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CRÓNICA

Carmen Linares, la artista en su madurez

La cantaora ofrece en Madrid una presentación llena de matices y detalles musicales de su disco basado en la obra de Miguel Hernández

Carmen Linares, en el Festival de las Minas, en La Unión, en 2014.
Carmen Linares, en el Festival de las Minas, en La Unión, en 2014.

Con toda una carrera en su garganta, la cantaora Carmen Linares se adentró en la poesía de Miguel Hernández hace seis años con el espectáculo Oasis Abierto. No era la primera vez que se acercaba a los poetas —Lorca y Juan Ramón estuvieron antes— y tampoco habría de ser la última: Borges y Valente llegarían después. Su acercamiento a la obra del de Orihuela no se ha detenido: ha seguido profundizando en ella hasta redondear un disco que vino a presentar en público rodeada de la casi totalidad de intervinientes en la grabación. Una presentación sobria, acorde con su trayectoria, llena de matices y detalles musicales y con un planteamiento creciente de intensidad. Nuestra dama del cante tiene estudiado cada pormenor y todo lo cubre de dignidad.

Las composiciones de Luis Pastor, aunque unas pocas del total, juegan un papel fundamental en tanto descubren un registro nuevo de la cantaora, dulce en la canción. Dos de ellas, Imagen de tu huella y la emocionante Casida del sediento se ubicaron en una primera parte de formato camerístico y tono intimista. Antes, el concierto se abría con los versos emblemáticos de Para la libertad en una creación de Pablo Suárez que transporta latente el compás de la bulería. El pianista repetiría más adelante con la música para Llegó con tres heridas. Pero, sin duda, fueron las composiciones de la propia Carmen las que terminaron por configurar el carácter del concierto, que se fue poblando de ecos y estilos flamencos a los que iba trasladando la poética hernandiana. El reto siguió inalterable: emocionar.

CARMEN LINARES. VERSO A VERSO

Cante: Carmen Linares. Piano: Pablo Suárez. Guitarras: Salvador Gutiérrez, Eduardo Pacheco. Contrabajo: Josemi Garzón. Batería: Karo Sampela. Violonchelo: José Luis López. Flauta y saxofón: Ramiro Obdeman. Baile: Vanessa Alba. Palmas y Coros: Ana María González, Rosario Amador.  Teatro Circo Price. 26 de enero de 2017.

Tras el toque en solitario de Gutiérrez, llegó el compás cadencioso de la bulería por soleá con Primavera celosa. Después, la cantaora se exigiría para decir los versos de No puedo olvidar en tiempo de seguiriya, pero dentro de la densa atmósfera que configuran piano, contrabajo y batería, de la que la rescataría la guitarra entrando con la estructura musical seguiriyera. Otros estilos se van sucediendo: soleá y bambera para Todas las casas son ojos con arreglo de Guitarra de Pacheco; petenera y taranto para la intensa recreación de Andaluces de Jaén. Con Las vendimiadoras, aires de Cádiz reunidos: mucha alegría enfilando el final del concierto. La bailaora Vanessa Alba entró como un torbellino, pero supo pararse para configurar la estética propia del estilo.

No pudo faltar el recuerdo a Enrique Morente, el primero, dentro y fuera del flamenco, en adaptar los versos de Hernández. Fue con la Elegía a Ramón Sijé y la compañía de Arcángel, idóneo para los aires levantinos del tema. Con la banda reforzada por la Camerata Flamenco Project al completo, apoteosis final con la repetición de ese himno que es Para la libertad.