theroux (Zeta bolsillo, 2009)

Un día de 1986, el escritor estadounidense Paul Theroux salió de la estación Victoria de Londres pensando que la manera más reposada de llegar a China era viajando tranquilamente en un tren a lo largo de Europa, la Unión Soviética y Mongolia. Todo fue más intenso y menos calmado de lo que imaginaba al principio, incluida su estancia en China, cosa que enriqueció su relato. De Mongolia a Cantón, pasando por Pekín y Shanghái, nos lleva Theroux en este reportaje literario que es al mismo tiempo una canción de amor a los trenes. Traducción de Margarita Cavandoli.

China en diez palabras, de Yu Hua (Alba, 2013)

Palabras como "pueblo", "revolución", "lider" o incluso "lectura" pueden servir como hilo del que tirar para explicar una sociedad. Eso hace el escritor chino Yu Hua en esta colección de 10 ensayos sobre su país, cada uno de ellos basado en una palabra clave. Estos 10 textos, claros herederos de los ensayos de Montaigne por su carácter encantadoramente disperso, están trufados de anécdotas y vivencias personales que ilustran la complejidad de los últimos 50 años de la historia del país oriental, con una visión algo amarga acerca del tan cacareado «milagro» chino. Traducción de Nuria Pitarque.

Diez libros para el Año Nuevo chino

China para hipocondriacos, de José Ovejero (Punto de Lectura, 2008)

Cuando un occidental viaja a China por primera vez, lo hace con una mochila a la espalda cargada de expectativas, miedos, prejuicios y fascinación. El viaje es una buena excusa para explorarlos y aprender algo, tanto sobre el nuevo país como sobre uno mismo, cosa que hizo el escritor José Ovejero cuando un buen día decidió pasar una temporada en la región china de Yunnan. Allí, además de aprender los rudimentos del mandarín en la Universidad de Nanjing, se encontró con una sociedad donde las libertades escasean y donde la religión sigue siendo un bastión importante. La narración de su experiencia le valió el premio Grandes Viajeros en 1998.

Mariposas para los muertos, de Diane Wei Lang (Siruela, 2008)

La escritora china Diane Wei Lang ha creado a una detective pekinesa, Mei Wang, para protagonizar sus novelas negras que transcurren en el Beijing actual. En El ojo de jade vimos a Wang estrenar su agencia de detectives; en esta segunda entrega de la serie, la ya experimentada investigadora lidia con el pasado y el presente de China en escenarios tan diversos como las avenidas ultramodernas pekinesas y los hutongs, esos oscuros callejones del extrarradio de la capital china. Traducción de Lola Díez.

mòh, de Minke Wang Tang (Amargord Ediciones, 2015)

La emigración china a lo largo del planeta ha dado lugar a escritores cuyo imaginario se mueve entre la cultura del país de sus ancestros y la de la nación que les acoge. Amy Tan o Lisa See son dos buenos ejemplos de narradoras chinoestadounidenses. En España, donde la población china es abundante, ya tenemos escritores como Minke Wang Tang, que llegó a España a los diez años y ha escrito en castellano su poemario mòh. Lejos del relato autoficcional que se podría esperar de escritores con una trayectoria vital como la suya, Wang sorprende por su uso plástico y lúdico de su lengua de acogida y por su imaginación insólita, cercana a la de Rimbaud, según ha señalado su prologuista, el poeta Juan Carlos Mestre.